Desde septiembre de 2005. Bitácora de un pirata subterráneo bogotano. Un espacio crítico con el conformismo, la mediocridad, la vulgaridad, la ignorancia, la corrupción y la inconsciencia. Bogotá en todas sus dimensiones. Bogotá marginal y oficial. Bogotá y el sexo, liberada, nocturna y viciosa. Bogotá y el mundo. Once años años de relatos de mi vida.
Cuando llegaron los europeos, los Muiscas ocupaban ésta región. La nación Muisca abarcaba los territorios de Cundinamarca y Boyacá. Los poblados muiscas estaban ubicados alrededor de las enormes lagunas que por aquel entonces irrigaban la sabana. De ello, hoy en día, sólo quedan algunos humedales.
Los Muiscas eran la cultura mas organizada y desarrollada, asentada, en aquellos tiempos, en lo que hoy se conoce como Colombia.
Esa maravillosa cultura nos legó su vivencia, encriptada en el mito.
Hace miles de años, Chibchacum, ofendido por el irrespeto de los muiscas, enfureció y desató las lluvias que inundaron la sabana habitada por ellos. Bochica, el civilizador, separó dos peñascos y liberó las aguas. Los Muiscas aprendieron de Bochica que debían vivir en armonía con la Gran Madre.
El agua se tornó su elemento sagrado y las lagunas el epicentro de sus rituales religiosos más importantes. Entendieron que las abundantes fuentes de agua de la Sabana eran un privilegio. Hoy eso se ha olvidado y la madre Tierra se encarga, de nuevo, de recordárnoslo
La Madre Tierra es superior al hombre y las torrenciales lluvias de éstos meses son el anuncio de algo que nuestros ancestros ya sabían: la Madre Tierra es un ente vivo que se reacomoda para recuperar su equilibrio, aún costa del hombre depredador. Hoy la Madre Tierra nos recuerda, a la fuerza, el respeto que le debemos como seres que vivimos en ella y de ella, como en el pasado lo vivieron los Muiscas.
La realidad gana el pulso a los escépticos, a los que creen que nuestra historia comenzó solo hace 514 años. Cuando llegaron los europeos y vieron la organización de las poblaciones Muiscas, la forma de los arados en sus cultivos, consideron que aquellas formas ignoraban toda la simetría, armonía y buen gusto de las formas aradas de sus tierras. Lo que no entendieron es que nuestros ancestros Muiscas realizaban sus arados en función de las lluvias para prevenir las inudaciones.
Les presento ésta imagen donde se pueden apreciar éstas formaciones. Está tomada de éste portal, sobre el Templo del Tiempo Muisca, ubicado en Ubaté, cerca de la laguna sagrada de Fúquene, que se desbordó hace unos días y recuperó el espacio que le habían usurpado.
Mucho habría que escribir y comentar sobre ésta semana tan agitada en Colombia. Algunas de ellas:
- La Feria del Libro, evento tan querido y especial en Bogotá que en ésta versión ha decaído notablemente, a pesar de la presencia de un autor interesante, el peruano Santiago Roncagliolo y su excelente novela, "Abril Rojo". Hay muchas historias que contar sobre nuestra entrañable Feria.
- El conejo que quieren poner los gringos con los cambios en la traduccion del TLC. Una vez mas nos damos cuenta que los gringos nunca pierden y si se trata de ganar lo hacen, aunque sea jugando sucio. Ellos cuidan sus intereses. ¿Cuando aprenderemos?.
- La propuesta de Uribe, de poner microchips a los trabajadores colombianos inmigrantes, al mejor estilo de las peliculas de ciencia ficción (Total Recall, Matrix, etc). Lo cual nos muestra detalles del verdadero rostro y el "humanismo" del presidente.
- El premio al periodista Nelson Padilla, de la revista Cromos, por su reportaje "Plan Bailes Rojos", sobre la operacion de exterminio, planeada y ejecutada por las Fuerzas Militares de Colombia, de los líderes y simpatizantes de la Unión Patriótica, cuyo último militante, el joven de 26 años Higuinio Baquero cayó asesinado en Bogotá en los últimos días, en un suceso digno de Cien Años de Soledad, cuando asesinaron a cada uno de los 17 hijos del Coronel Aureliano Buendía, que tenían una mancha en la frente (¿lo recuerdan?). (Ver nota aqui).
Higuinio, un joven de 26 años, era hijo de miembros del Partido Comunista y de la Unión Patriótica. Su abuela (si, abuela) fue concejal en un municipio del Meta, por el Partido Comunista, su padre, dirigente sindical y también miembro del mismo partido, había sido asesinado hace dos años. A Higuinio lo siguieron el 12 de abril, a medio día, luego de salir de su trabajo, en la Corporación Reiniciar, en el centro de Bogotá. Subió a un bus y pocas cuadras después fue baleado. El hombre dejó dos hijos, de 6 y 4 años y un bebe de 6 meses.
El premio pone sobre el tapete ésta operación de exterminio político, cuyos autores físicos e intelectuales aún se pasean por los pasillos del Ministerio de Defensa. El hecho de que Cromos publique un reportaje sobre ésta macabra operación es un primer paso, que al parecer se esta dando desde algunos sectores de las altas esferas, para depurar las oscuras, corruptas, ineficientes y degradadas Fuerzas Militares de Colombia.
- La entrevista que publicó la Revista Semana al banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, que deja entrever el grado de cinismo de nuestra élite económica. De seguro el banquero cree que todos los colombianos somos estúpidos para creernos la cantidad de mentiras que dice.
- Por último, jamás había tocado ese tema en éste blog, es más, jamás había escrito ese nombre (FARC) aquí (porque no quería untarme con ese tema, porque me daba pereza dolorosa, porque soy de la sociedad civil) pero tocó.
La abrumadora presencia de las Farc en los mundos subterraneos bogotanos y la abrumadora presencia de los narco paras en las altas esferas y la alta sociedad bogotana cada vez es más difícil de ocultar por los medios masivos de comunicación, adeptos al actual gobierno.
* Por un lado, me sorprendió, ahora que estuve rondando los mundos subterráneos bogotanos, la gran influencia que están ganando las FARC en los sectores marginales de nuestra población. Organizados, con una logística que ha logrado burlar los órganos de intelgencia, realizan conferencias, exhibiciones de películas (pues ahora hasta tienen productora de cine propia) y están canalizando a los sectores de la población que desde siempre han sido olvidados por las políticas gubernamentales (aquí, desde siempre, se ha gobernado para unos pocos), a los que no aparecen en la televisión, a la gente de estarto tres, de estrato dos, de estrato uno, discriminada por el arribismo y el materialismo que nos ganaron el alma.
