miércoles, diciembre 28, 2005

SALUDO DESDE LA LEJANIA

Finalmente llegó el momento de hacerse a la mar una vez más. Un pirata que no deambule y navegue por el mundo no merece ser llamado pirata, por eso, una vez más, la vida me ha lanzado por nuevos mares y nuevos caminos del mundo. Para todos los estimados lectores que se han tomado el tiempo de leer ésta bitácora, para los asiduos bloggers bogotanos, latinoamericanos y de cualquier lugar del mundo, envío un saludo, desde los hermosos y caluros mares caribeños. Por ahora, desde la bella Quisquella, bajo el desmesurado sonido del perico ripiao, y el impresionante ritmo de las mujeres caribeñas, les deseo un feliz final de año y lo mejor para este 2006 que se acerca. A TODOS MUCHAS GRACIAS POR SUS LECTURAS Y SUS COMENTARIOS. Prometo pronto un nuevo post, cuando regrese a mi amada Bogotá y a sus mundos subterráneos.
¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

jueves, noviembre 10, 2005

ELEGIA PARA LA RAZA

Esta es una pequeña elegía para el ancestro indígena. 

Hay que recordar que Bogotá es una ciudad cuyos orígenes se remontan al pasado indígena. Estas tierras fueron pobladas por la comunidad más avanzada y más organizada que existía, en lo que hoy se llama Colombia, a la llegada de los europeos: los Muiscas. Este homenaje, entonces, de la Bogotá Subterránea, donde permanecen vigentes y vivos los antiguos espíritus de éstas tierras del altiplano, homenaje para la raza de todo el continente.

CANTO DEL TAITA DURANTE UN RITUAL DE YAGE



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Este es el canto del Taita durante un ritual de yagé, en la selva del Putumayo.


En estos momentos en que el gobierno colombiano se dispone a aprobar una ley para talar nuestros bosques, que beneficia a las grandes multinacionales madereras (como la Chemonics que menciona El Tiempo), también promueve una ley para privatizar nuestros recursos hídricos (en unos años el agua de nuestro país tendrá dueño propio: las multinacionales del agua francesas, holandesas y norteamericanas) y apoya la represión contra nuestros indígenas, que pretenden recuperar sus tierras, de las cuales fueron sacados a sangre y fuego, estos cantos pueden servir para aliviar la desesperanza e invocar los buenos espíritus.


HOMBRE AGUILA EN LA CUMBRE


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Esta pintura de Victoria Christian ilustra unos de los maravillosos rituales ancestrales en el que el hombre se encuentra con todos los seres vivos, vuelve a la unidad, volvemos a ser uno sólo con la creación, en el que ellos, nuestros semejantes, los animalitos y demás seres vivos, nos enseñan tantas cosas que hemos olvidado y volvemos a ser ellos, volvemos a ser lo que una vez fuimos y el espíritu se transporta y vuela.


MANUEL QUINTIN LAME


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El hombre del cabello largo y el tabaco es Manuel Quintín Lame, indígena Nasa (Paeces). 


La foto la tomaron el 10 de junio de 1916 cuando fue capturado en Popayán. A su lado está su hermano. A principios del siglo XX inició su larga lucha para defender los derechos y la propiedad de los indígenas. Fue encarcelado, torturado, perseguido, evadió la muerte muchas veces. Los terratenientes lo veían como un demonio, y como tal, intentaron eliminarlo.

Quintín Lame luchó en todos los escenarios para que éste país reconociera su ancestro indígena. Luchó con los puños y luchó con los códigos de leyes, los cuales aprendió en forma autodidacta. Organizó un movimiento que pronto tomó mucha fuerza. Vivió perseguido pero no lo cogieron, desaparecía, andaba por todos lados, se esfumaba y volvía a aparecer en otro lugar, muy lejos. Los terratenientes, asustados porque veían que los indígenas se organizaban bajo sus orientaciones, inventaron pretextos para que el ejército y la policía lo persiguieran, lo acusaban de crímenes que ellos mismos cometían. El Ejército y la Policía, que siempre han estado al servicio de los poderosos y no de la Constitución, lo perseguían por ser indio y saber leer, por ilustrar a los otros indios acerca de sus derechos, por mostrarles que esas tierras que les arrebataban les pertenecían por derecho ancestral y también, de forma legal. Los liberales se dieron cuenta de que los indígenas se organizaban y les propusieron una alianza para derrotar al gobierno. Eran los tiempos de la hegemonía conservadora. Los indígenas cometieron el error de aceptar la alianza. Después de la primera reunión entre indígenas y liberales, a la cual asistió Quintín, un liberal reveló a las autoridades el lugar donde se escondía Quintín Lame y fue capturado. Comenzaban los liberales a desarrollar su condición traicionera y tránsfuga bajo la cual cayeron Gaitán y Galán, entre otros.

Quintín Lame fue torturado y encarcelado bajo condiciones infrahumanas que afectaron su salud. 


Algunos años después salió de la cárcel y continuó su lucha. Los indígenas fueron traicionados, despojados, asesinados y expulsados de sus territorios. Aún lo son. En estos momentos los indígenas Nasa se mantienen en su lucha por la recuperación de sus tierras, que fueron usurpadas por los terratenientes del Cauca, quienes a sangre y fuego, y triquiñuelas políticas y legales, robaron las tierras a indígenas y campesinos, respaldados por el estado colombiano. Quintín Lame demostró, en aquellos tiempos, que incluso por cédulas reales otorgadas siglos atrás estas tierras les pertenecen legalmente a los Indígenas. Estos títulos aún tienen vigencia hoy en día, pero lo cierto es que los Indígenas no necesitan papeles expedidos por las autoridades coloniales para demostrar que ellos son los habitantes originarios de estas tierras que les fueron despojadas.

Hace mas de diez años dichas tierras fueron asignadas, una vez más, por ley gubernamental, a la comunidad Nasa, pero aún no se las entregan (les asignaron una ínfima parte de lo que un siglo atras les robaron). Como el gobierno nada que les entrega sus tierras ellos las han ocupado, pacíficamente pero con vehemencia. El gobernador Chaux juró sacarlos a sangre y fuego de las tierras recuperadas. El Presidente Uribe, gran terrateniente, le dió su respaldo al gobernador. En éstos momentos las tanquetas de la policía se disponen a desalojarlos de esas tierras que les pertenecen legalmente.


