Desde septiembre de 2005. Bitácora de un pirata subterráneo bogotano. Un espacio crítico con el conformismo, la mediocridad, la vulgaridad, la ignorancia, la corrupción y la inconsciencia. Bogotá en todas sus dimensiones. Bogotá marginal y oficial. Bogotá y el sexo, liberada, nocturna y viciosa. Bogotá y el mundo. Once años años de relatos de mi vida.
En este blog he hablado mucho de sexo. Este tema ha sido uno de lo pilares de esta bitácora de mi vida, lo que indica que el sexo ha sido muy importante en mi vida, como lo es en la vida de todos los seres humanos.
Cuando uno vive el sexo intensamente, lo disfruta en cada una de las diversas etapas en que lo vivimos, a los veinte, a los treinta, a los cuarenta, siempre se cree que no hay nada mejor que eso. El sexo es lo máximo, el placer que brinda es supremo. El sexo es la distancia más corta entre los seres humanos, es la fusión en el otro en busca de placer, de deseo carnal o de amor pleno.
El sexo también es la herramienta publicitaria de hoy en día.
La publicidad nos vende experiencias hedonistas e individualistas, nos vende experiencias de placer vinculadas, obviamente, con lo erótico o sexual. Cuerpos desnudos, piel por todo lado. Y también la imposición de cánones de belleza.
INTERCAMBIO DE ENERGÍA AL HACER EL AMOR
Con el sexo también nos reproducimos.
El sexo es algo tan potente que es, nada y menos, que el acto mediante el cual creamos vida. La conexión entre una pareja trasciende la visión placentera, en ese momento pleno del sexo, y se vuelve una explosión de energía común que estalla.
Con el sexo creamos vida, a través del sexo logramos la obra suprema de creación que nos está permitida: reproducirnos.
Nos reproducimos mediante el sexo. Nos fusionamos, hombres y mujeres, y damos lugar a una nueva vida, y a todo lo que ella, esa nueva vida, conlleva. Y luego nacen los hijos, y es en ese momento en que nacen los hijos que entendemos que si no fuera el sexo una experiencia tan placentera seguro no tendríamos hijos.
Con ellos cambia la vida, y cambia el sexo también. Se folla menos y, poco a poco el sexo deja de ser tan importante y su espacio lo ocupa el fruto del sexo: los hijos.
Y entonces se descubre que ellos son más importantes que cualquier cosa, inclusive que el sexo.
En los últimos años mi vida profesional y personal ha deambulado entre España, Estados Unidos, Colombia, o mejor, Bogotá, Brasil y Argentina. Dado mi carácter enamoradizo, que me gustan mucho las mujeres, que por lo general tengo mala suerte con ellas, que tengo un karma negativo en cuanto al amor se trata, que siempre que me acuesto con una chica me enamoro, aunque sea un poquito, y que cuando me enamoro mucho no soy correspondido (por diversas causas que incluyen que yo no le gusto a ella o que ella tiene novio o está enamorada de otro), ésta condición ha generado en mí una persiste actitud de reflexión sobre la experiencia amorosa que no he podido evitar llevar al papel y al ciberespacio. Muchos lectores de Bogotá Subterránea han accedido a ellas en las entradas etiquetadas bajo los temas "Sexo y amor" y "Noches bogotanas subterráneas".
El Blog Eros
Hace poco me crucé con éste blog, el Blog Eros, que se publica en el diario El País de España, y específicamente con ésta entrada: Cómo saber si le gustas a una desconocida, y quedé muy sorprendido pues, por un lado confirmé muchas sensaciones sobre el machismo soterrado que persiste en la sociedad española, sensaciones que he tenido desde que frecuento España, desde hace casi diez años, y por otro lado me quedó en evidencia toda la confusión mental e ideológica que habita en el inconsciente colectivo femenino español. El blog al que me refiero es llevado por cuatro mujeres: Esther Porta, española, Venus O`Hara, inglesa, Tatiata Escobar, venezolana y Anne Cé, argentina. Las entradas que publican son bastante interesantes, se regodean a fondo sobre todos los aspectos habidos y por haber del sexo desde el punto de vista femenino: los hombres (cómo no), el orgasmo femenino, la libertad femenina, la promiscuidad, el amor, la atracción, la infidelidad, la belleza, la vanidad, los celos, el cuerpo femenino, el cuerpo masculino, el coño, la vagina, la polla (o mejor, la verga, como se dice aquí), las tetas, el clítoris, el sexo oral, follar al aire libre, follar o no en la primera cita, follar con el amigo (los follamigos o amigos con derecho), follar con el ex, follar con el marido de la amiga, follar con un hombre casado, follar con el jefe, follar con un desconocido, etc, etc.
Me dediqué a leerlo a profundidad durante algunos días ya que, en mi modesta experiencia con las españolas, he podido constatar que el sexo es un tema obsesión muy arraigado en una generación de mujeres españolas, las que van de los treinta a los cuarenta y cinco años, mujeres trabajadoras, que gozan de independencia económica, muy despolitizadas, reivindicativas de los principios feministas básicos y muchas de ellas solas, solteras, divorciadas o separadas. Por eso me pareció una gran ironía que las autoras del Blog Eros invitaran como columnista al psicólogo vasco Xabier Macca, autor del blog Cortejo Humano, donde se expone todo un manual de técnicas machistas bajo las cual se seducen y someten las españolas, voluntariamente y con gusto, cuando de ligar se trata. Aclaro que en España el término "ligar" equivale a "caerle a alguien" en dialecto bogotano.
¡Que caras mas bonitas tienen las españolas!
Que cara mas bonita (Tangos)
Paco Soleras
Los colombianos: enamorados del amor
Vamos por partes. Primero, aclarar que soy muy colombiano, bogotano 100%, y con el calor y romanticismo latinos a flor de piel. Además, amante de la poesía, del amor, muy respetuoso de las mujeres ya que fui educado bajo una visión idealizadora de la mujer, impuesta por mi madre, y ratificada por ella, mi abuela y mis tias, que me dieron mucho amor durante mi infancia. Esto, que es algo muy común en las culturas latinoamericanas, tiene unas características muy propias en la nuestra, la colombiana, al punto que, de tanto filosofar sobre éste tema, he llegado a la certeza que, de entre todos los latinos, nosotros los colombianos somos los más amorosos, los más enamorados del amor.
También he llegado a la concusión de que ésto se debe a que durante generaciones hemos sufrido una violencia sin tregua, permanente, atizada por la represión oficial de los malos gobiernos que hemos tenido, por el estado y sus verdugos: los organismos de represivos y de seguridad como son la policía colombiana, el Ejército de Colombia y los servicios de inteligencia, los cuales están plagados de delincuentes y asesinos. En fin, que como reacción a ésta violencia inveterada, nosotros, los colombianos de la sociedad civil, los colombianos de a pie, el pueblo colombiano (no incluyo aquí a las élites corruptas), nos hemos entregado por completo a la vivencia del amor por el amor.
Bajo ésta perpectiva de bogotano con corazón enamorado, amante de las mujeres, adorador de la escencia femenina de la naturaleza, de la vida misma, que considera a la poesía como la mejor forma de acercarse a la realidad, de vivir la vida, llegué a España, por primera vez, en el año 2003. En aquel momento estaba estudiando en Amsterdam y me fui en las vacaciones de verano a Madrid para trabajar, pues necesitaba dinero, y también porque quería conocer la "Madre Patria". Trabajé como pintor de casas y chalets de los alrededores de Madrid, mientras sus dueños estaban de vacaciones, a órdenes de un colega peruano. Pintamos alrededor de treinta casas durante dos meses, éramos cuatro, dos peruanos y dos colombianos. Así que me pegué ese verano en Madrid, los meses de Julio y Agosto, los mas calurosos, bajo jornadas extenuantes de pintura, brocha y rodillo, y en medio de la locura que se apodera de los españoles durante esa calientísima estación.
El verano en España: locura por ligar, follar, enamorar
Durante el verano la gente se enloquece en España. La locura llega a niveles inimaginables y todo el mundo quiere follar: hombres y mujeres, chicos y chicas, chavales y chavalas. En todos los lugares: bares, discotecas, en la calle, las plazas, los parques, las playas, las casetas de playa (chiringuitos les dicen allá), amanecederos, eventos culturales, pistas de baile, en todos lados reinan la leyes de la atracción, de la química, de los juegos de seducción, reina también la competencia pura y dura de los machos por la hembra. Reinan sobre todo las hembras, por supuesto, que sólo tienen que salir, por lo general con poca ropa debido al calor, a "hacer casting" y escoger al macho de la noche.
La cosa es dura, a brazo partido, sin clemencia, sin misericordia, sin
importar la nacionalidad, competencia a muerte por las chicas. En eso las españolas lo tienen claro, como también tienen claro a lo que van, quieren un hombre, un macho alfa como se dice, un "tio guapo", como dicen ellas.
La cosa pintaba interesante para mí ante este escenario efervecente de piel y sexo en el que muchas variables entran en juego, confiaba en la fortaleza interior que me daba un corazón sensible y enamorado de las mujeres, como el mío, tenía la ilusión de conquistar a una interesante, abierta y vitalista chavala madrileña, o de cualquier lugar de España, a través del infalible poder de la poesía, de la imaginación, de una conversación interesante y graciosa... pero no fue así.
