miércoles, febrero 01, 2006

CINE SUBTERRANEO

Uno de los agradables pasatiempos que he podido reproducir aquí, tal como lo hacía en mi amada Bogotá, es ir al cine. No de de la misma forma, por supuesto, ya que mi cinefilia en Bogotá adquirió una meticulosidad ritual que fue un gran alivio para las tensiones del trabajo. Muchas veces llegaba a casa exhausto, con la cabeza hecha un lío, y para despejarme simplemente me fumaba un baretico y me iba a cualquier cine donde dieran algo atractivo. Y en mis horas de navegación pirata en la red intentaba estar al atento de las novedades cinematográficas. Infelizmente aquí en Madrid la deliciosa marihuana bogotana brilla por su ausencia, afortunadamente no ocurre lo mismo con el buen cine.

Aquí he podido ver algunas de las películas del director de moda, el coreano Kim Ki-Duk. Su película La isla causó gran impacto en el festival de Venecia, en el 2000, y desde ese momento la atención del mundo cinematográfico empezó a indagar en su filmografía y a recibir con expectativa sus producciones cinematográficas. Su película Bad Guy fue considerada una de las mejores cintas exhibidas el año pasado en países con públicos exigentes y tradición cinéfila como España y Cuba. En algunas entrevistas Kim Ki-Duk ha hecho afirmaciones maravillosas para cultores de los mundos subterráneos, como yo: "Siempre me he sentido un fuera de la ley que se niega a colaborar con el sistema". Esta estupenda sentencia define sus películas. Simplemente contundente.

Por ésta y muchas razones más me moría de ganas por ver sus películas, no sólo por los comentarios que había leído, también por el auge del cine asiático, que en los últimos 5 años ha revolucionado la industria audiovisual. El cine de terror japonés prácticamente se ha tomado a Hollywood, que incesantemente hacen remakes agringados de películas impresionantes como "The ring" o "El grito". Directores como Hideo Nakata o Takeshi Mike han sido descubiertos con asombro por las grandes productoras norteamericanas y así, de rebote, han llegado a nuestro país. Y desde luego ya se los han llevado a Estados Unidos a dirigir. Personalmente debo confesar que las películas de Takeshi Mike, en especial la famosísima Audition, me han impresionado hondamente por la forma novedosa, estremecedora y verdaderamente aterradora con la que ha renovado el cine de terror. Recomiendo sus películas a los amantes de las estéticas subterráneas.

Una cosa que me sorprende de los directores asiáticos es su exagerada producción anual, son asombrosamente prolíficos, algunos llegan a hacer hasta tres películas al año. Para un occidental es bien difícil seguir de cerca su trayectoria artística, yo me pregunto ¿cómo lo hacen?.

Pero no sólo de Japón ha llegado esa oleada de cine. Hong Kong se ha posicionado como el primer país del mundo en producción cinematográfica. De allí provino, quince años atrás, la primera gran invasión oriental. Allí se forjó el hoy aclamado Ang Lee, director de Brokeback Mountain. Allí se formó también Wong Kar-Wai, director de culto con una larga cola de seguidores. Y sigue al acecho el poderoso cine chino con la famosísima dupla, egresada del Instituto de Cine de Pekín, Chen Kaige y Zhang Yimou. La rivalidad entre éstos dos directores es épica y daría para un post, sólo quiero anotar que en la actualidad Zhang Yimou es considerado por muchos críticos como el mejor director de cine del mundo, en especial por sus películas de los años 90, que son simplemente soberbias. Tarantino, gran admirador del cine oriental, tiene a Yimou como uno de sus directores favoritos, a tal punto que produjo una de sus últimas películas: La Casa de las Dagas Voladoras. Chen Kaige, por su parte, trabaja hoy en día en Estados Unidos.

Por aquí se entregaron los premios Goya, cuya película ganadora, La vida secreta de las Palabras de la catalana Isabel Coixet, no he visto aún. En medio de tanta premiación, ya que días antes se habían entregado los Globos de Oro, y precisamente un día después de la entrega de los Goya se anunciaron las candidaturas a los Oscar, me dí a la tarea de escoger la mejor película del 2005, bajo los criterios de la estética subterránea que con ahínco pretende rescatar Bogotá Subterránea. No fue difícil la selección. El filme que más me impresionó en el 2005 fue una película colombiana: SUMAS Y RESTAS.

La ví unas cinco veces. Invité a cuanta amiga pude a verla. Es una película de verdad impresionante. Es la mejor película colombiana de los últimos años. Si las películas de Kim Ki-Duk han causado furor, no me explico que pasará cuando la crítica especializada del mundo logre entender lo que significa Sumas y Restas.