CANTO DEL PUEBLO NAVAHO



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Este canto, acompañado por unos místicos instrumentos electrónicos, pertenece al álbum Sacred Spirit I, que recopila cantos de los pueblos indígenas del norte. Ya van tres álbumes con unos cantos maravillosos, los recomiendo.

Estos cantos nos hablan a nosotros mismos, por nuestra sangre corre el espíritu del ancestro y de los seres vivos que algunas vez fuimos, por eso el canto del lobo y del águila nos transportan espiritualmente al estado de libertad plena en el que alguna vez vivimos. Este canto se llama "Ceremonia de Invierno", apropiado para Bogotá.


GERONIMO, GUERRERO APACHE



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Foto de Geronimo, guerrero apache

No sólo aquí han asesinado al indígena. En norteamérica el crimen fue de las dimensiones de la gran potencia, del gran Imperio que hoy es Estados Unidos. 


La famosa "Conquista del Oeste", que con tanto orgullo pregonan los libros de historia norteamericana, no fue más que el asesinato de cuarenta millones de indígenas de diversas etnias. Como Quintín Lame, allá también los indígenas se levantaron para defenderse. El hombre de la derecha es Gerónimo, indígena apache. Se enfrentó al poderoso ejército de Estados Unidos que derrotó a los mexicanos y se apoderó de Texas. Años antes había enfrentado a los soldados españoles, que asesinaron a su madre, a su esposa y a sus tres hijos. Gerónimo, Jur-ahn'-i-moh en lengua apache, tomó venganza, con sevicia atacó pueblos y asesinó. Cuando llegó la invasión del ejército de Estados Unidos con sus 42 guerreros se enfrentó a 3000 soldados, y los venció. Siempre que lo capturaban, siempre escapaba. Era poderoso, se esfumaba, volaba, tenía visiones. Su pueblo, Chiricahua fue desplazado constantemente por los terratenientes Texanos. Finalmente los desplazaron a la Florida donde les asignaron las peores tierras. Para protegerlos tuvo que entregarse. Murió de neumonía a los 80 años, cuando su pueblo era nuevamente desplazado. La leyenda dice que se conviritió en un caballo salvaje.


TORO SENTADO


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Foto de Toro Sentado (Sitting Bull)

Gran guerrero y líder espiritual del pueblo Lakota. 


Luchó contra el hombre blanco en el siglo XIX. Unió al pueblo Lakota y lo hizo conciente de defender sus tradiciones, su cultura. Toro Sentado fue un hombre poderoso, muy religioso, compositor de canciones mágicas. Tuvo un gran poder espiritual. Recurrió a todas las fuerzas del universo, que lo acompañaron en su heroica lucha. Muchas leyendas Lakota hablan de su poder: se transformaba en ave, en búfalo o desaparecía para surgir en lo alto de una gran montaña. Siempre rechazó todo lo que tenía que ver con el hombre blanco, evitaba todo contacto con él. Sabía que las costumbres del hombre blanco estaba haciendo daño a su pueblo, veía cómo sus hermanos caían víctimas del alcoholismo. Entre los líderes indígenas que enfrentaron a los soldados norteamericanos fue el más poderoso, también el más exitoso. Venció nada menos que al Séptimo Regimiento de Caballería, comandado por el sangriento General Custer. Fue el terror del hombre blanco, que quiso apoderarse de las tierras de los Lakota cuando descubrieron que allí había mucho oro. Unió a grandes líderes de otras étnias, como el gran Caballo Loco. Fue tanto su poder que no fue vencido por los anglosajones, que finalmente aceptaron los derechos de propiedad de los indígenas sobre ciertas extensiones de tierra, que denominaron "reservas". En la lucha indígena por el reconocimiento de la propiedad de la tierra en Norteamérica Toro Sentado fue el gran héroe, el gran caudillo. Su poder venía de los espíritus. Fue asesinado cobardemente en 1890. Pero su espíritu sigue caminando por las tierras Lakota. Es el Gran Chamán que señaló el camino.


CANTO DE CELEBRACION



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Canto para danzar alrededor del fuego.



LA BELLEZA DE LA RAZA


Estas fotos fueron tomadas por los fotógrafos Jhon Andersson y Eduard S. Curtis a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Son fotos de indígenas de diferentes pueblos.


hombre aguila sioux eagle man ancient natives american photo Jhon Andersson Eduard S. Curtis

Hombre Aguila Sioux, 1910



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High Horse, 1900



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Mujer indígena americana

Foto de Jhon Andersson y Eduard S. Curtis



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Joven indígena americano

Foto de Jhon Andersson y Eduard S. Curtis



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Los Mayores

Chamán indígena americano

Foto de Jhon Andersson y Eduard S. Curtis



young indian man photo Jhon Andersson y Eduard S. Curtis joven indigena america blog bogota

Joven indígena americano

Foto de Jhon Andersson y Eduard S. Curtis



Así era yo a los 25, jejejejeje

miércoles, octubre 19, 2005

LOS VAN VAN EN BOGOTA





PERMISO QUE LLEGO VAN VAN
LIVE AT MIAMI ARENA

ANTES DE EMPEZAR A LEER ESTE POST POR FAVOR OPRIME EL BOTON PLAY DE ARRIBA. ES NECESARIO QUE ESCUCHES LA MUSICA MIENTRAS LEES.

El grupo Los Van Van fue fundado el 4 de diciembre de 1969 por el bajista Juan Formell, exmiembro de uno de los grandes, legendarios y revolucionarios grupos de la música cubana, la Orquesta Revé. Los Van Van desde el principio fue un grupo que renovó la música cubana, la música antillana y la música en general, a un punto que aún hoy en día su música sigue siendo vanguardia, de un nivel sin precedentes.