Las FARC están educando, adoctrinando y haciendo sentir que forman parte de algo a jóvenes sin futuro. Sorprende escuchar a estas personas, enarbolando un discurso político coherente y estructurado, detrás del cual se esconde una maquinaria de guerra y muerte. La polarización del país, el exterminio político como el que se denuncia en "Baile Rojo" están creando una espiral de odio que nos va a consumir, que va a degenerar en una guerra civil.
A las FARC les conviene que gane Uribe, pues durante éste gobierno su crecimiento ha sido imparable. Poco a poco tendrán en las grandes ciudades el mismo número de militantes que tienen en el campo. Con una razón, amparados en la perdurable situación de miseria de la mayoría de la población, y un enemigo físico contra quien luchar, Uribe y sus secuaces, (y la verdad es que Uribe y sus actos están sembrando la semilla insurgente en cada colombiano jodido) es fácil reclutar gente cargada de odio y resentimiento. Las FARC son un grupo impenetrable con una mística propia del fanatismo musulmán, como lo demuestra el hecho de que luego de cuatro años de gobierno de Uribe y millonadas de dólares, con asesores gringos a bordo, no les han hecho ni cosquillas. Hay que volver sobre éste tema de nuevo.
* Por otro lado, me sorprendió aún mas la presencia abierta y sin disimulos de innumerables burbujas y narcotoyotas en la 93, de hombrecillos acompañados de esculturales mujeres, rodeados de un ejército de gorilas armados, departiendo en lugares que antes eran espacios reservados para la "gente bien colombiana". Muchos de ellos sentados a la mesa con distiguidos banqueros y corredores de bolsa quienes, con cierto gesto de repulsión, parecían obligados a departir con ellos.
Los escándalos y atrocidades que están cometiendo los paramilitares en Bogotá contra empresarios, industriales y demás, hasta ahora empiezan a salir a la luz pública. Prometo contar uno, atroz y espeluznante, que le ocurrió a uno de mis antiguo jefes, que en paz descanse (sabrán porqué).
Por último, quiero presentarles un fragmento de un libro que compré en la Feria del Libro, que me sobrecogió, creo que ya va siendo hora de que los colombianos conozcanos una realidad que, poco a poco, nos rodea, para ver cómo la enfrentamos. Publico éste parrafo, tomado, sin permiso, de la página de El Tiempo, y sin el permiso de su autor, a quien deseo conocer y solicitarle su autorización. El libro es"Ultimas noticias de la guerra", del periodista Jorge Enrique Botero.
-¿Está despierto? -Más o menos. -¿Y quiere saber lo que pasó? -Estoy mamado de oírle el mismo cuento. -Pero es verdad, ella fue la que se me arrimó. -De cualquier manera se le va hondo: el Camarada dizque está volando de la piedra. -Pues que vuele. -¿Y si le hacen un Consejo de Guerra? -No creo. Reglamento en mano, máximo me dejan sin fusil seis meses y me ponen a abrir por ahí un kilómetro de trinchera. -Se le va más hondo, güevón: la hembra es una civil. -Si, pero va a completar los tres años en esta selva. -Eso no le hace: es una civil. Una civil y una prisionera de guerra, para más veras. -Es una mujer y se me arrimó y yo le arranqué. ¿Qué quería que hiciera? -Con civiles está prohibido. En todos los cursos lo han advertido. Hace cinco años que estoy oyendo lo mismo: “Con civiles está prohibido”. -Sea lo que sea, no alcanza para Consejo de Guerra. -Allá usted si no quiere ver el tamaño de la cagada. Pero le aseguro que se le va hondo -¡Entonces que me fusilen, pues! -Baje la voz, guevón, ¿o quiere que todos se enteren? -Igual se van a enterar. Todo el mundo vio esta mañana cuando sacaron a doña Clara y a Ingrid del campamento. -Mejor duérmase que mañana va a estar áspera la vaina. Dicen que hay chulos cerquita y van a enviar una comisión a darles. ¡Quién quita que nos manden! -Hasta mañana. -Hasta mañana, papá. -¿Eso fue un chiste? -Perdón, hermanito: duérmase fresco, pero antes dígame una cosa. -¿Qué cosa? -¿Estaba buena? -No joda. -¿Cuántas veces le caletió? -Duérmase y no joda.
La luna, brillante y metálica, se apropia de la noche. Desde la caleta, bajo el abrigo del toldillo, se ve el color plateado de las hojas y se pueden percibir los ruidos misteriosos del agua que baja por el caño, y los suspiros contenidos de las parejas que hacen el amor bajo los árboles, sonidos incesantes que apaciguan el cansancio e invaden el pequeño campamento hasta extenderse por él en forma de silencio.
Rigo oprime el minúsculo botón de luz de su reloj Casio y mira los números: las veinte cero cero. Todavía faltan cuatro horas para la puta guardia. Otra vez le ha tocado el peor turno. Duerme sus cuatro horas, paga la guardia y cuando vuelve a la caleta son las dos de la mañana, así que sólo le quedan dos horas de sueño. Acerca su cuerpo al de su hermano en busca de calor y cae de nuevo, envuelto en los pensamientos que lo han acechado sin pausa: la muerte de Javier, la tristeza tranquila y altiva de los viejos, el paradero de Solangie. Pero –sobre todo- la vaina de doña Clara y lo que dijo el Camarada al enterarse.
“¡Cómo me hacen semejante hijueputada!”, dizque exclamó el Mono cuando el Gato le contó la joda.
A las cuatro y quince de la mañana se enciende en las caletas una sucesión de murmullos que recorre cada rincón de la pequeña aldea. Los guerrilleros se desperezan, se calzan las botas y, con el fusil terciado, hacen la primera formación del día.
Todavía está completamente oscuro cuando, después de susurrar en coro que “!Viva Colombia!”, marchan en fila india para situarse alrededor de su ciudadela clandestina, uno cada veinte metros, a esperar encortinados la llegada de las primeras luces…o la temida aparición del enemigo. Amanece y regresan al campamento, donde una humeante y enorme olla de café les da la bienvenida. Rigo y su hermano se sientan a la orilla de la cama. La cama es de palos y ellos maman gallo, toman café y hablan mierda mientras esperan el desayuno.