Los rezagos del machismo franquista aún están arraigados en el inconsciente colectivo de las españolas
En general las españolas que he conocido en numerosas (muchas, muchísimas, casi cientos) noches de juerga, fiesta y desmesura en diversos lugares de España tienen poca sensibildiad por la expresión poética, los lenguajes alejados de la norma no los entienden ni les interesa y las conversaciones "complicadas" las aburren. Aquella primera vez en España no me sorprendió que, como todas las mujeres, en una noche de fiesta y distensión, las españolas sobre todo quisieran que las hacieran reír, lo que me sorprendió es que, cuando las trataba con respeto y deferencia (como trato a todas las mujeres) ellas despreciaban con especial énfasis, altanería, temperamento, aburrimiento y garbo ésta actitud. Un tío respetuoso que les dice cosas bonitas, que les plantea una conversación interesante no les interesaba.
Actriz porno colombiana en la meca del cine porno, San Fernando Valley, en Los Angeles
El año pasado tuve que ir a Los Ángeles por razones de trabajo. Tenía que visitar a un cliente nuevo, un señor de origen mexicano que tenía un negocio de repuestos para carros y motos, próspero en el pasado, pero que se había venido a menos por la crisis económica en ese estado gringo. El señor estaba muy preocupado por la evolución de la economía de California, veía que su trabajo de toda la vida se podía perder y quería salvar cuanto antes lo que le quedaba.
Me había invitado a ir allí para que le presentara una propuesta de inversión, nada fácil en aquellos meses en que la crisis galopaba con gran impulso. La cita no salió como lo esperaba, pues el hombre quería recuperar las pérdidas recientes en poco tiempo y eso, hoy en día, es imposible. Aún así me confió una suma importante. Después de tres días de reuniones y gestiones con el cliente quedé libre para hacer lo que quisiera durante un día. Luego tendría que volver a New York, cosa que me daba pereza, pues prefería retornar a Bogotá cuanto antes ya que Rocío estaba por Colombia en aquellos días.
Jamás había ido a Los Ángeles, la meca del cine. Sin embargo, no sentía ganas de visitar sus santuarios cinematográficos. Si acaso recorrer sus calles y reconocer en ellas los escenarios de unas cuantas novelas que había leído y que ocurrían allí, como las de Raymond Chandler, pero en especial las de James Ellroy. También quería pasarme por la mítica playa de Venice, donde Jim Morrison escribió las letras de sus mejores canciones.
Llamé a Roberto, un amigo que vive allí, a ver si nos veíamos para tomarnos algo. "Estoy viviendo por el Valle de San Francisco, donde hacen el cine porno", me dijo. "¿Va a ir a los estudios de la Universal?", me preguntó. "No, que va, me da pereza, voy a caminar por ahí, algo tranquilo, creo que iré por Sunset Boulevard o por el Barrio Chino", le dije. "Veámonos a las cinco por acá y nos tomamos algo", me dijo.
Pasé el día caminando de un lado a otro. Los Ángeles es una ciudad grande. A pesar de mi mala actitud, de mi pesadumbre por tener que estar allí y no poder estar al lado de Rocío, pronto el paseo del Sunset Boulevard me hizo sentir bien. El recuerdo de aquella famosa película de Billy Wilder me trajo un buen karma, siempre me han gustado las películas de escritores. También la evocación mental de The Doors y Jim Morrison me hizo librarme de la sensación de superficialidad que ostenta esa ciudad, donde todo parece girar alrededor del cine y el star system. De lejos observé el mítico cartel que dice "Hollywood" y llegué a emocionarme.
"Everybody comes to Hollywood
They wanna make it in the neighborhood
They like the smell of it in Hollywood
How could it hurt you when it looks so good..."
La letra de la canción de Madonna se me vino a la cabeza. Sentí que las cenizas de mi espíritu rumbero amenazaban con despertarse. En ese momento pasé frente al Whisky A Go Go, el mítico club nocturno donde el grupo "The Doors" se lanzó a la fama. Me propuse pedirle a Roberto que me acompañara allí esa noche para tomarnos algo y escuchar al grupo de turno. Recordé la escena de la película de "The Doors" de Oliver Stone y me imaginé una rumba poderosa. "No, no puedo, mañana debo estar a las once en el aeropuerto", recordé.
El bar Whisky A Go Go, donde Jim Morrison y The Doors saltaron a la fama
A las cinco estaba en San Fernando Valley con Roberto. Estábamos en un café que era igualito al que aparece en la primera escena, y también en la última, de la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Comíamos la típica comida que podríamos estar degustando en un lugar como ese: hamburguesa con coca cola. Roberto me hablaba de su trabajo como ingeniero de una empresa de software. En ese momento mi amigo se quedó con la boca abierta y me señaló hacia la puerta, donde entraron dos mujeres, dos mujeronas, curvilíneas, con sendos tacones, pantalón ajustado, bien vestidas pero sobre todo bien provocativas. Una de ellas era igualita a Sofía Vergara, la actriz barranquillera. "¿Es la Toti?", le pregunté a Roberto. Recordé que Sofía Vergara trabajaba en Estados Unidos como actriz.
- No, es Esperanza Gómez, la actriz porno colombiana.
En ese momento no estaba al tanto de las novedades del porno colombiano, ni mucho menos de las actrices que han llegado a la meca del porno, en el Valle de San Francisco, pero al verla me pareció que Esperanza Gómez estaba muy buena y tuve muchas ganas de ver alguna de sus películas. Su amiga también estaba muy buena, pero ella la superaba. Las dos mujeres se sentaron y pidieron a la camarera.
- Vamos a pedirle un autógrafo - me dijo Roberto.
- No, yo no soy capaz, me da vergüenza - le dije.
- Yo si voy - dijo - es la primera vez que la tengo tan cerca y no está rodeada de esos manes con los que trabaja, que son un asco.
Roberto se puso de pie y se acercó a ella. Le dijo algo, ella sonrió. Estuvieron hablando un rato, en algún momento Roberto me señaló y ella miró hacia mí. Yo me puse nervioso, levanté la mano y saludé de lejos. Luego ella le firmó un autógrafo a mi amigo, que regresó a la mesa.
Roberto me contó todo lo que sabía de Esperanza Gómez, que había posado para la Play Boy, que había salido en Soho, que hacía unos meses era la bomba latina del porno, que las películas que hacía eran bastante buenas. "La nena es caliente como ella sola", me dijo, "es la number one, el top ahora mismo". Me sorprendí de lo desactualizado que me encontraba en ese tema, lo más reciente del porno colombiano que sabía era sobre las películas que Nacho Vidal había estado grabando en Colombia. "Invítela al Whisky A Go Go y nos pegamos una buena rumba, a lo colombiano", le dije. Roberto sonrió, estaba viviendo una nueva etapa de libertad, ya que se había separado hacía poco.
La noche llega, de improviso, y oscurece la visión de lo que creemos que es la seguridad que tenemos dentro. El problema de algunos pocos es fijarse siempre en el interior de las personas.
Queria ir a ver el mundial a Suráfrica pero tuve que ir a unas jornadas de trabajo, como profesor, a Madrid y allí, entre tanta locura y el concierto de Shakira jodí mi vida porque estaba con alguien por quien sentía un gran amor, llevábamos ya algunos años, pero la pasión arrasa, se lleva todo por delante y conocì a una chica que me enloqueció. El problema fue que yo a ella no la enloquecí, todo lo contrario, ella se enloqueció por un alumno mío, mas joven que yo y yo caí en la oscuridad. Bueno, no creo que ella se haya enloquecido por él, tan solo se encaprichó, el lío es que los besos apasionados que quería para mí se los dió a el y eso me partió el corazón.
Ahora le escribo mis palabras y ella me regala indiferencia, pero como en ésta vida nunca hay que bajar los brazos se que su beso será para mi y que si hoy le parezco feo mañana va a morirse porque le muerda los labios. Pero el mañana esta lejos y yo me moriría porque ese día llegara pronto porque ella es linda por fuera, o eso siento, pero es linda por dentro y eso es algo que se encuentra pocas veces en la vida.
Pirata no pudieron contigo, ni las amenazas de los uribistas, ni las balas del ejército de Colombia, ni las torturas de la Policía, ni las amenazas del DAS, ni los correos de los verdugos, ni los mensajes sangrantes de los ignorantes, ni los correos de los que engañan, ni las putiadas de los fascistas colombianos.
Sin embargo si pudo contigo una mujer que te rechazó, una mujer que no te quiso porque le pareciste feo. Una mujer que no quiso escuchar tus palabras, escuchar tu poesía, escuchar tu voz sensible. Una mujer a la que no le importa tu lucha ni tu blog. Una mujer que no quiso bailar contigo. Una mujer que no quiso escuchar tus historias. Una mujer que te embrujó con su voz de sirena. Una mujer que te engañó con su falsa inocencia, con su juventud. Una mujer que te hechizó con su canto de dulzura. Ella con su bolsita de tabaco que te inyectó todo su veneno.
Pirata te creías fuerte y en realidad eras débil como un niño caprichoso que sólo quiere todo el amor para él y se olvida de todo el sentimiento que lo rodea. Te olvidaste del amor que te persigue, del amor que tienes a tu lado
Pirata sufre así es el amor. Estás solo en tu jaulita de oro con la ropa sucia tirada en los rincones, con las botellas tiradas en cada esquina. Pirata sufre, bebiendo para olvidar lo que siempre vas a recordar.
Pirata, la vida es dura y aunque te sientas tan viejo aún tienes mucho que aprender.
Pirata sufre y espera porque mañana ella vendrá a entregarse a tí.