Su nombre tiene que ver con uno de los momentos más difíciles de la Revolución Cubana: la famosa zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar, que el gobierno revolucionario se propuso producir para la recuperación económica de la isla. Entonces cada día en la radio se anunciaba: "Y van, van, van ocho millones, y van, van, van, ocho millones cien, y van, van, van....". La meta no se logró y fue un duro golpe para la revolución, que empezaba a vivir sus tiempos conflictivos. Pero fue fenomenal para la música ya que así se llamó la que es hoy la mejor orquesta de salsa, y pienso, la mejor orquesta de música, del mundo.

La primera vez que escuché a Los Van Van fue en un especial de salsa en Javeriana Estéreo. Recuerdo que puse la emisora y sonaba una música increíble, me pregunté: ¿qué es eso?... ¿que es esa descarga tan impresionante? ... ¿una batería en un grupo de salsa?... pues la batería parecía, por la intensidad de sonidos de la percusión, de un grupo de rock. Pero no, era un ritmo más complejo, mucho más complejo, rápido como el rock, pero más rítmico. Luego vino lo demás: la descarga de piano y ... ¿sintetizador? ... si, en efecto, piano y sintetizador al mismo tiempo, no, algo más, piano, órgano y sintetizador... y violines, trompetas, trombón y flautas, y además bajo eléctrico. Un ritmo brutal, enloquecedor, embrujó mi cuerpo para siempre.

Antes debo aclarar que, como se dice en Brasil, he curtido todos los ritmos musicales. Fuí roquero consumado, consumado y fanático. Fuí a muchos de los grandes conciertos que se han hecho en Bogotá, desde luego, como al de Guns Roses, Santana, Soda Stereo, Mano Negra, etc. Como al personaje de la novela "Que Viva la Música" del escritor Andrés Caicedo (novela que recomiendo enormemente), pasé del rock a la salsa cuando escuché la música de Ricardo Rey y Bobby Cruz. Una música suprema, desde luego (para el que no sepa quiénes son, el grupo de Richi Rey y Bobby Cruz es como el Led Zeppelin de la salsa). Pero rápidamente me dí cuenta que la salsa, después de Richi Rey, había muerto, pues Richi Rey había hecho su gran música en los años setentas y la salsa contemporánea era una porquería.

Y claro, volví al rock cuando apareció Nirvana. Nirvana también era un grupo del otro mundo, vanguadista, super musical y además profundo. Luego de Nirvana, cuando se mató Kurt Cobain, se acabó el rock, ya que vinieron esperpentos lángidos de lo que fue Nirvana, como Pearl Jam y Smashing Pumpinks, Oasis y demás grupitos avalados por el éxito de la moda y nada más. Claro está U2, por supuesto y por fortuna, pero ellos son legendarios.

El rock es una música poderosa y contagiante, y lo vivo al máximo, siento al máximo su desmesura, su desenfreno, su invitación a la rebeldía. Pero nada de eso se compara con lo que sentí cuando escuché a Los Van Van.

La música de Los Van Van es brujería pura, brujería yoruba en toda su plenitud, brujería caribeña de las profundidades mágicas africanas. Su música siempre va de abajo hacia arriba, terminando siempre en la desmesura total, en la descarga plena. Los Van Van en los setenta hicieron temas memorables como "El baile del buey cansao", a finales de los setenta vino la gran explosión de su música con temas como "Eso que anda" y en los ochentas llegó su consagración con temas como "Aquí el que baila gana" y la famosísima "Sandunguera". En Cuba eran la sensación y ya se hablaba de Los Van Van como el gran grupo de la música cubana. Juan Formell, su fundador y director, había creado un ritmo propio: el songo, un nuevo compás, híbrido del guaguancó, el bugaloo y el rock. Eso lo hizo a mediados de los setenta. Sólo hasta ahora, 2005 he escuchado DJs que se dieron cuenta de la similitud de tiempos que hay entre el rock, el tecno, el bogaloo y el guaguancó. DJs que hablan de eso como el gran descubrimiento cuando eso lo hizo Juan Formell hace 25 años.

A finales de los ochenta los Van Van eran la gran orquesta de Cuba, un país que ha producido músicos como Beny More, Silvio Rodríguez y demás, y que lo mejor que produce es música, pues ya se nombraba a los Van Van como lo más grande de su música. Sin embargo fuera de Cuba eran poco conocidos, tan sólo por los amantes de la salsa que buscaban ritmos diferentes al puertoriqueño.

Su destape internacional llegó a finales de los ochenta y comienzos de los noventa con canciones como el famoso "Disco Azúcar" o "Voy a publicar tu foto en la prensa". Ustedes dirán: pero si esa música nunca la he escuchado. Es verdad: aquí estamos anclados en los años setentas de la salsa y en las porquerías romanticonas de pertardos como Victor Manuel, Rey Ruiz, Gilberto Santarrosa y demás. Petardos que se tuvieron que hincar de rodillas en el año 1997 cuando la Fania le hizo un homenaje a Los Van Van. No se escuchan aquí, claro, por la censura que tiene que ver con temas políticos y por la mediocridad de los djs de las emisoras y por la presión de las disqueras, y también por la ceguera de la Revolución Cubana que no quiere aprovechar el potencial musical de Cuba.

Son los líos políticos los que han impedido que Los Van Van lleguen al mundo entero: están vetados en USA, tienen gran cantidad de problemas cada vez que se presentan allí, y sobre todo están vetados por los grandes promotores de la música salsa del mundo, que son cubanos que viven en USA y son opositores de la revolución cubana y como Juan Formell, a pesar de toda la fama y el dinero que tiene, no ha abjurado de la revolución Cubana, pues lo tienen vetado. Mucho mejor, no me quiero imaginar que pasaría si los Van Van caen en manos de Emilio Estefan, por ejemplo.

Juan Formell decía que en su adolescencia escuchaba Los Beatles, a pesar de que estaban prohibidos en la isla, durante los primeros años de la Revolución. Que la música de los Beatles superaba cualquier diferencia política. De allí viene su contrapunto rockero. Lo demás: el sonido mas embrujador creado por ese genio de la música que es Formell. El camino musical señalado por los Van Van se abrió paso creando algo nuevo que hoy es su sonido único y vanguardista y que contribuyó a la aparición posterior de ritmos también impresionantes como la timba.