Su excelente guión, bien construído, se hace complejo al extender los lazos interpretativos y relacionarlos con la realidad colombiana. Pero aún sin hacer éste ejercicio la película muestra en todo su esplendor las oscuridades del ser humano y las pervesidades de los valores morales que se han impuesto en la vida posmoderna. Desde un punto de vista universal, la aventura de Santiago es una metáfora más de la sociedad occidental, que ha vendido su alma al dinero y que quiere acharcar a un pequeño grupo de países con dirigentes sin personalidad (como el nuestro) la culpa de un fenómeno mundial, derivado de la revolución industrial y de la deshumanización y el vértigo de la insaciable dinámica económica mundial. Y también resume una verdad aún no reconocida por la sociedad occidental: que la riqueza de los negocios ilegales van, finalmente, a engrosar los bolsillos de los grandes y corruptos adinerados del mundo, es decir, banqueros, industriales, políticos y demás.

Las escenas en las que Santiago, el Duende y Gerardo consumen bazuco y cocaína son espeluznantes y diabólicas, impresionantes. La misma realización y el montaje llevan al espectador a sumergirse en ese viaje embriagador y en apariencia placentero. La tensión de la película va en aumento y si en un principio se puede sentir cierta complicidad con los personajes, en las rumbas rodeados de espectaculares mujeres semidesnudas, poco a poco todo se vuelve una pesadilla. La secuencia de la competencia en la piscina, semi llena de agua-mierda (como diría Vallejo), en la que las mujeres se lanzan en pos del premio, un super automóvil, es apoteósica. La imagen de la chica ganadora, con la cabeza sangrando, que sonríe mientras es felicitada, es una joya del cine mundial.

Desde una perspectiva más local Sumas y Restas no deja de ser incómoda para nuestra sociedad, que sigue embriagada por la cultura del dinero fácil. Mucho menos para la sociedad antioqueña, que auto-maquillada bajo el discurso de poseer una "cultura del trabajo" creó un monstruo de mil tentáculos que hoy se asoma poderoso sobre el país, representado en quien, en aquellos años, fue director de la Aeronáutica Civil, en los días en que Pablo Escobar coronó la mayor cantidad de viajes posibles de sus avionetas cargadas de coca, que regresaban igualmente cargadas de dólares, los cuales iban a parar a las arcas de las más prestigiosas y orgullosas familias antioqueñas, entre las que despunta el apellido Uribe.

La sociedad colombiana, embriagada de nuevo por la legitimación de las fortunas de los paramilitares, que han inflado una vez más nuestra economía, parece no querer ver que la historia se repite. Como Santiago, nos veremos asaltados hasta por nosotros mismos y no podremos hacer otra cosa más que llorar en un amanecer, con el guayabo en la cabeza y el agrio sabor del perico en la nariz y en la lengua reseca, sin saber en que momento terminamos metidos en ésto. Como Santiago, nos veremos obligados a entregar a los privilegiados de siempre, a quienes la justicia jamás toca, hasta las propiedades de nuestros padres para librarnos de ése infierno.

Me sorprendió que Sumas y Restas no estuviera nominada al Goya. Me sorprendió aún más que una mala película como Rosario Tijeras lo estuviera. Pero aún más sorprendido quedé cuando me enteré que la Dirección de Cinematografía no la propuso como candidata por Colombia a los premios Oscar. Tal vez faltan mejores productores en nuestro país que den a conocer producciones cinematográficas como las de Víctor Gaviria, quien es, de lejos, el mejor director de cine colombiano, muy por encima de Sergio Cabrera o Jorge Alí Triana, a quienes tanto daño les hizo la televisión.

Hay que añadir, además, que Víctor Gaviria trabaja con actores naturales, en la mejor tradición del neorrealismo italiano, pero muy a la colombiana, y muy alejado del faranduleo televisivo que tanto nos agobia. Las actuaciones son impresionantes, a tal punto que se tiene la sensación de estar asistiendo a una especie de documental. Los personajes de Santiago y Gerardo, interpretados por Juan Uribe y Fabio Restrepo, ocupan un lugar de honor en el escaso panteón de personajes memorables del cine nacional. Gaviria participa con ellos en la construcción del guión, en un proceso creativo enriquecedor y vanguardista.

Es, de verdad, un director de cine que ha desarrollado una estética propia, un universo cinematográfico sin concesiones con la patética noción de la "imagen del país", que ha rescatado del anonimato personajes que jamás hubieran llegado a nosotros ni por la televisión, ni por la prensa, ni por la literatura, como los ya mencionados Santiago y Gerardo, o como Rodrigo D o la Vendedora de Rosas. También aborda una temática sin concesiones con el hipócrita orgullo paisa, que vive embriagado en el ego, en el autoelogio sin cuestionarse la realidad y la situación de injusticia social y de precariedad que se vive en sus comunas. Sin una autocrítica seria no hay sociedad que avance.

Hago entrega, entonces, del Premio Cacique Guatavita a la mejor película exhibida en las salas de cine bogotanas en el 2005 , otorgado por la bitácora Bogotá Subterránea, a Victor Gaviria y a su película Sumas y Restas.

La estatuilla:

El Director, sonriente, recibe el premio.


Suena: unos emotivos aplausos.
El Pirata y los lectores aplauden, emocionados.