Amanecer. Despertar. Bogotá, las calles saturadas de automóviles y buses. Trabajar. Correr. Oficina y vértigo. Triunfos. Decepciones. Empute. Resignación. La tarde y la noche. El aire andino que baja de las montañas. La noche. La luna. Un bar. Poesía. Olvido. Dejarse llevar. Una bogotana. Una brasileña. Una europea. Baile. Cumbia. Vino. Cerveza Aguila. La chica que se acerca. Sonrisas y mucha belleza femenina. Embrujo de las mujeres. Alegría. Sonrisas. Seducción. Electrónica y movimiento. Cumbia. Salsa. Baile. Cuerpo a cuerpo. La noche. Embrujo de la noche. Embrujo de las mujeres y la noche. Ilusión del amor. Seguir al fondo de la noche. Ilusión de un beso. Seducción. Palabra. Poesía. Aguardiente y poesía. Sonrisas. Ella bailando en la pista. Sentir la vida que fluye. Desfogue. Querer irse con ella hasta el fin de la noche. Amor. Besos. Un cuerpo femenino comido a besos y a punta de labios. Sexo. La necesidad del cuerpo de una mujer. Placer. Gemidos. Locura. El placer de generar placer. Sentir que la vida se va en un fluído. Amanecer. Es jueves en la mañana. De nuevo al trabajo. Bogotá no para. Pensamiento: mañana será viernes de perdición. Y darme cuenta que sólo pienso en María pero ella no está a mi lado...
El Poeta Mexicano José Emilio Pacheco ha sido premiado una vez más, para fortuna de la justicia divina, que no ha abandonado a uno de los grandes poetas latinoamericanos vivos. Ha ganado el Premio Reina Sofía 2009, premio recibido con alegría por los bogotanos amantes de la poesía, a pesar de provenir de los decadentes reyes de España, para paliar un poco la nauseabunda mierda paraco uribista que se apoderó de las instituciones colombianas y de la mente y corazón de la malparida "gente de bien" de nuestro país.
EL POETA MEXICANO JOSE EMILIO PACHECO
Los bogotanos amantes de la poesía y de la vida, que frecuentamos los permanentes recitales poéticos en los bares bogotanos (agradecida actividad lúdica, única en su especie, que desata en las noches bogotanas la magia y el misterio de las palabras para generar hecatombes de rumba, amor, y sexo mezcladas con un buen vino tinto o con el dulce aguardiente) algunas veces nos hemos encontrado con los poemas de éste gran poeta mexicano, en boca de algún bardo ocasional, que siempre nos llevan a vivir experiencias sublimes y profundas, conmovedoras hasta la sangre y el aliento, que a muchos nos dejan el dulce y diluído sabor de una certeza: "no todo está perdido", y nos recuerdan la verdad del poder de la palabra.
Me encontré con los poemas de Jose Emilio Pacheco una noche, hace mas de diez años, en un recital en el bar "Galería Café y Libro" que está al lado de la Universidad Católica. Aquella noche, con ganas conquistar a alguien que no me daba ni la hora, escuchaba el recital, dolido por el despecho y embriagado de ron y poesía. Al final, el poeta se despidió con éste poema de José Emilio Pacheco:
BOGOTA
Dura ciudad entre las dos montañas. La niebla hace más real lo que sucede aquí abajo.
"Mierda", pensé, "¡que poesía!". La chica no fue mía, pero el poema sí. El poder de las palabras nos fue revelado esa noche a todos los que no seguimos siendo los mismos después de escuchar éste poema. "De repente las palabras son como los números", pensé, y desde ese momento las palabras, los números y la rumba marcaron la ruta de mi vida.
Como un poseso me desboqué en la biblioteca de la Universidad Nacional tras los libros de éste poeta mexicano. Era mi penúltimo año de carrera, estaba buscando tema para la tesis, razón por la cual me apliqué una intensa dieta de libros de ingeniería, matemáticas, estadística y poesía de Jose Emilio Pacheco. Me había apasionado por una estudiante de literatura llamada Alejandra que había conocido en un curso libre de Poesía Latinoamericana que había tomado ese semestre, por recomendación del psicólogo de la universidad, ya que eso "me ayudaría a abrir mi círculo de amistades y alejarme de Carolina". Valga recordar que Carolina fue una novia que tuve en mis años universitarios, que casi acaba con mi vida, cuyas dolorosas experiencias se relatan en las entradas "Cumpleaños" y "Joaquin Sabina en Bogotá".
Pero ella, Alejandra, mas allá de su simpatía, no me regalaba ni un pensamiento ya que prefería a los poeticas estudiantes de literatura, a los hippies intelectuales, a los aprendices de chamanes, a los diletantes poetas malditos que rondaban en aquellos años el medio bohemio universitario bogotano. Alejandra me traía loco, ayudada además por las ganas de borrar la presencia de Carolina en mi vida. Alejandra era la chica que no me paraba bolas en "Galería Café y Libro". Fuimos a ese recital algunos alumnos de la clase porque uno de los compañeros recitaba y nos invitó.
Entre números, bases de datos y modelos matemáticos la poesía de Jose Emilio Pacheco llenó de vida, alegría, esperanza e ilusión mi maltrecha vida interior. Llegué al final de ese semestre con mi tesis de grado prácticamente configurada, las ilusiones renovadas, la esperanza renaciente y la fé ciega en que los buenos tiempos se avecinaban en mi vida. Y fue así, por algunos meses. Gracias a la poesía de Jose Emilio Pacheco (y de otros poetas más) llegué al final de ese semestre sintiendo que estaba en pleno renacimiento, pero sin Alejandra, que se había ennoviado con un man más mayor, ya rondaba la treintena, que sabía hablar muy bien y vestía como poeta callejero. La dosis de buena energía surgida de ese renacimiento poético surtió efecto al poco tiempo ya que conseguí mi primer trabajo como ingeniero sin terminar aún la carrera. Recuerdo con claridad que en aquel entonces pensaba que "todo habría sido perfecto si Alejandra estuviera conmigo".
Sin embargo, como tantas veces lo ha escrito Jose Emilio Pacheco en sus poemas, la palabra siempre se cumple. Años después Alejandra me entregaba sus besos y su cuerpo, muy cerca de ese lugar donde por primera vez escuché la poesía de José Emilio Pacheco. (Alejandra, con tu cuerpo en mis manos, con mi cuerpo entre tus piernas, no paré de repetirte al oído: "Alejandra: la rosa, el sol, el lirio y la paloma...")
Y esa noche, la noche de nuestra conmovedora y efímera pasión, no pude evitar recitarle este poema que memoricé con la ilusión de decírselo a ella (con el prefacio de W.H. Auden incluído):
OTRO HOMENAJE A LA CURSILERIA
Dear, dear! Life´s exactly what it looks, Love may triumph in the books, Not Here W.H. AUDEN
Me preguntas porqué de aquellas tardes
en que inventamos el amor no queda
un sólo testimonio, un triste verso.
(Fue en otro mundo: allí la primavera
lo devoraba todo con su lumbre)
Y la única respuesta es que no quiero
profanar el amor invulnerable
con oblicuas palabras, con ceniza
de aquella plenitud, de aquella lumbre.
Después de hacer el amor hasta el agotamiento, recibimos el amanecer, recitando los dos éste poema, poema de nuestra despedida:
MIRAME Y NO ME TOQUES
¿Cómo podría explicar Las Soledades,
concentrarse en Quevedo, hablar de Lope
si en vez de alumnas tiene ante sus ojos
(con permiso de Heine y de sus clásicos) la rosa, el sol, el lirio y la paloma?
En la inmensa y arrolladora multitud de significados que surge de la extensa obra de Jose Emilio Pacheco, los que no soportamos la mierda uribista que se apodera de Colombia encontramos refugio en poemas como éste:
ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
INDESEABLE
No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.
UN MARINE
Quiso apagar incendios con el fuego.
Murió en la selva de Vietnam
y en vano.
EL CENTENARIO DE RUBEN DARIO (1867-1916)
Sólo el árbol tocado por el rayo
guarda el poder del fuego en su madera
El tiempo pasa y el poeta Jose Emilio Pacheco estará de nuevo en Bogotá, en la próxima Feria del Libro de Bogotá que se realizará en agosto. Por supuesto que iremos a escucharlo. Aquí, en la Bogotá Subterránea, lo recibiremos con los honores que merece un gran poeta cuyos versos nos ha ayudado a los bogotanos subterráneos a soportar estos años oscuros que estamos padeciendo en Colombia.
Um pouquinho de boa energia, de boas vibraçoes, pra a galera da Bogotá Subterránea. Uma musica de amor, uma musica pra a noite de amor bogotana. Pra vocês, subterraneos, pra você lindo Pirata, que me faz muito feliz, que me faz muito amor na noite de Bogotá: "To te querendo como ninguém, to te querendo como Deus quiser, to te querendo como eu te quero,t o te querendo como se quer...".
JA SEI NAMORAR (Tribalistas)
"Já sei namorar, já sei beijar de língua, agora so me resta sonhar"
JA SEI NAMORAR (Lyrics) Já sei namorar, já sei beijar de língua, agora so me resta sonhar Já sei onde ir, já sei onde ficar Agora so me falta sair. Não tenho paciencia pra televisão, eu não sou audiencia para solidão. Eu sou de ningúem, eu sou de todo mundo e todo mundo me quer bem. Eu sou de ninguem, eu sou de todo mundo e todo mundo é meu também. Já sei namorar, já sei chutar a bola agora so me falta ganhar Não tenho juízo se você quer a vida em jogo eu quero é ser feliz. Não tenho paciência pra televisão, eu não sou audiência para solidão. Eu sou de ninguém, eu sou de todo mundo e todo mundo me quer bem. Eu sou de ninguem, eu sou de todo mundo e todo mundo é meu também. To te querendo como ningúem, to te querendo como Deus quiser. To te querendo como eu te quero, to te querendo como se quer. To te querendo como ninguém, to te querendo como Deus quiser. To te querendo como eu te quero, to te querendo como se quer...
Esta canción, dedicada a los amantes bogotanos, a los bogotanos con ganas de vivir amando la vida, respetando la vida, buscando y amando el amor.