El que no baile con los Van Van se muere, dicen, en su brujería yoruba, los cubanos. Eso sabía el día que me fuí hasta Cali, en la Feria de Cali del año 97 a verlos en el Teatro "Los Cristales". Esa noche se presentaron junto con el grupo Niche. Que rumbón tan impresionante. Impresionante. Eso lo sabía mejor cuando se presentaron, en septiembre del 99 en Bogotá. Eran tiempos bien difíciles. Esa noche se presentó César Mora, que tiene un buen grupo. Habían asesinado a Jaime Garzón un mes antes, que tristeza. Esa vaina, el asesinato de Jaime, me dio duro, me cambió la vida, me replanteó y la forma de ver la vida y a mi país y a mi gente, a mi generación. Yo andaba en una confusión enorme y no sabía que camino emprender también por mis líos amorosos. Asi que el concierto de los Van Van fue un gran alivio. Los dioses yoruba esa noche me señalaron el camino y trajeron a mi vida a una personita muy importante: Aline. Claro, la magia musical de los Van Van era la respuesta, ellos a través de sus cantos me trajeron las bendiciones de los dioses y la claridad. Yo, a través del baile, les agradecí.





SOY TODO
LOS VAN VAN


La rumba estuvo buenísima, fue una descarga impresionante. Antes del concierto pensaba: "increíble tener de nuevo a Los Van Van aquí en Bogotá". Cantaron los discos del álbum que un año después les daría el premio Grammy: "Permiso que llegó Van Van". Antes del concierto los músicos salieron y estuvieron entre el público. Como siempre, el que más llamó la atención fue Pedrito Calvo, un negro gigante, con un bigote enorme, que enloquece a las mujeres. El concierto duró unas tres horas. Buenísimo, excelente, soberbio, la gente bailó hasta la locura, pero cómo no, con ese ritmo. ¿Lo sienten?. Fue impresionante, había gente bailando a lo cubano, como se debe, moviendo todo el cuerpo sin parar, moviendo la cintura y la cadera. El baile cubano se llama "Casino". Bailar casino es lo máximo. Los cubanos, así como en la música son lo mejor, en el baile no se quedan atrás. En Cuba bailan la salsa de una forma increíble, también muy lejos de cualquier forma de bailar salsa.

Hace tres años Los Van Van pasaron por un remezón, se retiraron del grupo dos pilares que habían acompañado a Formell por treinta años: Pedrito Calvo, el cantante e insignia del grupo, y Cesar Pedrozo, Pupy, pianista virtuoso que fue el contrapunto y gran socio de Formell, gran responsable también de la creación del songo.

El primer disco luego de la separación incluía una novedad: por primera vez había una mujer en el grupo. En Cuba se decía que ella había sido la causa del retiro de Pedrito y Pupy. El disco era bueno pero se notaba que faltaba un poco de acoplamiento. Ahora han sacado su último trabajo: "Chapeando", un disco excelente. De nuevo Formell lleva mas lejos su nivel, el cual está años luz de la salsa que suena en las emisoras comerciales colombianas y lejos de la salsa que se hace en Puerto Rico y lejos de mucha música que se escucha por ahí.

La canción que han escuchado, se llama "Permiso que llegó Van Van", tema que es brujería yoruba total, ¿cierto?. La canción anterior es "Soy Todo", un canto yoruba de agradecimiento a Orula, poderoso orisha que rige la regla de Ifá, en la santería cubana. Escúchenla para que reciban amparo. La canción de abajo es "Chapeando", tema de su último álbum. Y la canción que está en la sección "Canción Subterránea", es "Quiéreme", con un ritmo impresionante. ¿Les gusta?.

Los invito a que bajen las canciones, las pongan a buen volumen, y sientan esta música en su cuerpo, bailen, se muevan, sonrían y alegren su día. Los Van Van son pura descarga y desmesura. Recuerden que el que baila y el que canta su mal espanta. Y claro, como dicen los Van Van, aquí el que baila gana.

Entonces, como un homenaje (y agradecimiento) a Los Van Van, que aquella noche de 1999 trajeron los mensajes de los dioses que me mostraron los caminos del mundo ... y para los que no conocían este grupo:

LES PRESENTO A LA MEJOR ORQUESTA DEL MUNDO: JUAN FORMELL Y LOS VAN VAN.






CHAPEANDO
LOS VAN VAN

sábado, octubre 08, 2005

DINERO

El fin de semana pasado una compañera organizó una reunión. Va a tener un niño (o niña) con su esposo, entonces la reunión era para que lleváramos regalos para el bebé y celebrar la buena noticia. Ellos tienen un hijo, ya grandecito, que va a entrar al colegio. Uno de los temas de conversación fue el asunto del colegio, ya que han ido a algunos buenos colegios pero han rechazado su solicitud. Tristes y sorprendidos por el asunto, no podían creer que en ciertas instituciones cuente mucho el apellido y los antecedentes para recibir a un niño. Claro, ellos hablaban de algunos colegios demasiado exclusivos, muy exclusivos, pero no dejaba de ser triste ya que ellos son gente normal, que trabajan duro y estan luchando por sacar adelante una familia, que no es fácil. Pero también es cierto que están cayendo en otra de las costumbres mas estúpidas que tiene esta sociedad bogotana y colombiana: el arribismo, aparentar lo que no se es, querer estar cerca de la supuesta gente bien, caer en el criterio de las estratificaciones de los seres humanos ... ¿para que eso?... para poder mirar por encima del hombro, como dicen. Algo inútil. Por ejemplo: ¿cuántos presidentes de la república no han salido de esos colegios? ... y miren lo que han hecho.