-Anoche no hice sino pensar en Javier y en los viejos, confiesa Rigo. -Yo tengo guardados esos pensamientos para cuando nos manden en comisión. Quiero estar frente a unos chulos cuando vuelva a recordar al Javi, contesta Gregorio. -También pensé en Solangie -Olvídese de esa mujer. ¡Usted si es medio masoquista! -Masoquista no, realista hermanito. Creo que nunca volveré a encontrar a una pelada como ésa.
AXEL ROSE, VETERANO Y GORDO CON LA BANDERA DE COLOMBIA AL CUELLO
Navegando por el maravilloso portal de You Tube encontré éste video del inolvidable concierto de Guns and Roses en Bogotá, en noviembre de 1992. Tuve el privilegio de ir y sólo puedo decir que fue, simplemente, increíble.
En aquellos días los Gunners eran una banda asombrosa.
Eran los sucesores de los Rollings, el nuevo aire del decaído rock clásico y metalero que tenía en el rock alternativo (por esos días en pleno auge) a su mas enconado opositor. En 1991 habían sacudido el mundo rockero con un super álbum doble: Use Your Illusion, que no paraba de producir éxitos en las emisoras.
Hasta hoy en día son la banda mas grande, y en pleno en auge, que ha pisado el delicioso altiplano bogotano. En ese año 92 estaban en la cima con canciones como: Civil War, Don´t Cry, You Could be Mine, Knockin` on Heaven`s Door, Paradise City, Welcome to the Jungle, etc.
Había que verlos en concierto y no defraudaron: su sonido era brutal, afinado y desmesurado a la vez. Una música rock de alto nivel. Esa noche una energía se desató en Bogotá, esa noche se convirtió, para una pequeña minoría, en una marca generacional. Escribí líneas y líneas sobre ese concierto en el diario que llevo desde los 14 años.
Recuerdo muchas cosas:
- La entrada al estadio: una fiesta total.
Hasta la policía estaba de buena onda. No entiendo que pasó después, cuando se armó una gresca brutal. Mucha gente bebiendo, borrachísima, esperando escuchar el sonido rockero mas duro, rebelde y conmovedor de comienzos de los noventa.
- La espera y la lluvia: no acababan nunca.
El concierto se anunció para las siete, a las nueve, con el estadio lleno, le gente empezó a protestar. Eran los Gunners, ¿quien esperaba que los tipos cumplieran con el horario?.
- La gente: había de todo.
Yo estaba en gramilla, a mi alrededor había metaleros y rockeros de toda Colombia. Los mas folclóricos eran los paisas, unos que tenía al lado traían una pancarta que decía "Medellín, Paradise City", e invitaban a Axel Rose a pasarse por Medallo. También unos viejos metaleros, nadaístas, veteranos de Woodstock, borrachísimos, fumando marihuana sin parar, que no paraban de contar su aventuras lisérgicas y hongueras en el legendario "Sabriskie Point" de las afueras de Bogotá. También recordaban a Gonzalo Arango y madreaban a Jota Mario Arbeláez. Los manes, flacos, arrugados, con el cabello largo y canoso, llevaban unos guerrerísimos pantalones negros de cuero que nunca habían lavado.
- La locura cuando empezó el concierto: fue alucinante.
La gente gritaba y protestaba porque el concierto no empezaba, todos mamados de esperar, los manes no salían, ya casi eran las diez y media de la noche y hacía un frío brutal. De repente todas las luces se apagaron. El estadio se silenció y sonaron los acordes de "Welcome to the jungle". Locura total. Todo el estadio gritó, todo se estremeció. Lo recuerdo y se me pone la carne de gallina. Yo estaba pasmado del asombro. Me quedé quieto y sentí el piso, temblaba, todo el estadio saltaba al ritmo de la guitarra de Slash. La energía bogotana se había desbordado. Y salieron los Gunners... a partir de ese momento todo fue hipnotismo.
- El homenaje a los Rollings: nada mas y nada menos que "Wild Horses".
También se tocaron una de Black Sabbath, Axel Rose al piano, tocando como un virtuoso. Recuerdo a los cuchos veteranos de Woodstock cantando estas canciones a mi lado, borrachísimos, dando tumbos, pero cantando en perfecto inglés, conmovidos, con las lágrimas bajándo por sus arrugadas caras.
- "Patience", con el veterano de Woodstock cantándola a mi lado.
El man se la sabía toda, cantaba borracho, con la lengua enredada, dando tumbos, se la sabía toda, el tipo estaba tan conmovido que, llorando, se abrazó con su compañero y se fundieron en un abrazo.
- "Hello mothefuckers"
fue el saludo del bajista Duff McKagan.
-"So fine", cantada por McKagan: conmovedora.
- "Estrangled": asombrosa, delicada y asesina guitarra de Slash.
- "November Rain": ¿que más decir de esto?... conmovedor... emocionante ...
Axel Rose al piano y empieza a llover.
- La cagada: el concierto se acabo por la lluvia, cuando estaba en su mejor momento.
La lluvia empezó a caer sobre los instrumentos eléctricos, todo un peligro. Luego dijeron que los empresarios, por ahorrase una plata, no le pusieron techo al escenario.
- La colombianada.
En ese momento los hijos del presidente César Gaviria, Maria Paz y el delfín y vividor del apellido Simon Gaviria (a propósito, ¿como es que ese imbécil, que a duras penas ha estado en Bogotá en su vida, sale elegido Concejal?... puta mierda... otro delfín que se la va a ganar fácil... ¿que pasó Bogotá?) eran los infantes de nuestra Oligo-monarquía. Cualquien idiotez que hacían era celebrada por la prensa. Pues a los hijos de papi presidente se les ocurrio ir a conocer a los Gunners. Los mandaron acompañados por un policía y cuando entraron al camerino... los recibió el dulce olor de la bareta bogotana y un monton de nenas empelota. Al fondo parece que Axel Rose se metía su último pericazo. El policía sólo atinó a taparles los ojos a los niños y a sacarlos de allí cuanto antes. Parece que los nenes estuvieron traumatizados un buen tiempo.
- Las leyendas urbanas: que los Gunners, apenas llegaron a Bogotá, mandaron llamar a las mejores nenas de nuestros burdeles.
Que las nenas luego decían que los Gunners les pagaron un platal enorme; que Axel, bondadoso, mandó a las nenas a gramilla a follar con los asistentes al concierto, lo cual ellas hicieron con todo gusto placer; que las nenas se pusieron a follar en pleno concierto delante de madres y niños.
- Lo esperpéntico.