FISICA Y QUIMICA ALBUM DE 1992 "El amor es física y química"
Como siempre, como lo ordena el calendario Maya, en los malos tiempos hay que derrochar buena energía. Después de la visita de Manu Chao, que encendió la fiesta de fin de año en Rock al Parque con un tremendísimo fin de semana rumbero que se inició con el lanzamiento del nuevo album de Aterciopelados, "Oye". Tremenda fiesta y descarga de buena energía. Después, hace unos días, nada mas y nada menos que Jorge Aragao, en el Gaitán. Ya habrá tiempo para hablar de este legendario músico brasileño y escuchar su potente música.
La rumba no para. Ahora viene Sabina.
Regresa después de nueve años, cuando se presentó en el Palacio de los Deportes. Fuí uno de los pocos que asistieron a ese concierto, memorable para mí. Fuí con Carolina, perdición de mi vida, mi amigo Juancho y Lucía, amiga de Carolina.
A Carolina no le gustaba Sabina, ni lo conocía. A Lucía le encantaba, cosa rara en aquellos tiempos en que era prácticamente desconocido en Colombia. Raro también porque Lucía estaba buenísima, pero le gustaban los poetas bohemios como Sabina o Tom Waits, me daba cuenta que era una mujer diferente e inteligentísima. Linda e inteligente, que maravilla. Por aquellos tiempos la música de Sabina le enseñaba otra forma de ver el mundo. Le gustaba "La Canción de las noches perdidas", himno subterraneo de los locos por la noche. A mi me encantaba Lucía, conversábamos horas cuando nos enrumbábamos en la universidad, pero ni modo, la mujer que me hacía doler el corazón era Carolina.
Estar en aquel concierto allí era una ironía al mejor estilo de las canciones de Sabina. Mi afición por su música se debe a sus canciones de despecho, despecho que trajo a mi vida la tormentosa relación que viví con Carolina. Por azares del destino fue ella la causante de que llegara a mi vida esta canción, que decidió mi destino pirata, cuya letra dió vida a este blog:
LA DEL PIRATA COJO
"Pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escogo la del Pirata Cojo con pata de palo con parche en el ojo con cara de malo..."
Esta canción me encanta. ¿Quién no ha soñado con vivir otras vidas?, ¿con ser otro diferente a quien tuvo que ser?. Para eso tenemos la imaginación. Nadie mejor que Sabina para decirlo en ésta canción.
Aquella noche del concierto andábamos con Carolina en una etapa de transición, justo en la calma chicha que precede la tormenta. Buscaba respuesta a mi vida y lo que vivía, y Joaquín Sabina y sus canciones me daban una respuesta, señalaban mi destino de amores fugitivos y de amante furtivo. Esa noche la pasamos muy bien. Como es de entender, Juancho le estaba echando los perros a Lucía. Y tuvo toda esa noche para embrujarla, la nena estaba dispuesta y de buen ambiente, que afortunado, lástima que no lo logró y eso aún le duele. A mí me encantaba Lucía, muchas veces tuve que reprimir las ganas de decirle algún halago, alguna palabra que le hiciera saber que era una mujer que ponía a soñar a cualquiera con su voz, su dulzura, su humor, su inteligencia, porque temía que lo tomara a mal.
El concierto estuvo bacano. Un delicioso vodka Absolut fue el mejor complemento a la ronca voz de Sabina. Sus canciones, escritas desde la periferia de la bohemia, son himnos a la libertad y a la vida, a la vida nocturna, a los tragos en los bares, al baile, a los amores clandestinos y a destiempo, al amor profundo, sincero y eterno, a la rumba y sus excesos, a las noches de derroche sin fin, a las noches perdidas. Y esa noche casi se cumple.
Luego del concierto Lucía tuvo la idea de ir al camerino de Sabina. Fuimos. Había gente esperando. Alguna personas entraban y salían del camerino, desde afuera le gritábamos a Sabina para que saliera. Por fin salió. Tenía una copa en la mano. No se si sería una alucinación, pero sentí el exquisito olor del brandy Remi Martin. Nosotros estábamos atrás. Después de firmar unos cuantos autógrafos nos miró, o mejor dicho, miró a Carlina y a Lucía. El hombre dejó todo y las atendió. A Juancho y a mí ni nos determinó. El man estaba bien enrumbado, hasta me pareció que tenía la nariz blanca. Firmó los discos que llevábamos y las invitó a una fiesta esa noche.
La ironía a la que le canta Sabina se hizo presente esa noche, el disco que le firmó a Carolina era mío, pero firmó a nombre de ella, ese fue uno de los tesoros que ella se llevó de mi vida. Ojalá Carolina se acuerde de ese disco y lo conserve con la dedicatoria de Sabina en el álbum "Yo, mi, me, contigo", buenísimo. Esa noche nos pegamos una rumba monumental, pero no con Sabina. Nos fuimos al mirador, allí comimos y bebimos aguardiente, que les encantaba a ellas dos.
Luego nos fuimos de rumba a un lugar que se llamaba "La Estación". Tremenda rumba. Juancho intentaba por todos los flancos hacer ceder a Lucía, pero nada. Además el hombre pecó por trascendental y pesimista. "Me gusta Sabina porque cuenta historias diferentes", me dijo Lucía, "me gustan las canciones que cuentan historias". "Y también te gusta que te echen el cuento, por supuesto", le dije. "¿Claro, a que mujer no le gusta?", me respondió. "Afortunado Juancho, que te puede echar el cuento, si yo fuera él estaría muy feliz", le dije. Lucía me miró con distancia y sonrió. "Juancho es muy pesimista, no me gustan los pesimistas", me dijo. La suerte del hombre estaba sellada. "Yo sólo quiero vivir, trabajar, poder irme de rumba, no joder a nadie, ser un pirata cojo como el de la canción de Sabina nada mas, así sería feliz". No se cómo seguimos conversando hasta llegar a la pregunta: ¿Era Jesús un escenio?. En aquellos días nunca pasó nada entre ella y yo. Yo seguí con Carolina durante dos años mas, en un doloroso proceso de lenta extinción del amor.
La vida me dió la revancha. Después de tanto comer mierda con Carolina, mientras adorables mujeres pasaban por mi lado mientras yo me negaba a ellas, algún dios justiciero decidió que era el momento de resarcir . Me volví a encontrar a Lucía hace un tiempo, en un curso en Cartagena, al que me envió la empresa donde trabajaba. Que sorpresa y que agradable verla. Los años habían asentado en sus bellas facciones lo mejor de ella, en su mirada reflejaba la vitalidad, seguridad y libertad interior de las mujeres a los treinta años. Retomamos nuestra antigua conversación sobre la gran pregunta: ¿era Jesús un escenio?, y volvimos a la rumba. Ya no estaba Carolina en mi vida. Al final, en la playa cartagenera, en plena rumba de despedida del curso, bailando cumbia y vallenato apretao frente al mar, le dije lo que siempre quise decirle durante años. Fue una noche inolvidable. Recorrimos las calles llenas de historia, y de historias, del centro histórico de Cartagena. Hasta pasamos por la casa del Gabo y le golpeamos, pero nadie abrió. Sólo me faltó llevarla al estratégico lugar desde el cual Florentino Ariza le tocaba valses a Fermina Daza, donde el viento llevaba la melodía a su ventana. El amor es Física y Química, dice Sabina que dijo un fulano, y como dice Sabina: "nos besamos en cada farola". Curiosamente cuando llegamos al hotel, donde le iba a quitar la ropa, encendí la radio y estaba sonando esa canción que están escuchando: LA CANCIÓN DE LAS NOCHES PERDIDAS, homenaje a los amantes de la noche y a las mujeres como Lucía.
LA CANCION DE LAS NOCHES PERDIDAS
"Esta es la canción de las noches perdidas que se canta al filo de la madrugada con el aguardiente de la despedida por eso suena tan desesperada...
...Esta es la canción de las noches perdidas si quieres te la cambio por un rato en tu cama..."
Entonces, nos espera el miércoles de rumba corrida con Joaquín Sabina, este 15 de noviembre, en el Palacio de los Deportes. Para seguir de rumba y celebrar la clasificación de Millonarios a la final del campeonato.
FOTOS DEL CONCIERTO
Esta foto se publica por cortesia de JM, autor del blog "Si es para un regaño no estoy". Comparto plenamente el mensaje y significado del título de éste blog, algo que siempre quise decir en mis primeros años de trabajo, cuando tenía que soportar como jefes a unos imbéciles que creían que ser jefe es simplemente mandar y no hacer nada.
"Si es para un regaño no estoy", divertido y profundo blog, sincero y desprovisto de poses intelectuales, donde su autor expone en carne viva uno de los mas grandes tormentos que debe sufrir quienes nos vimos condenados a ser hombres, a asumir el papel de "machos" de la especie humana: la arrechera continua, ordenada por la biología, para mantener la especie. No es fácil vivir con la calentura permanente, pues es algo inevitable por nuestra naturaleza, pero no somos animales, somos seres humanos, así que estamos condicionados por los comportamientos sociales que nos obligan a reprimir nuestros vivos instintos.
Gracias mil a JM por ésta foto. Les recomiendo la lectura de éste blog, se van a divertir, y sobre todo, a conmover con las tribulaciones de un colombiano en el siglo XXI.
De vez en cuando algunos columnistas de los medios se dedican a reflexionar sobre las causas del desbordante talento colombiano para la violencia. Curiosamente muchos de ellos concluyen que somos un país violento porque somos un país que se dedica poco y mal al amor. Somos un país mal follado.