Me daba pena verlos tan aflijidos pues todo padre quiere lo mejor para sus hijos. Esta sociedad vive del apellido y las relaciones, y cuanto mas se acerca uno al olimpo de las familias selectas que son dueñas de este país la cosa empeora. Hay gente obsesionada con pertenecer a las clases altas, así sea a punta de apariencia, pues finalmente allí hay belleza, clase, distinción, fama y por supuesto, dinero. Pero bueno, con plata se arregla todo. Yo me pregunto, por ejemplo, ¿que piensa uno de los jefes del departamento de ventas, que se gana unos 12 mil dolares al mes?. Mucha plata. Y ni se diga del dueño de la empresa, que se debe ganar el doble. Aunque son personas amables, a veces se nota que se marean por tener tanto dinero.

Como a las diez de la noche me fuí. Salí con Santiago, ingeniero del departamento de ventas. ¿Y que va hacer ahora?, me dijo. Nada, para la casa, le respondí. Acompáñeme al casino, me dijo. Nunca he sido amante del juego, como decía mi abuelo, el juego es la perdición. Voy pero no apuesto, le dije. Camine, acompáñeme. A pesar de que quería llegar a mi casa a escribir, lo acompañé. Santiago es un buen compañero, un man respetuoso, claro, con sus dosis de arribismo, pero bueno, nadie es perfecto. Nos hemos hecho buenos colegas gracias al equipo de fútbol. Su novia es una ingeniera que conocí en un trabajo que tuve hace tres años, una mujer que yo consideraba, en ese entonces, muy peligrosa, pues era ambiciosa, interesada, y claro, muy bella, o mejor dicho, buena, y sabía aprovechar muy bien estos atributos. Toda una culebra, tiene un apellido inolvidable, pero aquí sólo escribo su nombre: se llama Martha. De sólo escribir su nombre siento corrientazos por el cuerpo. La recuerdo muy bien porque vivía obsesionada con el cantante Luis Miguel, a un nivel irracional. No podía verlo en televisión porque entraba en shock, como toda una adolescente, deliraba. Soy testigo de que una vez lloró al verlo en una entrevista. La mujer se muere, o se moría, por el man. Pues ella y Santiago estaban peleados hacía algunos días. Ella estaba en México, me dijo Santiago, en un viaje de trabajo. La discusión que tuvieron parece que fue por asuntos de plata, y no se hablaban desde hacía unos días. Que cagada.

Llegamos al casino, mi compañero cambió dinero. Muy pronto una niña nos atendío y nos premió con sendos vasos de whisky. Santiago empezó a jugar cartas, 21. Empezó a perder. Yo prefiero estar lejos de eso ya que los números son mi obsesión, mi perdición, entonces sólo observaba. Una hora después Santiago ya había perdido 200 mil. Me dijo que no tenía efectivo, que si le prestaba. Lo siento mi hermano, le dije. Santiago es de familia costeña y bueno, yo prefiero tomar mis precauciones. Ademas es reconocido el viejo truco de que es mejor apostar con la plata del amigo. Le tocó sacar la tarjeta de crédito.

Yo me fuí al bar. Pedí un Dry Martini, un trago realmente bueno. Ya estaba sintiendo las ganas de irme de rumba. Pensé en llamar a Diana, una amiga a quien le debo una invitación a bailar salsa. En el bar me pareció ver un rostro conocido. Me acerqué. Un hombre rubio, parecido a Sting, conversaba con alguien que parecía ser el dueño del casino (eso parecía por los hombres que lo acompañaban). El hombre rubio se parecía a un viejo amigo, Ivo. Me alejé. Llamé a Diana, pero no contestaba. Ya era tarde. En ese momento alguien me puso la mano en el hombro. Era el hombre rubio, que se parecía a Ivo. Pues el hombre era Ivo.

La alegría fue enorme. Conocí a Ivo hace cinco años, en Perú, en un pequeño hostal de Arequipa, ciudad de verdad hermosa, con un volcán de nieves perpetuas que decora su paisaje, el Misti, hermosísimo. Además es la ciudad natal del escritor Mario Vargas Llosa, a quien en aquellos tiempos yo le profesaba una admiración sin límites, casi igual a la de Martha Chavez por Luis Miguel, jajajaja (ya dije el apellido, que cagada). En la corta temporada que pasé en ese hotel nos hicimos buenos amigos. Ivo llevaba dos meses viviendo allí. Estaba viajando desde hacía seis meses, venía del norte, bajando desde Canadá. Teníamos una obsesión común: los números, obsesión que yo había convertido en mi profesión y él en su pasatiempo. Ivo era un jugador consumado. Trabajaba en Suiza (Ivo es Suizo), en un banco, y claro, ganaba mucho dinero. Estaba en un largo período de vacaciones ya que llevaba diez años trabajando, sin descanso.

¿Y que hacía en Colombia?. Pues lo habían invitado. Estaba en Brasil, en Sao Paulo. En el hotel donde se hospedaba conoció a un colombiano. Se hicieron buenos amigos. Fueron a la carrera de fórmula uno, Ivo se reía porque le apostó a Montoya, aconsejado por el colombiano, y ganó. Luego vino la celebración y al final el colombiano lo invitó a Bogotá. Ese colombiano es el dueño del casino.

Que alegría que mi amigo estaba en Bogotá, Ivo, que personaje. Conversábamos en la mesa cuando el dueño del casino, llamado César, regresó. César es un hombre de unos cuarenta y tantos años, un tipo simpático pero con la dureza que debe tener una persona que es dueña de un casino. Y claro, con guardaespaldas. Ivo me presentó, César muy amable, me invitó otro Dry Martini. Conversamos un rato, sobre la carrera de Montoya, los colombianos que viajaron, la emoción del automovilismo, la celebración, en fin. Luego reiniciaron un tema que venían conversando, un asunto de negocios. Me sentí incómodo por escuchar algo que no me correspondía, entonces dije que iba a ver cómo estaba mi amigo, y me fuí.

Santiago estaba perdiendo plata. Había ganado algunas veces, en una de esas se ganó como ochocientos y se puso a apostar y ahora de nuevo estaba en la racha de pérdidas. Me dijo que esperaba recuperar lo perdido y listo, que no apostaba más. A mí los Dry Martinis ya me estaban haciendo efecto. El hombre volvió a ganar. Estuve un rato con él y luego volví al bar, por otro trago. Ivo estaba sólo, me llamó y me dijo que iba a apostar. Ver apostar a Ivo si que era un espectáculo. En Lima lo acompañé algunas noches al casino, pues él quería enseñarme algunos trucos y de verdad era sorprendente la técnica que tenía para las apuestas. En aquella época siempre paraba cuando se acercaba a los mil dólares de ganancia. Aunque algunas veces perdía, claro, cuando iba perdiendo quinientos dólares se retiraba.