El escándalo, digno de nuestra hipócrtia doble moral nacional, que armó el noticiero QAP. ¿Lo recuerdan?¿Qué se puede esperar de un noticiero dirigido por Maria Isabel Rueda?
Si recuerdan algo mas de ésta mágica noche esta entrada está abierta a sus apuntes.
La lujuria en "El jardín de las delicias" de El Bosco
Mientras nos tomábamos la media de guaro todo empezó a suceder como si fuera un juego.
El hombre de la tienda se acercaba a las mesas cojeando, se movía haciendo un gran esfuerzo. Me impresionaban sus movimientos, retorcía el cuerpo al dar cada paso. Me ofrecí a llevar las botellas de nuestra mesa a la barra pero el hombre se molestó. Todo bien, hay personas que se ofenden frente a cualquier forma de consideración hacia ellos, a mí me pasa lo mismo cuando la gente se entera de mi vida y tampoco me gusta.
De repente llegó un hombre mayor, rubio, con una guitarra muy trajinada. Saludó al hombre de la tienda y se pusieron a conversar. Un momento después el hombre de la tienda quitó la música, el rubio se sentó y empezó a tocar la guitarra. La vida es muy graciosa, hay momentos que parecen escritos por alguien que quiere decirnos algo, los dioses burleteros. El rubio tocó Cocaine, la canción de Eric Clapton. Ahora que la escucho de nuevo pienso que es una canción para ser tocada en Bogotá. Acá se las pongo en una magnífica versión en concierto, interpretada por su autor:
COCAINE
ERIC CLAPTON
La melodía sonaba tan desvencijada como la guitarra del rubio, pero le imprimía un aire muy auténtico al lugar.
Valentina y Juanita escuchaban, encantadas, ya que les gusta el perico y de vez en cuando se meten un pase. Por fortuna esa noche ellas no llevaban perico, no imagino lo que pudo haber sucedido.
En las otras mesas había dos grupos que se estaban gozando las canciones tanto como nosotros. El sonido de la guitarra, desafinada, retumbaba con encanto, algunos acompañaban con su voz al cantante. Que maravilla Bogotá, de verdad. El rubio interpretó algunas canciones de los Beatles y de Bob Dylan.
Después de una tanda paró para descansar. Nosotros lo invitamos a una cerveza. Nos contó que era de Estados Unidos y que llevaba mucho tiempo viviendo en Bogotá. Para ser gringo el man tenía apariencia de jodido pero cuando tocaba la guitarra se notaba que se la gozaba. Conversamos largo rato con él. Se vino por acá gracias a su amor por una bogotana, la bogotana se fue y el se enamoró de la ciudad y del país, que consideraba maravilloso pero difícil. Regresó a su país pero volvió muchas veces hasta que finalmente se quedó. "Lo mejor de Colombia es Bogotá" sentenció, con su acento aún agringado.
Tomó de nuevo la guitarra para la siguiente tanda. La simpatía natural de Valentina y Juanita atrajeron al gringo, que les dedicó una canción, pronunció una frase enredada, guiñó un ojo a mis dos acompañantes y sonrió enseñando en todo su esplendor su dentadura incompleta. Dijo algo acerca de la belleza de las bogotanas y empezó a tocar. Cuando escuché los acordes sentí un estremecimiento en todo el cuerpo.
De inmediato vinieron a mi cabeza las palabras de Andrés Caicedo, celebrando la perversiones que generan en el oyente las canciones de los Rolling Stones, en especial la que interpretaba el gringo.
La noche adquiría un rostro de perfección oscura, tuve la impresión de que en todo lo que sucedía había un mensaje oculto, el presagio pérfido pues la canción que tocó era la perversísima Gimme Shelter, de los Rolling Stones. Ahora, en la distancia, siento que esa canción marcó el ritmo de aquella noche. Aquí se las pongo, en una maravillosa versión en concierto, con Mick Jagger en su mejor momento:
GIMME SHELTER
PERVERSA CANCION DE LOS ROLLING STONES
Cuando terminamos la media de aguardiente la noche se disparó.
Las cosas acontecieron como en cortas escenas. Salimos del bar. "Estaba bueno el guaro", dije, mientras los tres caminábamos dando tumbos. Valentina tomó camino y nosotros la seguimos. "¿A donde vamos?", pregunté. "A fumarnos un bareto", dijo Valentina. "¿En donde?". "Allí, en un parque que conozco". "¿En la calle?". "Claro, en la calle, no me diga que tiene miedo". “No, que va”, dije, espantando de mi cabeza la idea de que la policía nos pillara y arruinara todo. Si un o piensa que algo malo va a pasar atrae las malas energías y lo que se ha oensado finalmente sucede.
No dije nada más, simplemente me dejé llevar. Juanita me miraba y sonreía, abrazaba a Valentina y le decía cosas al oído. Pasamos frente al bar Casa de Citas y llegamos al parquecito que hay en la esquina de esa calle. El parque tiene una valla pero estaba abierto. Entramos. Nos sentamos en una de las banquitas, al lado de los columpios. Valentina sacó de su cartera una pequeña bolsita con una hierba verde y aceitosa. “Ármelo usted, que es el especialista”, me dijo. Empecé a armar el bareto mientras comentábamos las maravillas que se pueden vivir en Bogotá. “Esto no se puede hacer ni en Madrid, ni en Berlín, ni en Ámsterdam”, dijo Valentina. Yo las miré, las dos lindas, sonrientes. “Que maravilla estar con ustedes otra vez”. “Ay, se nos puso tierno el muchacho”, dijo Valentina. Las dos se acercaron y me dieron sendos picos.
El bareto estaba listo, lo encendí, le pegué unas cuantas caladas y lo pasé a Juanita.
Ella pegó una calada y miró con atención el porro, cilíndrico, bien formado. “Me encanta como armas los baretos”, dijo, con la lengua un poco enredada. “Si ve Juana, ya está hablando trabado, le dije que el guaro le iba a pegar duro”, dijo Valentina. “Me encanta, me encanta”, volvió a repetir Juanita. "Bueno, en ese aspecto soy un profesional", dije. "Es que usted es un duro, se las sabe todas", dijo Valentina, con burla. "No todas, tan sólo las suficientes para vivir como me gusta", respondí. "¿Y como te gusta vivir?", dijo Juana. "Sin ataduras, con la mente libre de prejuicios", dije y sonreí. Valentina y Juanita sonrieron. "Es que él es lindo, ¿cierto?”, le dijo Valentina a Juanita, que afirmó sonriendo. Valentina me abrazó y me dio otro pico. Me pasaron de nuevo el bareto, del que quedaba un poco. Ambas estaban mareadas y no querían más. “Bueno, ahora si vámonos de rumba, de rumba corrida”, les dije, mientras me acababa lo último que quedaba. Estábamos de buenas, cuando salimos del parque llegaron un par de policías en moto, olisqueando.