Una verdad es que vamos levantando el velo de la falsa y doble moral religiosa y que en términos de sexualidad aun hay mucha mojigatería. Frente a países como Brasil o Cuba, con quienes compartimos muchas similitudes culturales, nuestro abordaje de la sexualidad no ha dejado de hacerse sin represiones de falsa moralidad o religiosidad.
En Colombia el sexo no es un bello, intenso y relajante intercambio de energías, de las cuales puede surgir el amor. Todavía aquí "el hombre propone y la mujer dispone". Por eso es un buen motivo de celebración que la industria del porno de sus primeros pasos en Colombia. En medio de la invasión e imposición cultural que viene de Estados Unidos, nos hace mucha falta vernos y conocernos. Ver cómo nos echamos un polvo, a lo colombiano, no caería nada mal. Tal vez así nos demos cuenta que los colombianos somos seres humanos. Tal vez así empecemos a abandonar nuestros deseos muerte y venganza.
Por eso les presento ésta productora colombiana de cine porno: artpunto67 producciones. Cuerpos y gemidos colombianos, no muy diferentes de lo que hacemos nosotros. Estas películas tienen mas identidad que el tonto cine colombiano que tanto se está promocionando ahora, películas que parecen televisión llevada a la gran pantalla. Los dejo con la página web de ésta productora, allí podrán saber un poco mas de las películas que producen, de algunas de sus estrellas porno y también de los castings que organizan, por si se animan.
De rumba en la Fourty Nine (La 49), prostíbulo de Bogotá.
La primera de whisky se fue pronto. Eramos bastantes y los mexicanos le daban duro al trago, pero no sólo eso, las chicas que estaban sentadas con nosotros contribuyeron con dedicación a vaciar la botella. En ese lugar, la Fourty Nine, les pagan por ayudar a que los clientes consuman generosamente el licor. Pronto hubo que pedir otra. Aparte de nosotros seis (los tres mexicanos: César, Rafa y Aurora, la productora de tv; Castillo, Pinzón y yo) había dos chicas mas: Diana, la muñeca de rostro oriental y Bárbara, otra belleza, de Manizales, de piel blanca, delgada, rostro fino y unos senos naturales (sin cirugías) hermosísimos.
Bárbara y Castillo se habían caído muy bien. Castillo intentaba mantener las apariencias, sobre todo ante mí, que era nuevo en la oficina y porque venía con muy buenas recomendaciones. Sin embargo para él era imposible ocultar su gusto por las mujeres, y en éste caso por Bárbara, lo cual a mi no me parecía mal. Esa noche me confesó que temía que yo llegara con chismes a la oficina, que pudieran afectar su profesión. "Hombre, todo bien, estamos en el siglo XXI, otra cosa es que usted se tumbe una plata, eso sí es un delito", le dije.
La Fourty Nine, putiadero de Bogotá
Lo que pasa es que nuestra sociedad, colombiana y bogotana, es bien jodida, conserva una doble moral apabullante y una hipocresía enfermiza que rotulan, maquillan y decoran bajo el epíteto "de las formas y el comportamiento de la gente de bien". Ese concepto "gente de bien" casi siempre alude a un sector de la sociedad, la élite, y su triste émulo, la clase media arribista, que algún día aspira a ser aceptada en este intocable sanedrín social.
Pero ésta "gente de bien" es la máxima responsable de nuestra decadencia como sociedad y de nuestro proyecto fracasado como nación, porque esa misma "gente de bien" se enriqueció sin escrúpulos del narcotráfico, en sus comienzos, para luego declararse sus fieros perseguidores, en su deseo de cumplir las órdenes impuestas por Estados Unidos. La historia de Pablo Escobar es bastante elocuente acerca de ese episodio oscuro de nuestra historia. La familia del presidente Uribe es tan sólo una, entre las muchas, que sacaron provecho de ésta circunstancia y acumularon grandes riquezas. Primero, dieron platica a Pablito, para que con sus "habilidosos negocios" la multiplicara. Lo toleraron, se hicieron los locos como autoridades políticas que eran, permitieron que hiciera a su antojo todo lo que quiso. Alvaro Uribe, por ejemplo, se hizo el loco cuando era director de la Aeronáutica Civil, en los años en que Escobar coronó muchos vuelos con las avionetas que llegaban de Estados Unidos, cargaban de droga y luego regresaban, cruzando a sus anchas el azúleo cielo colombiano. La cosa cambió cuando Escobar se empezó a volver una figura política y empezó a ser reconocido y a ser más importante y necesario que ellos.
Esas fortunas hoy las vemos materializadas en hectáreas interminables de tierras y fincas dignas del latifundismo de la época del feudalismo.
Esa misma "gente de bien" se ha seguido enriqueciendo, indirectamente, del narcotrafico y la delincuencia y fueron quienes formaron sus ejércitos privados que desembocaron en esa atrocidad que es el paramilitarismo. Eso para no ir mas lejos en nuestra historia, cuya mancha sangrienta se remonta a los nefastos años treinta y cuarenta, y, la verdad, muchos años mas atrás. No hay que olvidar que las guerrillas liberales son las antecedentes de las FARC (Tirofijo, en sus primeros años de lucha fue un liberal declarado y consumado, por eso se fue al monte a pelear) y fueron creadas e impulsadas por notables políticos de la época, como Carlos Lleras Restrepo, o el hoy rememorado, y loado por sus descendientes, Alberto Lleras Camargo.
Ese es un tema interesante para un post. Pero mejor volver a aquella noche.
Castillo, encantado, bailaba bien amacizado con Bárbara.
Ella, además, era una mujer muy simpática, tanto, que nos invitaba a Pinzón y a mí a bailar también, y hasta nos trajo a dos hermosas amigas suyas. La que se sentó a mi lado era una mujer de piel canela, deliciosa, que a los diez minutos ya me estaba proponiendo hacer negocio. La otra se sentó al lado de Pinzón, una mujer pequeña, de piel canela también y con cuerpo impresionante, que no parecía muy amable con él. En realidad Pinzón no es muy hábil con las mujeres pues el hombre es bastante tímido y habla poco, y cuando está nervioso sólo dice estupideces. Pero es un tipo de buenas intenciones.
"¿No te quieres ir conmigo?", me dijo mi acompañante. "Me encantaría... ¿cómo te llamas?". "Dulce", me dijo. "¿Dulce?... ohh... que bien", dije. Recordé la película "Highlander", donde hay un personaje con éste nombre. ¿Lo recuerdan?. Habían demasiados apuntes cinematográficos esa noche, como para no creer. Me causó gracia. "Irse contigo debe ser una experiencia muy dulce", le dije. "¿No quieres probar?", me dijo. "Me encantaría probarte Dulce, pero últimamente me dan muy duro los sabores fuertes". "Yo te trato con cuidado, bien rico, te hago de todo, lo que mas te guste, te dejo hacerme lo que quieras", me dijo mientras sonreía. Me puse nervioso. Esas palabras me pusieron al rojo vivo. "Ese cuerpo tuyo es digno de adorar noches interminables", le dije. La mujer estaba buenísima, hay que decirlo, y la conversación estaba subiendo la temperatura, pero esa noche yo sólo quería bailar y disfrutar con la música, nada más. Hacía algunos meses había vivido una experiencia intensa con una mujer que conocí en un burdel, la cual relaté parcialmente en éste post. Aunque fue algo inolvidable, que me enseñó y mostró muchas cosas de la adorada Bogotá subterránea, ahora quería vivir experiencias mas moderadas. También es que los treinta ya me pesan.
ESTA ES LA DULCE, LA PROSTITUTA DE LA PELICULA,
LA DE AQUELLA NOCHE ESTABA MUCHO MEJOR
"Si tu quieres este cuerpo dulce será tuyo", dijo.
Noté que ella miraba a una mesa que teníamos enfrente, que acababa de ser ocupada por dos manes veteranos, con su barriga despuntando, chaqueta de cuero y numerosos brillos dorados saliendo de sus manos y sus cuellos. Uno de ellos le sonreía. Dulce me miró. "Por doscientos me voy contigo, el tiempo que quieras", me dijo, "y eso que cobro más, pero tu me has caido bien y eres lindo... así que aprovecha". ¡Que propuesta!. No se que me atrajo más, si la oferta o que ella veía algun rastro de belleza en mí. Mil imágenes se pasaron por mi mente mientras observaba esa sonrisa provocadora y ese cuerpo que derrochaba deseo.
Miré a mi alrededor, la gente bailaba y gozaba. Sonó un reggetón que ya había escuchado muchas veces y me parecía bacano. La invité a la pista. Ella se empezó a mover al ritmo de la música, bailaba muy bien, se notaba que le encantaba. Ella me sonreía y se meneaba, yo sólo atinaba a mover mi cuerpo y a dejarme envolver por la música, estaba nervioso. Los tipos de la otra mesa no le quitaban el ojo y ella lo sabía. El baile me puso peor, Dulce se movía muy bien. Yo me dejé llevar por la música, pegué mi cuerpo al suyo, la tomé de la cintura y sentí sus formas contundentes. El baile, que delicia es bailar.
Cuando acabó la canción fuimos a la mesa. "¿Y entonces?", me dijo. Yo estaba muy inquieto. No quería enredarme esa noche pero era difícil decir no a una mujer tan exquisita. Había que hacer algo. Le dije que tenía que consultar mi billetera, ya que debíamos pagar la cuenta y cada botella de whisky costaba su buen dinero. ¿Que hacer?. No estaba en condiciones de tomar una desición sensata.
Recordé a Jack La Motta, el boxeador, en la película "El Toro Salvaje".