En seguida me pidió un favor: no tenía mucho efectivo y no podía usar la tarjeta de crédito allí, pues era americana, que si le podía prestar dinero. Mierda ... que difícil ... bueno ... ¿que podía hacer? ... a Santiago no le quise prestar ... en fin, a Ivo lo conocía ... ¿lo conocía? ... bueno lo había visto apostando ... en fin, que tomé aire y le dije: no tengo mucho. ¿Cuánto tienes?. Glup: tenía cuatrocientos mil pesos en la billetera y cien dólares, nada más. Mira, te puedo prestar la mitad de eso, le dije. Yo te lo pago, préstamelo todo ... me miró serio el hombre, como diciendo, ¿no me vas a prestar después de todo lo que te enseñé? ... en fin ... pues le dí todo lo que tenía en la billetera.

Me sentí mal, pero bueno, ni modo. De una me hice a la idea de que esa platica la había perdido. Por lo menos el mesero me seguía ofreciendo Dry Martinis, imagino que porque me vió conversando con César e Ivo. Un momento después Ivo estaba en la mesa, jugando 21. Santiago había perdido de nuevo. Me dijo que se retiraba, al final había perdido como setecientos. Ivo empezó a jugar y a dar espectáculo. Al momento llegaron a la mesa de apuestas dos mujeres y lo rodearon, ambas eran rubias, una parecidísima a Naomi Watts, y la otra, una mujer que estaba bronceadísima. Ambas muy bellas. Las dos abrazaron, lo enredaban con los brazos. Ivo se reía.

¿Que pasó?. Ivo ganaba y perdía. Santiago estaba asombrado con él. Claro, Ivo es de verdad un virtuoso de las cartas, sabe jugar muy bien, bueno, el secreto es que sabe contar cartas, pero lo hace rapidísimo, además tiene una forma de estructurar el juego muy bien planificada. El hombre sabe muy bien todas las técnicas para apostar. En un momento apareció de nuevo César y se puso a observar cómo jugaba Ivo.

Ivo estuvo apostando casi hasta que se cerró la mesa. Al final, por supuesto, el hombre ganó. ¿Cuanto?. No lo sé. A estas alturas de la noche Santiago se había hecho buen amigo de la rubia bronceadísima, que resultó brasilera. La otra, Naomi Watts, parecía ser la novia de Ivo ya que lo abrazaba, lo besaba y le traía bebidas.

Mientras salían los clientes del casino fuimos al bar. Había una botella de whisky en la mesa. Yo ya me sentía bien mareado. Nos sentamos. Ivo se reía, cómo no. Al su lado Naomi Watts fumaba, tranquila, y comentaba con él sobre la apuesta. La brasileña, llamada Renata, conversaba animadamente con Santiago. Le conté a Ivo lo que había sido de mí durante éstos años, y lo que soy ahora, después de tantos ires y venires por este mundo vagabundo, ya en la vida normal y sedentaria, con un empleo fijo y estable. Se interesó mucho por la especialización que hice y lo que hacía en el trabajo. También por el modelo estadístico que trabajé en mi tesis de pregrado, que retomé en la especialización. Y él también me contó lo que había hecho. Ahora vivía en New York y tenía sus negocios, derivados de su experiencia en el banco donde trabajó. Ivo me dijo que le interesaba mi perfil. ¿Mi perfil?. Yo estaba bien mareado por el trago y además seguía bebiendo, por lo que me imaginé que eran vainas de tragos, pero claro no me daba cuenta de que Ivo no estaba tan tomado.

Al rato llegó César. Ya el casino estaba cerrado, sólo quedábamos nosotros. Dijo que desde ese momento no podíamos salir. Me pareció una broma pero no resultó tal, ya que un momento después Santiago, ya bastante bebido, dijo que se iba y César, sonriente, le dijo que no. Que sólo salíamos hasta el amanecer. Y para que la gente no se aburriera ordenó que pusieran música para bailar. Santiago, nada molesto, se puso a bailar con Renata. Ivo me pidió que bailara con Naomi Watts, que en realidad se llamaba Sara. Entonces bueno, pues me puse a bailar con ella mientras Ivo y César conversaban. Ella era muy simpática, bailaba muy bien salsa, había aprendido en Cuba. Me sorprendió que una gringa pudiera ir a Cuba, me dijo que no era fácil, pero que se podía ir por una ruta que pasaba por México. Renata era su mejor amiga y también vive en New York. Luego nos sentamos y seguimos conversando, muy interesante, sobre New York, Cuba, el cine, de todo. Terminamos conversando todos, se habló del cine colombiano, César bien interesado, cosa que me sorprendió, como queriendo invertir dinero en una película. Me sorprendió aún mas que el hombre era un apasionado de la obra de Edgar Allan Poe. En fin, una conversación muy agradable. ¿Y Santiago?. Pues ya andaba bien acaramelado con Renata. ¡Ay las brasileñas que apasionadas son!. En un momento de la conversación Ivo le dijo a César, refiriéndose a mí: le presento a uno de nuestros candidatos.

Yo ya estaba bien borracho. Salimos como a las seis de la mañana. Habían llamado a unos taxis. Santiago rápidamente subió a Renata a uno de los taxis, se subió él y se despidió, así, sin decir ni mú. Cuando me iba a despedir de Ivo el hombre se metió la mano al bolsillo y me entregó un fajo de billetes. Gracias, me dijo, amigo, que bueno verte de nuevo, me alegra verte así de bien, me dijo (el hombre estaba un poco tomado). Yo me despedí de César, que vuelva por acá, me dijo. Me despedí de Sara, quedé de encontrarme con ellos esa semana para cenar, antes de que se fueran, me subí al taxi y me fuí.