Nada pasó.
Bar Escobar y Rosas, uno de los mejores bares de Bogotá
“¿Y a donde vamos?“, preguntó Valentina. “A Escobar y Rosas”, les dije.
Llegamos al bar, les pagué la entrada y entramos. Ya estaba lleno. Logramos ocupar un espacio en la barra y nos acomodamos. Pedimos tres dry martinis. A esta altura de la noche los tres sentíamos los efectos del guaro, la cerveza y la bareta. Mientras Valentina y Juanita conversaban entre ellas y reían, yo observaba a mi alrededor, abstraído. Miraba con sorpresa a la gente en el bar, disfrutando, riendo, compartiendo. Sentí mucha alegría de ver a la gente bogotana, de observar a la gente de mi ciudad pasándola bien, simplemente bien, descargando buena energía, esa energía bogotana, andina, esa energía de altiplano profunda y poética. La música estaba buena, yo me movía mientras bebía, en pequeños sorbos, el delicioso dry martín que sirven en Escobar y Rosas.
Juanita se puso de pie y se acercó a un man. “La Juana ya está borracha”, dijo Valentina, cagada de la risa. Cuando volví a observar a Juanita se estaba besando con el tipo. "Empezó la fiesta", le dije a Valentina. Juanita volvió, con un gesto de triunfo. Me miró. "Que afortunado ese man, le regalaste lo mejor de la noche", le dije. Juanita miró a Valentina. "Quiero darte un beso", le dijo a Valentina. "No Juana, no quiero besarla", dijo Valentina. "Voy a besarlo a él". Juanita me besó, así, de sorpresa. Valentina miraba a todos lados y sonreía. "Oiga Juana, los amigos del tipo ese que besó están que miran". "Ah, que va... besémonos Valentina", dijo Juana. "Que no". "Que pasa Vale, no me diga que ahora te pesan los treinta... mira estos manes de la barra, esta gente se sorprende con nada, a mi no me importa besarme con ustedes", le dije. "Si, claro, cómo no... usted feliz", dijo. "Vamos Vale, que pasa... ¿a los treinta ya no te gusta la aventura?, ¿ya no te quieres romper las convenciones de esta sociedad tan conservadora?". Valentina nos miró, resignada. Me besó primero, largo, profundo. Luego me besé con Juanita, beso apasionado, apasionadísimo. Luego ellas dos se besaron. La gente de la barra nos miraba con asombro, algunos nos miraban como si fuéramos herejes en una iglesia. Por dentro yo sentía una carcajada a punto de estallar, siempre me causaba gracia la reacción de la gente cuando hacíamos eso. Ellas dejaron de besarse. "¿Contentos?", dijo Valentina. Los tres soltamos una carcajada.
Un momento después llegó una amiga de Valentina, las dos se pusieron a conversar. Juanita me tomó la mano y la puso en su firme culo. "Quiero que me comas esta noche", me dijo al oído, "esta será la única noche". Valentina no escuchó. Me dí cuenta que era algo que sólo iba a quedar entre los dos. Juanita me volvó a besar y apretó de nuevo mi mano contra su culo. Yo lo tomé con fuerza, sentí su cuerpo firme, lindo. Nos movimos un poco al ritmo de la música. Yo, detrás de ella, la apreté contra mi cuerpo con fuerza y besé su nuca. Sentía un extraño júbilo dentro de mí. El olor de su cuerpo me llenó de deseo, me conmovió, me llenó de calma y felicidad. Siempre esperé tener algo con Juanita, y la forma como estaban sucediendo las cosas me parecía mágica. La sentí intensamente, ella, de espaldas a mi cuerpo apretándose contra mí con fuerza. La amiga de Valentina se fue. Solté a Juanita y me di vuelta para conversar con Valentina. Juanita trastabilló y alcanzó a resbalar. "Juana ya está borracha, vámonos", dijo Valentina, molesta.
Salimos del bar. Los tres caminábamos dando tumbos.
Cogimos calle arriba, por la calle trece. Juanita y Valentina se fueron adelante, abrazadas, conversando entre ellas. Yo, detrás, las observaba, desconcertado, no sabía que iba a pasar. Llegamos a otro bar, que conocía Valentina. El bar estaba vacío. Valentina se puso a conversar con el dueño. Nos sirvieron cervezas. Sonó una canción de Willie Colón, "Oh, que será". Juanita me invitó a bailar. Fuimos hacia la pista, donde Valentina no podía vernos. Nos abrazamos y empezamos a bailar.
Nos besamos con ganas.
Quiero poner la canción, para que la escuchen, para volver a vivir en el recuerdo ese momento.
OH QUE SERA
WILLIE COLON
Bailamos despacio y nos besamos durante toda la pieza. Yo la besaba con el deseo y el gusto de ese momento tantas veces esperado.
Dar un beso con las ganas de la ansiedad, con las ganas y el gusto del beso que tantas veces se quiso dar es una de las sensaciones mas intensas que se pueden sentir. La besaba con el alma, con el cuerpo, con lo mejor de mí, con lo mejor de todo el amor pasajero que muchas veces quise darle. Yo pienso que Juanita sintió eso, mi deseo inmenso y profundo de besarla desbordando sus labios. Juanita volvió a decirme que me fuera con ella, que nos fuéramos a hacer el amor. Valentina se apareció y nos vió besándonos.
Salimos. Valentina decidió que la rumba había terminado. Bajamos de nuevo a la Jiménez con cuarta. La calle estaba llena. Había llegado la policía que estaba requisando. Había mucha gente afuera. Nosotros pasamos dando tumbos. Increíble, éramos invisibles a la policía, que requisaba a todo el mundo, y eso que nosotros llevábamos la bareta. De los tres, Juanita era la mas borracha, casi no se podía sostener. Valentina, furiosa, le reclamaba por haber tomado aguardiente. Yo las llevaba del brazo, sosteniendolas cuando trastabillaban. De repente un carro que subía a toda velocidad frenó y se bajaron dos hombres armados, que corrieron hacia nosotros. Mierda. Detrás, también corriendo, venían tres policías con sus armas en las manos. Como pude las metí en un bar. Parece que los tipos se habían robado un carro. En segundos la calle se llenó de polcías armados que lucían sus enormes pistolas en la mano. Que susto tan berraco.