Me puse de pie, tomé el vaso de whisky vacío y lo llené de hielo. "Aquí te espero", me dijo, con una sonrisa sexual y provocadora. Sentí un corrientazo por todo el cuerpo y hasta llegué a sentir un leve dolor de testículos, como el que se siente cuando uno quiere hacerlo y no puede. Mis compañeros de mesa departían alegremente. La mujer que estaba con Pinzón se había ido y Pinzón miraba como hipnotizado a Bárbara, que reía y trataba con cariño a Castillo. Diana y Rafa ya se estaba entendiendo muy bien, César y Aurora, abrazados, hacían comentarios divertidos sobre el alegre ambiente que se vivía. Me sonrieron con picardía cuando me puse de pie.
Me fui al baño. Me eché agua en la cara y me miré al espejo.
Mierda, se me veían algunas arrugitas al lado de los ojos. "Ya estoy viejo, coño", pensé. Adios juventud, bienvenida adultez. La madurez ya se aproxima. No, no podía, otra noche de desfogue y no sabía adonde llegaría. Tomé el vaso, entré en el servicio, me quité los pantalones con cuidado e hice lo que hizo Jack La Motta en la película: me puse hielo entre las piernas para calmar la calentura. De inmediato mi hombría reaccionó y mis inflamadas y calientes partes nobles empezaron a encongerse y enfriarse. Así estuve un buen rato hasta que retomé el control. Era mejor no pensar en nada, no imaginar nada, porque me volvería a calentar. Cuando regresé a la mesa Dulce ya no estaba. "Mi amiga se fue", dijo Bárbara. "Se cansó de esperarte". Miré a todos lados, a ver si la encontraba. No la encontré. César y Aurora, sonrientes, me hicieron un gesto de resignación. "Tardaste mucho cabrón", me dijo César, y me dió un golpe de reproche en el hombro.
Poco después descubrí, en la pista llena de gente, a Dulce, que bailaba con uno de los hombres de la mesa de enfrente.
Los mexicanos, que llevaban una semana por acá en Bogotá, querían salir de rumba. Hay que ser amable con los extranjeros y las extranjeras en Bogotá.
La verdad, se habían ido de juerga todos los días, con Castillo y Pinzón, los dos manes con los que yo estaba trabajando temporalmente. Como estaba aún novato, enterándome de la dinámica de mi nuevo trabajo, no había tenido tiempo de conocer a los mexicanos. A mis dos compañeros sí, un poco. Sólo iba a estar con ellos un mes, mientras me adaptaba al medio, y luego viajaría.
Escorts, prepagos, putas o profesionales del amor
También forman parte de la Bogotá subterránea
Castillo, un man de Barranquilla, era el que hacía de jefe. Es decir, no hacía nada, sólo dar órdenes, y era un idiota. Pero eso sí, tenía un ambiente, siempre andaba cagado de la risa y haciendo bromas... menos cuando corría el riesgo de perder plata, que se emputaba como un demonio. Pinzón era el que trabajaba en esa oficina, el hombre todo el día de un lado a otro, manteniendo a flote el negocio. Pinzón no era de tan buena familia y por eso todo le costaba el doble de trabajo. Castillo, en cambio, era amigo de hijos de ministros, de gente de la farándula, de empresarios e industriales, de todo el mundo. Si se necesitaba a alguna de las presentadoras de televisión famosas para una publicidad, él las conseguía, al instante, con una llamada telefónica. Todo lo conseguía con una llamada y una invitación a almorzar. Pinzón no, el man sabía de su trabajo, pero se agüevaba cuando no debía hacerlo y la cagaba.
Castillo, como buen costeño, no hallaba hueco donde meterla.
Se comía a todas las nenas que se asomaban por ahí, a todas les echaba los perros y con casi todas tenía éxito. Se estaba comiendo a la secretaria, una chica jovencita, con un cuerpazo, interesadísima, una trepadora. El man se la comió un tiempo y luego la despidió porque la mujer estaba cogiendo mucha confianza.
"Vamos a salir con los mexicanos, ¿se anima?". Era jueves, un pequeño viernes, jueves de juerga: juernes. Cómo me gusta la rumba de los jueves, día en que sale a las calles la gente que de verdad quiere y ama la movida rumbera... ese día mientras iba al trabajo y escuchaba una canción pensaba que era un buen día para salir de rumba. De rumba corrida por Bogotá. "Bien, me apunto".
Fuimos a comer a la 93.
Buena comida, buen trago. Invitamos a los mexicanos, dos manes simpatiquísimos, que iban con una chica que trabajaba como productora en la televisión de México. Castillo, también como buen costeño, se hizo el loco a la hora de pagar la cuenta. Cuando el mesero se acercaba el hombre se puso de pie a hablar por el celular y le sacó el culo a la cuenta. En fin... pagamos Pinzón y yo.
"Y bueno, ¿a donde vamos?". La mujer le dijo algo a uno de los mexicanos, llamado César. El hombre sonrió, se puso de pie y le dijo algo a Castillo. Al final nos metimos en tres taxis y cogimos rumbo.
Llegamos. El sitio estaba lleno, no había mesa. Muchos manes de pie, encorbatados, con cara de empleados en noche de desfogue, con cara de jodidos pero con la mirada iluminada, de asombro y expectativa. Estaban al lado de la pista, a la espera de ser sacados por los orangutanes de seguridad. Como en cualquier lugar del mundo, sólo te respetan si tienes plata. Rafa, el otro mexicano, le puso un billete de diez dólares a uno de los meseros, que de inmediato nos llevó a una mesa ya preparada.
Mujeres, sólo mujeres, bellas, delicadas, algunas arrogantes, otras simpatiquísimas.
Todas hermosas. Cuando nos trajeron las botellas de whisky empezaron a mirar con extrema simpatía. La mujer que nos acompañaba, Cristina, miraba con curiosidad. Tenía gran interés en ir a un club de lujo en Bogotá, a un putiadero de alto nivel. Estaba asombrada con la belleza de las niñas.
Senté a una a mi lado, me encantaba, acuerpada, con un rostro un poco oriental, una muñeca. Parecía interesante, estudiaba cine. "No soy una puta, soy una escort profesional, y algún día voy a hacer una película sobre mi vida", me dijo. "¿Una película?... ¡¡¡uau!!!... espero que me saques a mí como uno de tus clientes mas inolvidables", le dije. No le causó gracia. La mujer se devoraba con los ojos a Rafa, un macho mexicano puro, de los que piensan que a las mujeres les gustan ser golpeadas en la nalga cuando hacen el amor. Con el acento mexicano embrujó a mi acompañante, que se reía de todo lo que él decía. En realidad, en Bogotá, cualquier pobre diablo con acento extranjero embruja a las bogotanas, qué le vamos a hacer, y si es argentino es mucho peor... ya reza el viejo dicho: perdedor argentino en Argentina = triunfador en Colombia. Para la muestra los argentinos que trabajan en la televisión colombiana o los que vienen a jugar fútbol.
Estábamos en la "Fourty nine"por la carrera 13 con calle 49 de Bogotá.
Lugar de relajo y de pernicia, de noches faraónicas y descabelladas, lugar donde el lujo y lo ordinario conviven en feliz armonía. "No soy una puta, soy una escort profesional, y algún día voy a hacer una película sobre mi vida", le dijo de nuevo a Rafa, mientras sonaba ésta canción que reconocí fácilmente, porque era la misma que escuchaba esa mañana mientras me dirigía al trabajo y que me motivó a salir de juernes de rumba.
CHAMBAO
FLAMENCO CHILL OUT
Y esa noche nos pegamos una gran rumba. Les dejo la canción, para que se preparen para un fin de semana de desfogue en la Bogotá subterránea mas intensa.
La lujuria en "El jardín de las delicias" de El Bosco
Mientras nos tomábamos la media de guaro todo empezó a suceder como si fuera un juego.
El hombre de la tienda se acercaba a las mesas cojeando, se movía haciendo un gran esfuerzo. Me impresionaban sus movimientos, retorcía el cuerpo al dar cada paso. Me ofrecí a llevar las botellas de nuestra mesa a la barra pero el hombre se molestó. Todo bien, hay personas que se ofenden frente a cualquier forma de consideración hacia ellos, a mí me pasa lo mismo cuando la gente se entera de mi vida y tampoco me gusta.
De repente llegó un hombre mayor, rubio, con una guitarra muy trajinada. Saludó al hombre de la tienda y se pusieron a conversar. Un momento después el hombre de la tienda quitó la música, el rubio se sentó y empezó a tocar la guitarra. La vida es muy graciosa, hay momentos que parecen escritos por alguien que quiere decirnos algo, los dioses burleteros. El rubio tocó Cocaine, la canción de Eric Clapton. Ahora que la escucho de nuevo pienso que es una canción para ser tocada en Bogotá. Acá se las pongo en una magnífica versión en concierto, interpretada por su autor:
COCAINE
ERIC CLAPTON
La melodía sonaba tan desvencijada como la guitarra del rubio, pero le imprimía un aire muy auténtico al lugar.
Valentina y Juanita escuchaban, encantadas, ya que les gusta el perico y de vez en cuando se meten un pase. Por fortuna esa noche ellas no llevaban perico, no imagino lo que pudo haber sucedido.
En las otras mesas había dos grupos que se estaban gozando las canciones tanto como nosotros. El sonido de la guitarra, desafinada, retumbaba con encanto, algunos acompañaban con su voz al cantante. Que maravilla Bogotá, de verdad. El rubio interpretó algunas canciones de los Beatles y de Bob Dylan.