La sorpresa vino al pagar el taxi, pues Ivo me había dado un buen fajo de billetes donde había mucho mas de lo que yo le había dado. Al día siguiente lo llamé, para decirle que cómo me iba a dar todo ese dinero. El hombre se reía, ¿te acuerdas de Lima?, me dijo, por los viejos tiempos. Me preguntó si me interesaba trabajar como corredor de bolsa, manejando un portafolio de inversiones. Yo le dije que no tenía mucha experiencia en eso (no tengo nada de experiencia en eso, sólo lo que estudié y practiqué en la especialización), que sabía la dinámica del asunto, nada más, pero que esos modelos estadísticos no los había practicado mucho. Me pidió que le enviara una hoja de vida, traducida, para el lunes, para el día siguiente.

La envié. Ese día nos encontramos para cenar. Para mi sorpresa se apareció Santiago, muy amoroso con Renata. ¿Y Martha?. Pues llegó y no se que va a pasar pues Renata lo dejó loco. Volviendo a la cena, en un momento Ivo me pidió que le presentara una propuesta de portafolio de inversión para un determinado capital inicial. Que se lo enviara cuanto antes. Nos despedimos con un gran abrazo, con alegría por el reencuentro.

En esas, preparando la propuesta, estuve ocupado el resto de la semana. El jueves presenté el portafolio. El viernes me llamó un empleado suyo, desde New York, me dijo para que le haga algunos arreglos al portafolio. Los estoy haciendo, pero estoy asustado pues no pienso dejar el trabajo que tengo. He tenido mucho trabajo, estas dos semanas han sido duras, con muchas cosas por hacer y haciendo muchas cosas, casi no duermo, por esa razón no había podido escribir... por esa razón escribo esto mal y a la carrera.

¿Que voy a hacer si me sale ese trabajo?. No sé... trabajar con dinero no deja de parecerme pernicioso y además me gusta el trabajo que estoy haciendo y me pagan bien, y practico más la ingeniería que la estadística, pero todos los conocimientos que adquirí en la especialización los pondría en práctica en toda su plenitud si trabajo con Ivo, aprendería mucho y tendría un mejor salario . Qué dilema... le pediré claridad e iluminación al yajé en la toma de éste fin de semana, a ver si me ayuda a tomar una decisión.


viernes, septiembre 23, 2005

EQUINOCCIO: RELATO DE UNA TOMA DE YAGÉ

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Ayer 22 de septiembre comenzó el equinoccio, éste período de transformación, de transición que sufre la tierra durará unos días. 

En el hemisferio norte comienza el otoño, por eso lo llaman equinoccio de otoño, en el hemisferio sur comienza la primavera, por eso allí es el equinoccio de primavera. Nosotros, que estamos en la zona tórrida, en la mitad de la tierra, vivimos estos cambios de una forma diferente. A medida que nos acercamos a las fronteras de los trópicos estos cambios son mas perceptibles. Hay dos equinoccios al año: en marzo y en septiembre. La tierra tarda un año en darle la vuelta al sol, los equinoccios marcan este camino y lo divide en dos, entonces el camino que emprende la tierra en cada uno de estos trayectos es diferente y nos afecta, como a todos los seres vivos que habitamos éste planeta.


El equinoccio de marzo lo recibí en una celebración muy especial: los dioses pusieron en mi camino una invitación a tomar yagé. 

Fue un viernes. Ese día trabajé hasta tarde. Como a las ocho me llamaron para confirmar. Había pensado en invitar a Arianita, una compañera muy simpática, que tiene buena energía, ya le había hablado del asunto. Si ella tenía voluntad, pues había llegado el momento de que la plantita le llegara. Me dijo que no... le daba miedo. Bueno, ya llegará el momento. Desde días anteriores me dispuse para la toma, comí comidas ligeras, estuve tranquilo, me preparé física y espiritualmente. Afortunadamente esa semana en el trabajo todo estuvo muy bien, muy satisfactorio el laburo, como dicen en el sur del continente. Entonces todo bien.

La toma de yagé se iba a hacer en Guatavita.

Se realizaría en la casita de Jorge, el man que organizaba la celebración. La casita queda en la montaña Chibchacum, al lado de la Laguna Sagrada. La sabana de Bogotá es muy agradable, viajar por ella es muy fácil. El trayecto es muy tranquilo, además salir de la ciudad es refrescante para el cuerpo, para el espíritu. Mientras me dirigía allí pensaba en la toma, queria sincronizarme para este nuevo encuentro con la realidad total de la existencia, con las otras dimensiones energéticas, con la totalidad.

Llegué casi a la once. Ya iban a empezar, el Taita estaba descansando, cuidando a su pequeño hijo, un niñito, que estaba enfermito. Había sólo cinco personas. Las otras veces habían sido grupos de veinte, de cuarenta, bastante gente descargando energía, pero habían sido experiencias muy buenas. En realidad no esperaba que ésta toma fuera buena, a estas alturas espero que el yajé me siga enseñando de la forma que sea, así sea con dolor, el dolor ayuda a que uno se haga mas fuerte, aunque no es fácil, hay que saber sentirlo, entenderlo, manejarlo con serenidad, entregarse de verdad al viaje, abrir el entendimiento a la realidad absoluta donde somos energía en permanente intercambio con nuestro alrededor. El amor es una forma de energía, la más bella porque es la que se acerca al equilibrio perfecto, por eso el amor nos hace sentirnos vivos, nos regala la vida.

Conversamos un poco. Nos calentábamos alrededor de la fogata, hipnotizados, viendo el fuego. Eramos cuatro hombres y una chica, una peladita, jovencita. Uno de ellos era Juan Carlos, un man bien bacan que había conocido en las otras tomas. El otro se llamaba Alfredo, a quien no conocía, callado el hombre. Y estaba Jorge y estaba yo, y el Taita, claro. Como a las once y media entró Jorge a la casa, salío al rato y nos dijo que ya íbamos a empezar. Entramos. El Taita es un man bien bacan, muy simpatico, (todos los taitas que he conocido son manes bien simpaticos, bien bacanes) salío ya con su atuendo, su penacho de plumas multicolores, hermoso, y sus collares. Salió sonriente y nos saludó. Como ya nos conocíamos pues todo bien, me miraba y se reía pues ya había estado en otras tomas con él.