Cuando todo se calmó un poco bajamos hacia el parqueadero. Valentina entró a sacar el carro. Yo me quedé afuera con Juanita, sentados en el piso. Al lado, un policía armado vigilaba la calle. Ella recostó su cabeza en mis piernas. Yo le acaricié el cabello, le acaricié el rostro. Ella me miraba, en silencio. Yo miraba sus cejas, negras, hermosas. "Juanita, que linda eres", le dije, con sincero sentimiento. Ella se incorporó, se sentó a horcajadas sobre mí y empezó a besarme. Yo estaba mareadísimo, borrachísimo.
La bese con deseo, metí toda mi lenga en su boca, le levanté la blusa y besé sus senos, que no conocía, que no había probado, firmes, no muy grandes, sus pezones, gruesos, deliciosos, los recorrí con mi lengua, apasionado.
A nuestro lado el policía no se daba cuenta. Las personas alrededor miraban hacia la calle, donde capturaban a los hombres del auto. Alguien, a lo lejos, nos señaló, algunos nos empezarpn a mirar. Nos besamos sin pensar en nada mas. Ella se frotaba con fuerza contra mi cuerpo. Poco después salió Valentina.
El viaje de regreso lo hicimos en silencio. Valentina y yo adelante, Juanita atrás. Valentina nos dejó en el edificio donde vivía Juanita, en la quinta con setenta. Nos bajamos y ella arrancó, molesta, sin despedirse. Juanita no se podía sostener de pie, pero insistía en que subiera con ella. Yo no sabía que iba a suceder, no pensaba, solo me dejaba llevar.
Subimos. Abrazados, besándonos, llegamos a su apartaestudio. Juanita, de la borrachera, no podía abrir. Busqué las llaves en su bolso y abrí. Juanita reía. "Mañana no me voy a acordar de nada, esto sólo puede pasar hoy", me decía. Yo la miré. Recordé la frase de García Marquez "Uno viene a este mundo con los polvos contados". Ella quería estar conmigo una noche y nada más. Yo no era su tipo, soy un subterráneo, un vagabundo, un itinerante, un gitano que detesta las formas de la gente bien que a ella le encantaba, no era como los manes que a ella le gustan y así iba a ser. Sólo me correspondía esa noche y nada más. La besé para callarla. Entramos abrazados, besándonos, estrellándonos contra todo llegamos a la cama. Nos besamos un rato. En mi cabeza retumbaban sus palabras, me incorporé. Sentía una mezcla de dignidad, de humillación pero también de orgullo, pues allí estaba ella, deseando estar conmigo.
Sexo real y amistad como en la película
"Nine songs" de Michael Winterbottom
Juanita sonreía y me miraba desde la cama. Poco a poco se quitó la ropa hasta quedar desnuda.
Observé su cuerpo delgado y firme, sus piernas largas moviendose como las extremidades de una medusa, llamándome, su pubis oscuro, custodiando un secreto delicioso. Allí estaba, en todo su esplendor, en toda su plenitud, el poder femenino, el delicioso sexo femenino llamándome, y yo, frente a él, sin poder decir que no, cuando tal vez debía decir que no. Me sentí un ser inferior, un animal esclavo de su instinto, sentí la verdad de ese principio que afirma que los hombres somos inferiores a las mujeres porque somos esclavos de los instintos, mientras ellas los manejan a su antojo. Me quité la ropa. "Me gustan tus tatuajes, me gusta tu cuerpo firme", me dijo. Si alguien ha visto la película "Nine Songs" podrá hacerse una idea de cómo es Juanita, pues se parece mucho a la protagonista, delgada, bella.
Me recosté a su lado y la besé. Empecé a explorar su cuerpo caliente.
Puse mi mano entre sus piernas, estaba mojadísima. Me puse sobre ella y empecé a besar su cuello, sus senos, sus pezones, su vientre. La besaba y la mordía. Ella reía, "que rico", decía. Bajé mas y besé su vagina, humeda, deliciosa. Besé, lamí, chupé, recorrí con mi lengua sus labios, su clítoris, besé con mis labios su sonrisa vertical. Ella sonreía, complacida, con sus manos acariciaba mi cabeza. Su cuerpo empezó a temblar. Probar su cuerpo aumentó mi deseo, sentir el sabor de su vagina en mi boca me hizo perder la razón. Como loco buscaba introducir mi lengua cada vez más, pasaba una y otra vez mis labios y mi lengua por su clítoris, por sus labios. Ella me atrajo hacia su rostro y nos besamos, metió su lengua en mi boca, me hizo dar vuelta y se puso sobre mí. Busqué un condón que tenía a mano pero ella me lo quitó. "Sin condón", dijo. Lentamente hizo que yo la penetrara. En cada corta embestida suspiraba con fuerza. La sentía mojadísima y eso me exitaba aún más. Empezamos a movernos con mas ritmo, ella se apretaba, haciendo que yo la penetrara profundamente, sonreía y me besaba. "Quiero que me comas como lo hacías con Valentina", dijo. Poco a poco aumentamos el ritmo. Yo respiraba con fuerza para no venirme antes de tiempo, llevando el ritmo de la respiración. Ella se vino, se mojó aún más, emitió un gemido largo y hondo.
Sin detenerse se incorporó y se dio vuelta, para que yo la tomara por detrás. Así descubrí su tatuaje. Era un tribal cuya visión me volvió loco. "Dame duro", me dijo.
Lo hice con ritmo y con fuerza, a ella le gustaba. "Duro, duro", me decía. Se recostó, aún de espaldas y así la pude penetrar profundamente, sin cesar. Ella gemía, "que rico...", decía. Yo me detuve, lo quería hacer de frente, mirándola a los ojos. Ella se dió vuelta. Yo la miré a los ojos y la penetre así, mirandola con fijeza. Empezamos a hacerlo así, yo empujaba con fuerza, para estar dentro de ella cada vez mas, cada vez más. Ella, mojadísima, sonreía y no dejaba de mirarme a los ojos. "Córrete dentro de mí", me dijo. No supe que decir. Ella tomaba mis nalgas con fuerza y las atraía, me clavaba las uñas. Aceleré el ritmo. "No pares, no pares, me voy a venir", me decía. Controlé la respiración, hice un gran esfuerzo para evitar venirme antes que ella. Ella volvió a emitir un gemido largo y hondo, se estaba viniendo. Sentí que se mojó aún más, perdí el control y aceleré el ritmo, sin detenerme. Sentí que me venía, empujé con fuerza dentro de ella, una penetrada profunda que repetí una y otra vez. Ella me clavó las uñas en la espalda. Me vine, sentí que salía de mí un río completo mientras nos mirábamos a los ojos... ella sonrío. Nos quedamos un rato abrazados entrelazados, respirando agitadamente, recuperando el aliento, yo sobre ella sudando como un caballo, luego nos separamos.