Después de una tanda paró para descansar. Nosotros lo invitamos a una cerveza. Nos contó que era de Estados Unidos y que llevaba mucho tiempo viviendo en Bogotá. Para ser gringo el man tenía apariencia de jodido pero cuando tocaba la guitarra se notaba que se la gozaba. Conversamos largo rato con él. Se vino por acá gracias a su amor por una bogotana, la bogotana se fue y el se enamoró de la ciudad y del país, que consideraba maravilloso pero difícil. Regresó a su país pero volvió muchas veces hasta que finalmente se quedó. "Lo mejor de Colombia es Bogotá" sentenció, con su acento aún agringado.
Tomó de nuevo la guitarra para la siguiente tanda. La simpatía natural de Valentina y Juanita atrajeron al gringo, que les dedicó una canción, pronunció una frase enredada, guiñó un ojo a mis dos acompañantes y sonrió enseñando en todo su esplendor su dentadura incompleta. Dijo algo acerca de la belleza de las bogotanas y empezó a tocar. Cuando escuché los acordes sentí un estremecimiento en todo el cuerpo.
De inmediato vinieron a mi cabeza las palabras de Andrés Caicedo, celebrando la perversiones que generan en el oyente las canciones de los Rolling Stones, en especial la que interpretaba el gringo.
La noche adquiría un rostro de perfección oscura, tuve la impresión de que en todo lo que sucedía había un mensaje oculto, el presagio pérfido pues la canción que tocó era la perversísima Gimme Shelter, de los Rolling Stones. Ahora, en la distancia, siento que esa canción marcó el ritmo de aquella noche. Aquí se las pongo, en una maravillosa versión en concierto, con Mick Jagger en su mejor momento:
GIMME SHELTER
PERVERSA CANCION DE LOS ROLLING STONES
Cuando terminamos la media de aguardiente la noche se disparó.
Las cosas acontecieron como en cortas escenas. Salimos del bar. "Estaba bueno el guaro", dije, mientras los tres caminábamos dando tumbos. Valentina tomó camino y nosotros la seguimos. "¿A donde vamos?", pregunté. "A fumarnos un bareto", dijo Valentina. "¿En donde?". "Allí, en un parque que conozco". "¿En la calle?". "Claro, en la calle, no me diga que tiene miedo". “No, que va”, dije, espantando de mi cabeza la idea de que la policía nos pillara y arruinara todo. Si un o piensa que algo malo va a pasar atrae las malas energías y lo que se ha oensado finalmente sucede.
No dije nada más, simplemente me dejé llevar. Juanita me miraba y sonreía, abrazaba a Valentina y le decía cosas al oído. Pasamos frente al bar Casa de Citas y llegamos al parquecito que hay en la esquina de esa calle. El parque tiene una valla pero estaba abierto. Entramos. Nos sentamos en una de las banquitas, al lado de los columpios. Valentina sacó de su cartera una pequeña bolsita con una hierba verde y aceitosa. “Ármelo usted, que es el especialista”, me dijo. Empecé a armar el bareto mientras comentábamos las maravillas que se pueden vivir en Bogotá. “Esto no se puede hacer ni en Madrid, ni en Berlín, ni en Ámsterdam”, dijo Valentina. Yo las miré, las dos lindas, sonrientes. “Que maravilla estar con ustedes otra vez”. “Ay, se nos puso tierno el muchacho”, dijo Valentina. Las dos se acercaron y me dieron sendos picos.
El bareto estaba listo, lo encendí, le pegué unas cuantas caladas y lo pasé a Juanita.
Ella pegó una calada y miró con atención el porro, cilíndrico, bien formado. “Me encanta como armas los baretos”, dijo, con la lengua un poco enredada. “Si ve Juana, ya está hablando trabado, le dije que el guaro le iba a pegar duro”, dijo Valentina. “Me encanta, me encanta”, volvió a repetir Juanita. "Bueno, en ese aspecto soy un profesional", dije. "Es que usted es un duro, se las sabe todas", dijo Valentina, con burla. "No todas, tan sólo las suficientes para vivir como me gusta", respondí. "¿Y como te gusta vivir?", dijo Juana. "Sin ataduras, con la mente libre de prejuicios", dije y sonreí. Valentina y Juanita sonrieron. "Es que él es lindo, ¿cierto?”, le dijo Valentina a Juanita, que afirmó sonriendo. Valentina me abrazó y me dio otro pico. Me pasaron de nuevo el bareto, del que quedaba un poco. Ambas estaban mareadas y no querían más. “Bueno, ahora si vámonos de rumba, de rumba corrida”, les dije, mientras me acababa lo último que quedaba. Estábamos de buenas, cuando salimos del parque llegaron un par de policías en moto, olisqueando.
Nada pasó.
Bar Escobar y Rosas, uno de los mejores bares de Bogotá
“¿Y a donde vamos?“, preguntó Valentina. “A Escobar y Rosas”, les dije.
Llegamos al bar, les pagué la entrada y entramos. Ya estaba lleno. Logramos ocupar un espacio en la barra y nos acomodamos. Pedimos tres dry martinis. A esta altura de la noche los tres sentíamos los efectos del guaro, la cerveza y la bareta. Mientras Valentina y Juanita conversaban entre ellas y reían, yo observaba a mi alrededor, abstraído. Miraba con sorpresa a la gente en el bar, disfrutando, riendo, compartiendo. Sentí mucha alegría de ver a la gente bogotana, de observar a la gente de mi ciudad pasándola bien, simplemente bien, descargando buena energía, esa energía bogotana, andina, esa energía de altiplano profunda y poética. La música estaba buena, yo me movía mientras bebía, en pequeños sorbos, el delicioso dry martín que sirven en Escobar y Rosas.
Juanita se puso de pie y se acercó a un man. “La Juana ya está borracha”, dijo Valentina, cagada de la risa. Cuando volví a observar a Juanita se estaba besando con el tipo. "Empezó la fiesta", le dije a Valentina. Juanita volvió, con un gesto de triunfo. Me miró. "Que afortunado ese man, le regalaste lo mejor de la noche", le dije. Juanita miró a Valentina. "Quiero darte un beso", le dijo a Valentina. "No Juana, no quiero besarla", dijo Valentina. "Voy a besarlo a él". Juanita me besó, así, de sorpresa. Valentina miraba a todos lados y sonreía. "Oiga Juana, los amigos del tipo ese que besó están que miran". "Ah, que va... besémonos Valentina", dijo Juana. "Que no". "Que pasa Vale, no me diga que ahora te pesan los treinta... mira estos manes de la barra, esta gente se sorprende con nada, a mi no me importa besarme con ustedes", le dije. "Si, claro, cómo no... usted feliz", dijo. "Vamos Vale, que pasa... ¿a los treinta ya no te gusta la aventura?, ¿ya no te quieres romper las convenciones de esta sociedad tan conservadora?". Valentina nos miró, resignada. Me besó primero, largo, profundo. Luego me besé con Juanita, beso apasionado, apasionadísimo. Luego ellas dos se besaron. La gente de la barra nos miraba con asombro, algunos nos miraban como si fuéramos herejes en una iglesia. Por dentro yo sentía una carcajada a punto de estallar, siempre me causaba gracia la reacción de la gente cuando hacíamos eso. Ellas dejaron de besarse. "¿Contentos?", dijo Valentina. Los tres soltamos una carcajada.
Un momento después llegó una amiga de Valentina, las dos se pusieron a conversar. Juanita me tomó la mano y la puso en su firme culo. "Quiero que me comas esta noche", me dijo al oído, "esta será la única noche". Valentina no escuchó. Me dí cuenta que era algo que sólo iba a quedar entre los dos. Juanita me volvó a besar y apretó de nuevo mi mano contra su culo. Yo lo tomé con fuerza, sentí su cuerpo firme, lindo. Nos movimos un poco al ritmo de la música. Yo, detrás de ella, la apreté contra mi cuerpo con fuerza y besé su nuca. Sentía un extraño júbilo dentro de mí. El olor de su cuerpo me llenó de deseo, me conmovió, me llenó de calma y felicidad. Siempre esperé tener algo con Juanita, y la forma como estaban sucediendo las cosas me parecía mágica. La sentí intensamente, ella, de espaldas a mi cuerpo apretándose contra mí con fuerza. La amiga de Valentina se fue. Solté a Juanita y me di vuelta para conversar con Valentina. Juanita trastabilló y alcanzó a resbalar. "Juana ya está borracha, vámonos", dijo Valentina, molesta.
Salimos del bar. Los tres caminábamos dando tumbos.
Cogimos calle arriba, por la calle trece. Juanita y Valentina se fueron adelante, abrazadas, conversando entre ellas. Yo, detrás, las observaba, desconcertado, no sabía que iba a pasar. Llegamos a otro bar, que conocía Valentina. El bar estaba vacío. Valentina se puso a conversar con el dueño. Nos sirvieron cervezas. Sonó una canción de Willie Colón, "Oh, que será". Juanita me invitó a bailar. Fuimos hacia la pista, donde Valentina no podía vernos. Nos abrazamos y empezamos a bailar.
Nos besamos con ganas.
Quiero poner la canción, para que la escuchen, para volver a vivir en el recuerdo ese momento.
OH QUE SERA
WILLIE COLON
Bailamos despacio y nos besamos durante toda la pieza. Yo la besaba con el deseo y el gusto de ese momento tantas veces esperado.
Dar un beso con las ganas de la ansiedad, con las ganas y el gusto del beso que tantas veces se quiso dar es una de las sensaciones mas intensas que se pueden sentir. La besaba con el alma, con el cuerpo, con lo mejor de mí, con lo mejor de todo el amor pasajero que muchas veces quise darle. Yo pienso que Juanita sintió eso, mi deseo inmenso y profundo de besarla desbordando sus labios. Juanita volvió a decirme que me fuera con ella, que nos fuéramos a hacer el amor. Valentina se apareció y nos vió besándonos.