Juanita se durmió. Yo estuve un rato despierto, mirándola, pensando. Había caído de nuevo. La lujuria de la cual me creí curado volvía a mí.
Me sentí mal, tuve la sensación que había entrado en el túnel de mi decadencia, camino oscuro que iba a durar mucho tiempo. Me puse de pie y me vestí. Ella ni se dió cuenta. Yo salí, bajé a la séptima. Estaba a punto de amanecer. Busqué algún lugar donde comer algo, estaba hambriendo y con una sed del carajo. Sentía una mezcla de felicidad y tristeza. En mi cabeza retumbaba ésta canción, un flamenco llamado "De los malos", que retrata fielmente mi caída. La pongo aquí para que la conozcan, para que me conozcan un poco más.
DE LOS MALOS
EL BICHO
"Y yo que soy de los malos,
quisiera volverme bueno..."
Ese día no la llamé. Pensaba en ella y en todo lo sucedido.
No la llamé al día siguiente ni en toda la semana, ni en mucho tiempo. Ella tampoco me llamó. Un mes después, cuando hablé de nuevo con Valentina, me dijo que Juanita le habia dicho que no recordaba nada de lo sucedido esa noche. No volví a hablar con Juanita hasta un año después, en un asado de despedida que le hicieron a Valentina. Sin embargo yo seguí pensando y recordando muchas veces lo sucedido esa noche. Conseguí "Nine Songs", la excelente película de Michael Winterbottom, sólo porque Juanita se parece a la actriz, porque su sexo desbordado me recuerda esa noche en que hice el amor con ella, porque sentí que así he vivido, un poco, el sexo bogotano, el sexo en Bogotá. Esta sociedad lucha por librarse del manto conservador que le ha impuesto su élite oscura. Esta sociedad mojigata pero lujuriosa, a la cual pertenezco, pues también soy un poco mojigato ya que soy bogotano.
Cada vez que veo esa película me acuerdo, con nostalgia de esa noche en que sellé mi destino, cuando volví a caer en la enfermedad de la lujuria bogotana.
Juanita llegó con una sonrisa que pocas veces le había visto. Yo, tan feliz por verla de nuevo, también sonreía. Me abrazó, me dió un beso cariñoso, me miró de arriba a abajo, sonrió, miró a Valentina y le dijo "es como el vino, mejora con el tiempo". Luego miró mi camiseta, siempre llevo alguna con la imagen de Bob Marley en muchas de sus facetas: pensando, cantando, bailando, sonriendo, dándole al porro o jugando fútbol. Ese día tenía una camiseta con la imagen que pongo abajo. "Bob Marley, profeta y poeta... si fuera bogotano sin duda sería hincha de Millonarios", dije. Juanita miró a Valentina y le dijo "Definitivamente sigue siendo el mismo". "No, ya le están dando duro los treinta", dijo Valentina. Juanita sonrió y me acarició la cabeza. Pidió una cerveza.
EL PROFETA BOB MARLEY DANDOLE AL FUTBOL
"SI FUERA BOGOTANO SERIA HINCHA DE MILLONARIOS"
Nos quedamos en silencio y sonreimos. De nuevo estábamos los tres. Volvimos a un tema mil veces tratado: el dinero. No se porque siempre hablamos de lo mismo, siempre volvemos al mismo punto: como hacer lo que nos dé la gana sin un peso.
Nos hicimos amigos precisamente por eso, por una apuesta: a ver hasta donde podíamos viajar con poco dinero, con muy poco dinero. Por aquellos tiempos, siete años antes, yo era un avezado viajero de carretera, conocía muy bien las técnicas para echar dedo pero no había llegado tan lejos gracias a ese sistema, mi mayor proeza era haber hecho el trayecto San Agustín-Bogotá, en tres días.
Todo empezó en medio de una rumba a la que me había invitado Valentina.
La fiesta estaba aburrida, el dueño de la casa me miraba mal y yo no quería tomar trago. Salimos a prendernos un baretico y Juanita nos acompañó. Cuando ellas dos se juntaban eran las mujeres mas poderosas del mundo. Les gustaba retar a cualquiera. Juanita, aburrida, se quejaba de que las fiestas de la burguesía eran el desfile y la exhibición de la vanidad y la estupidez humana. Valentina la secundaba en sus críticas. Yo, que ya empezaba a cultivar ese descreimiento que aumenta en mí cada día, les dije que ellas me parecían tan burguesas como los que estaban adentro. "¿Y usted no lo es?", me preguntaron, molestas. "No, yo soy un cínico", ellas sabían que yo le caía mal al dueño de la fiesta, que me consideraba un tipejo, por fumar marihuana. "Yo vine porque me invitaste Valentina". Les hice un recuento de mis proezas anti-burguesas, acciones estúpidas de las cuales en el pasado me sentí orgulloso, pues como cualquier ser humano, también fui imbécil en mi juventud, y como muchos de mi generación hoy en día rozo y casi hasta convivo con el estilo de vida burgués. Pero en esa época era joven, tenía 24 años, vivía obsesionado con la música rebelde de Bob Marley y creía que podría tener el mundo a mis pies.
El bareto las dejó locas.
Volvimos a la fiesta, que seguía mas aburrida que antes. Les propuse el primer reto: a ver hagamos algo para despertar a esta gente. Valentina y Juanita se miraron. "¿Que se te ocurre?". Les propuse algo que ya había hecho antes y por lo cual me habían sacado de otra fiesta. "Besémonos los tres", les dije. Valentina y Juanita se miraron, serias. Pensé que no iban a ser capaces, no reunían el perfil: dos lindas estudiantes de derecho de la Javeriana metidas con un ingeniero de la Nacho. Para sopresa mía, las dos sonrieron. "¿Quien empieza?", dijo Juanita. "Ustedes dos", les respondí, "eso causa mas impacto, luego me besa Valentina, luego me besa Juanita y por último nos besamos los tres, con lengua, por supuesto". Y así fue. Media hora despues estábamos fuera de la fiesta, echados por la mamá del que la organizaba. Ellas cagadas de la risa.