Salimos. Valentina decidió que la rumba había terminado. Bajamos de nuevo a la Jiménez con cuarta. La calle estaba llena. Había llegado la policía que estaba requisando. Había mucha gente afuera. Nosotros pasamos dando tumbos. Increíble, éramos invisibles a la policía, que requisaba a todo el mundo, y eso que nosotros llevábamos la bareta. De los tres, Juanita era la mas borracha, casi no se podía sostener. Valentina, furiosa, le reclamaba por haber tomado aguardiente. Yo las llevaba del brazo, sosteniendolas cuando trastabillaban. De repente un carro que subía a toda velocidad frenó y se bajaron dos hombres armados, que corrieron hacia nosotros. Mierda. Detrás, también corriendo, venían tres policías con sus armas en las manos. Como pude las metí en un bar. Parece que los tipos se habían robado un carro. En segundos la calle se llenó de polcías armados que lucían sus enormes pistolas en la mano. Que susto tan berraco.
Cuando todo se calmó un poco bajamos hacia el parqueadero. Valentina entró a sacar el carro. Yo me quedé afuera con Juanita, sentados en el piso. Al lado, un policía armado vigilaba la calle. Ella recostó su cabeza en mis piernas. Yo le acaricié el cabello, le acaricié el rostro. Ella me miraba, en silencio. Yo miraba sus cejas, negras, hermosas. "Juanita, que linda eres", le dije, con sincero sentimiento. Ella se incorporó, se sentó a horcajadas sobre mí y empezó a besarme. Yo estaba mareadísimo, borrachísimo.
La bese con deseo, metí toda mi lenga en su boca, le levanté la blusa y besé sus senos, que no conocía, que no había probado, firmes, no muy grandes, sus pezones, gruesos, deliciosos, los recorrí con mi lengua, apasionado.
A nuestro lado el policía no se daba cuenta. Las personas alrededor miraban hacia la calle, donde capturaban a los hombres del auto. Alguien, a lo lejos, nos señaló, algunos nos empezarpn a mirar. Nos besamos sin pensar en nada mas. Ella se frotaba con fuerza contra mi cuerpo. Poco después salió Valentina.
El viaje de regreso lo hicimos en silencio. Valentina y yo adelante, Juanita atrás. Valentina nos dejó en el edificio donde vivía Juanita, en la quinta con setenta. Nos bajamos y ella arrancó, molesta, sin despedirse. Juanita no se podía sostener de pie, pero insistía en que subiera con ella. Yo no sabía que iba a suceder, no pensaba, solo me dejaba llevar.
Subimos. Abrazados, besándonos, llegamos a su apartaestudio. Juanita, de la borrachera, no podía abrir. Busqué las llaves en su bolso y abrí. Juanita reía. "Mañana no me voy a acordar de nada, esto sólo puede pasar hoy", me decía. Yo la miré. Recordé la frase de García Marquez "Uno viene a este mundo con los polvos contados". Ella quería estar conmigo una noche y nada más. Yo no era su tipo, soy un subterráneo, un vagabundo, un itinerante, un gitano que detesta las formas de la gente bien que a ella le encantaba, no era como los manes que a ella le gustan y así iba a ser. Sólo me correspondía esa noche y nada más. La besé para callarla. Entramos abrazados, besándonos, estrellándonos contra todo llegamos a la cama. Nos besamos un rato. En mi cabeza retumbaban sus palabras, me incorporé. Sentía una mezcla de dignidad, de humillación pero también de orgullo, pues allí estaba ella, deseando estar conmigo.
Sexo real y amistad como en la película
"Nine songs" de Michael Winterbottom
Juanita sonreía y me miraba desde la cama. Poco a poco se quitó la ropa hasta quedar desnuda.
Observé su cuerpo delgado y firme, sus piernas largas moviendose como las extremidades de una medusa, llamándome, su pubis oscuro, custodiando un secreto delicioso. Allí estaba, en todo su esplendor, en toda su plenitud, el poder femenino, el delicioso sexo femenino llamándome, y yo, frente a él, sin poder decir que no, cuando tal vez debía decir que no. Me sentí un ser inferior, un animal esclavo de su instinto, sentí la verdad de ese principio que afirma que los hombres somos inferiores a las mujeres porque somos esclavos de los instintos, mientras ellas los manejan a su antojo. Me quité la ropa. "Me gustan tus tatuajes, me gusta tu cuerpo firme", me dijo. Si alguien ha visto la película "Nine Songs" podrá hacerse una idea de cómo es Juanita, pues se parece mucho a la protagonista, delgada, bella.
Me recosté a su lado y la besé. Empecé a explorar su cuerpo caliente.
Puse mi mano entre sus piernas, estaba mojadísima. Me puse sobre ella y empecé a besar su cuello, sus senos, sus pezones, su vientre. La besaba y la mordía. Ella reía, "que rico", decía. Bajé mas y besé su vagina, humeda, deliciosa. Besé, lamí, chupé, recorrí con mi lengua sus labios, su clítoris, besé con mis labios su sonrisa vertical. Ella sonreía, complacida, con sus manos acariciaba mi cabeza. Su cuerpo empezó a temblar. Probar su cuerpo aumentó mi deseo, sentir el sabor de su vagina en mi boca me hizo perder la razón. Como loco buscaba introducir mi lengua cada vez más, pasaba una y otra vez mis labios y mi lengua por su clítoris, por sus labios. Ella me atrajo hacia su rostro y nos besamos, metió su lengua en mi boca, me hizo dar vuelta y se puso sobre mí. Busqué un condón que tenía a mano pero ella me lo quitó. "Sin condón", dijo. Lentamente hizo que yo la penetrara. En cada corta embestida suspiraba con fuerza. La sentía mojadísima y eso me exitaba aún más. Empezamos a movernos con mas ritmo, ella se apretaba, haciendo que yo la penetrara profundamente, sonreía y me besaba. "Quiero que me comas como lo hacías con Valentina", dijo. Poco a poco aumentamos el ritmo. Yo respiraba con fuerza para no venirme antes de tiempo, llevando el ritmo de la respiración. Ella se vino, se mojó aún más, emitió un gemido largo y hondo.
Sin detenerse se incorporó y se dio vuelta, para que yo la tomara por detrás. Así descubrí su tatuaje. Era un tribal cuya visión me volvió loco. "Dame duro", me dijo.
Lo hice con ritmo y con fuerza, a ella le gustaba. "Duro, duro", me decía. Se recostó, aún de espaldas y así la pude penetrar profundamente, sin cesar. Ella gemía, "que rico...", decía. Yo me detuve, lo quería hacer de frente, mirándola a los ojos. Ella se dió vuelta. Yo la miré a los ojos y la penetre así, mirandola con fijeza. Empezamos a hacerlo así, yo empujaba con fuerza, para estar dentro de ella cada vez mas, cada vez más. Ella, mojadísima, sonreía y no dejaba de mirarme a los ojos. "Córrete dentro de mí", me dijo. No supe que decir. Ella tomaba mis nalgas con fuerza y las atraía, me clavaba las uñas. Aceleré el ritmo. "No pares, no pares, me voy a venir", me decía. Controlé la respiración, hice un gran esfuerzo para evitar venirme antes que ella. Ella volvió a emitir un gemido largo y hondo, se estaba viniendo. Sentí que se mojó aún más, perdí el control y aceleré el ritmo, sin detenerme. Sentí que me venía, empujé con fuerza dentro de ella, una penetrada profunda que repetí una y otra vez. Ella me clavó las uñas en la espalda. Me vine, sentí que salía de mí un río completo mientras nos mirábamos a los ojos... ella sonrío. Nos quedamos un rato abrazados entrelazados, respirando agitadamente, recuperando el aliento, yo sobre ella sudando como un caballo, luego nos separamos.
Juanita se durmió. Yo estuve un rato despierto, mirándola, pensando. Había caído de nuevo. La lujuria de la cual me creí curado volvía a mí.
Me sentí mal, tuve la sensación que había entrado en el túnel de mi decadencia, camino oscuro que iba a durar mucho tiempo. Me puse de pie y me vestí. Ella ni se dió cuenta. Yo salí, bajé a la séptima. Estaba a punto de amanecer. Busqué algún lugar donde comer algo, estaba hambriendo y con una sed del carajo. Sentía una mezcla de felicidad y tristeza. En mi cabeza retumbaba ésta canción, un flamenco llamado "De los malos", que retrata fielmente mi caída. La pongo aquí para que la conozcan, para que me conozcan un poco más.
DE LOS MALOS
EL BICHO
"Y yo que soy de los malos,
quisiera volverme bueno..."
Ese día no la llamé. Pensaba en ella y en todo lo sucedido.
No la llamé al día siguiente ni en toda la semana, ni en mucho tiempo. Ella tampoco me llamó. Un mes después, cuando hablé de nuevo con Valentina, me dijo que Juanita le habia dicho que no recordaba nada de lo sucedido esa noche. No volví a hablar con Juanita hasta un año después, en un asado de despedida que le hicieron a Valentina. Sin embargo yo seguí pensando y recordando muchas veces lo sucedido esa noche. Conseguí "Nine Songs", la excelente película de Michael Winterbottom, sólo porque Juanita se parece a la actriz, porque su sexo desbordado me recuerda esa noche en que hice el amor con ella, porque sentí que así he vivido, un poco, el sexo bogotano, el sexo en Bogotá. Esta sociedad lucha por librarse del manto conservador que le ha impuesto su élite oscura. Esta sociedad mojigata pero lujuriosa, a la cual pertenezco, pues también soy un poco mojigato ya que soy bogotano.
Cada vez que veo esa película me acuerdo, con nostalgia de esa noche en que sellé mi destino, cuando volví a caer en la enfermedad de la lujuria bogotana.