Las llevé al bar que frecuentaba como un enfermizo: Congo.
Pedí la canción que encendía mi espíritu por aquellos días: "Them belly full" de Bob Marley. Les hablé de esa composición del Profeta, que habla de levantarse contra los que se llenan la panza con el dinero del pueblo mentras la gente aguanta hambre. Les hablé de la primera época de Bob Marley, cuando incitaba a los jamaiquinos (isla de mayoría negra gobernada por blancos) a levantarse, a luchar por sus derechos, al desorden, a saquear y a incendiar. Ellas conocían poco de las canciones rebeldes del Profeta y quedaron encantadas. Aqui se las pongo, para que la escuchen y enciendan su cabeza:
THEM BELLY FULL
BOB MARLEY
Les propuse el siguiente reto: a ver que tan guerreras eran, a ver hasta donde podían llegar, hasta dónde se podían liberar del dinero y el bienestar.
"Vayámonos, echando dedo, a conocer Macondo, a Aracataca, a ver el río de piedras blancas como huevos prehistóricos", les dije. En el fondo sabía que la cosa no podría salir mal ya que la forma mas fácil de asegurar el éxito cuando se viaja echando dedo es ir con una o dos niñas, si son lindas mejor, porque los camioneros jamás les dicen que no. Ellas aceptaron. Brindamos esa noche por el furuto aventurero que nos esperaba.
Y lo hicimos. Nos fuimos de viaje en esas vacaciones. Lo que era un viaje incipiente de algunos días terminó siendo una travesía de mas de un mes en la que recorrimos muchos lugares de la hermosa costa caribe de Colombia.
Ahora, en ese agosto del 2004, en esa tienda de la Candelaria brindábamos por ese recuerdo. Hacía frío. Entraba un viento helado. "Cómo pasa el tiempo, dijo Juanita". "Esto merece un brindis con algo mas fuerte, con un guaro", les dije. Extrañaba mucho el aguardiente, extrañaba tomarme un aguardiente en Bogotá. "¿Que dicen?", dijo Valentina, que miró con un gesto de desagrado. "Una mediecita, para el frío", le dije, sonriendo. "Si, tomemos aguardiente", dijo Juanita. "Recuerde Juana que a usted el aguardiente la patea". "Ah, que va", dijo Juanita. "Bueno, no olvide que se lo advertí".
Pedimos media de guaro. Serví el primer trago y brindamos por esta vida aventurera.
Llegar a los treinta años y comienzan las crisis por hacerse mayor
Valentina llegó a las siete y media. Un fuerte abrazo, que duró varios minutos, fue la mejor bienvenida que pude recibir. En los momentos difíciles que viví en Europa ella siempre me alentaba recordándome que debía ser fuerte, que me esperaba mi tierra, mi ciudad, mis amigos, mi familia, que me esperaba un país que sin duda necesitaría gente preparada como yo.
Aunque estaba estudiando gracias a una beca, debí trabajar para sobrevivir y viví las dificultades propias de un inmigrante.
Hay que decir una cosa: ser inmigrante es algo muy hijueputa, y si se es colombiano el asunto es mas complicado. En los peores momentos las palabras de Valentina me sacaron del pozo profundo de la tristeza. El cariño y aliento detrás de esas palabras fueron lo más valioso para mí. Así, en la distancia, pude apreciar y sentir lo mejor de ella: su amistad. Eramos y somos amigos por encima de todo, la amistad es un vínculo que supera los frágiles y caprichosos vaivenes del deseo, del sexo, incluso del amor.
"¿Como agradecerte tu apoyo Valentina?... como no se hacerlo te traje esto..." y le entregué un pequeño regalito: unos pendientes que le compré a un egipcio. "Para que atraigas las buenas energías", le dije. Valentina recibió el regalito con alegría y con el clásico bogotano "¡Tan divino, gracias!", y me dio un beso en la mejilla. "Y me caen como anillo al dedo, mira, hoy no traje pendientes". Se los puso. Estábamos en una tienda que atiende un señor que cojea de forma impresionante. Representábamos la mas pura escena bogotana: tienda de barrio, bebiendo cerveza Aguila y escuchando vallenatos. Yo me sentía tan bien que hasta los vallenatos romanticones insoportables me parecían buenos.
Intercambiamos experiencias. Le conté con detalle mis amarguras, le conté de la holandesa que me rompió el corazón, de la saturación de libertinaje que llegué a sentir.
"¡Como!... cuidado, te estás haciendo viejo", me dijo, "bienvenido a los treinta", me sonrió y brindamos. "Pues si estás saturado prepárate porque a los treinta ya no queda más que el sexo para comunicarse".
Ella me contó sus aventuras. Se metió con un man mitómano que le decía que era íntimo amigo de Julio Mario, de Carlos y Luis Carlos. El tipo le pidió una plata prestada y nunca más volvió a aparecer. Después de buscarlo y buscarlo por fin lo encontró y lo hizo detener. Valentina es abogada. El man era de buena familia, la mamá, avergonzada, le devolvió la plata. "Pero Vale, tu tan grande y cayendo en esas... no puede ser... ¿es que el man era buen polvo?". "Sí, caí... pues el man era buen polvo... pero no era sólo eso... simplemente me endulzó la oreja". Brindamos de nuevo por los engaños y desengaños de ésta puta vida.
"Ser adulto es muy difícil Vale, la vida es muy jodida, te llenas de deudas, de obligaciones, los bancos te exprimen, para sobrevivir en la sociedad algunas veces hay que volverse un ser ridículo, patético, hay que volverse un imbécil, hay que alinearse con el pensamiento vigente, con el pensamiento del sistema, de los que gobiernan el sistema. Cuando teníamos veinte años se nos perdonaba todo, la rebeldía, la necedad, el inconformismo, ahora no. No hay otra opción mas que ser una oveja mas del rebaño". "Fresco chino, no se ponga así, usted trabaje en lo que le gusta, gane plata y luego podrá hacer lo que quiera. A a los treinta uno tiene que admitir lo que negaba a los veinte: que la plata es mas influyente y necesaria de lo que uno cree. Lo importante es que usted no le venda el alma al dinero, eso lo hacen los verdaderos imbéciles". "Y entonces que somos nosotros, ¿unos falsos imbéciles?". "Nosotros somos como muchos que andan por ahí, sólo queremos disfrutar la vida en medio de tanta mierda". Valentina y su pragmatismo resolvían mi nihilismo y eran el mejor antídoto contra el existencialismo que había traído de Europa.