Empezamos la ceremonia. 

Nos llamaron uno por uno. Me tocó el tercer turno. El yajé estaba bravo, más fuerte que la otra vez. El yajé me sabe como a un vino tinto fuerte, rancio, un poco avinagrado. El trago es fuerte, pega duro en el cuerpo, como cuando uno se toma un guaro bien bravo, que entra en reversa, como dicen. Este yajé se sentía fuerte, el viaje iba a ser duro. Nos quedamos un rato en el cuarto, respirando pausadamente, preparandonos para el viaje en silencio, esperando, meditando, conversando con la planta, con los dioses, con dios que es el Gran Espíritu.

Primero salió Alfredo. Esperé un momento y salí. Me acerqué a la fogata que estaba un poco alejada de la casa. La casa queda en una ladera, en un lugar bello, tranquilo. Alfredo estaba sentado al lado del fuego, que se apagaba. Me puse a encenderlo, a soplar, a acomodar leños. Alfredo sólo yage ayahuasca ceremonia toma equinoccio chaman toma jacanamijoy blog colombiamiraba. Yo sentía el yajé en mi panza encontrándose con mi cuerpo. Al momento Alfredo empezó a vomitar. Se alejó de la fogata. Llegó la chica, sonriendo. Yo ya empezaba a sentirme raro, ya se avecinaba la vomitada. La chica estaba tranquila. Me senté un rato, con la leve fogata que había encendido respirando pausamente y preparando el cuerpo. La chica me hablaba, me sonreía. Le pregunté si sentía algo, me dijo que nó. Conversamos un poco, a mi se me bajó un poco la maluquera. Me puse a ayudarle a encender la fogata. Soplé y sople y traje leños, intentando revivirla. Ella se sentó entonces, me miraba y sonreía. En ese momento me llegó la maluquera. Salí corriendo y vomité lejos, en medio de la oscuridad. Vomité fuerte, dolió un poco, de mi cuerpo salió todo. De una empezó el viaje, el yajé estaba fuerte. La voz de la creación se abrió ante mí y empecé a ver y escuchar a todos los seres, a ver las energías alrededor, mezclándose, confundiéndose. Muy bien, muy hemoso. La planta me hablaba, respondía mis preguntas, me llevaba por el conocimiento. Recibía mil sensaciones, una descarga fuerte ante la inmensidad de la naturaleza. Somos parte infima de ella, infima pero importante, porque los seres humanos, los animalitos, los árboles, las flores, todo, todas las entidades vivas somos iguales, interactuamos, todos somos importantes porque somos energía y la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Nosotros somos unos de los seres más frágiles de la naturaleza, pertenecemos a ese todo que se llama vida, la vida que llegó de otros planetas a este planeta hermoso que se llama tierra. Nuestra labor es poblar de vida éste y muchos planetas más, pero eso sucederá mas adelante, mucho mas adelante. Poblar de vida y de esa energía suprema que se llama amor El brillo de las estrellas es el brillo de la vida, en todas las estrellas late la vida, que tiene mil formas, que nosotros sólo podemos percibir parcialmente pues nuestro entendimiento es limitado.

El yagé limpia el cuerpo, es decir, uno vomita y caga. 

Cuando expulsé la mierda sentí mi cuerpo limpio, libre, liviano, eso es lo mejor del yajé, la limpieza es espiritual, pero también la limpieza es física. Tomé por segunda vez. Cada vez el viaje era mas fuerte. Lo maravilloso empezó cuando salió el Taita con su armónica a embrujar la noche, a hacer sonar ese sonido maravilloso en toda la montaña, a conversar con la creación en ese lenguaje sublime... el Taita salió y empezó a tocar y se expandió una luz opaca suave, que iluminó todo. Yo me acerqué a la casa. El Taita bailaba junto con Jorge y Juan Carlos, quienes también tocaban su armónica. Jorge es un tremendo músico, un talentoso tocado por la mano de dios. También la chica bailaba con ellos, llena de vida, sintiendo la maravilla de la creación, de estar vivo, podía distinguir sus sonrisas, sentir su alegría, bellísimo, buenísimo. Cuando llegué me recosté contra el muro de la casa, observando montaña abajo. Las luces multicolores aparecían y desaparecián, me rodeaban, sentía que todo a mi alrededor estaba en permanente transformación, en una dinámica intensa. Me comunicaba con la creación a través de mi canto de pájaro, como me dijo el Taita.

Recibía respuestas, sonrisas, saludos a través de miles de sensaciones en todo el cuerpo. El perro lobo de las otras veces apareció, vino un rato a mi lado. Es enorme, siempre se sienta a mi lado y me acompaña por un rato durante el viaje, yo le acaricio su pelo abundante, melenudo, aveces me dice cosas, me habla en su lenguaje pausadamente y luego se va. Escuchaba los sonidos, la conversación de todos los entes vivos, ruido que formaba una música maravillosa. Jorge, Juan carlos, la chica y el Taita bailaron durante mucho tiempo, yo los observé, los escuché, les agradecí su canto, su baile. El Taita bailaba y era un pájaro en vuelo, las plumas multicolores estaban encendidas de luces multicolores. El Taita era el pájaro multicolor de la selva.


Llegó la tercera toma. 

Cada uno se dispersó por la montaña a vomitar, menos el Taita, que permanecía en la casa cuidándonos, guiándonos con el canto de su armónica. Yo vomité rápido, estaba en pleno viaje. Al rato vomitaron los demás, podía escuchar con claridad los estertores de la vomitada de los demás, unos estertores fuertes que parecían rugidos de animales. Por más experiencia que uno tenga con el yajé siempre las vomitadas son bravas. Ya después de la segunda vomitada escuchar los ruidos que se producen causa risa, porque son ruidos profundos, que retumban, y luego el alivio se siente mayor.

De nuevo me recosté en la pared de la casa. Ellos volvieron a tocar, a unirse al Taita y a bailar. Yo recostado en la pared estaba en la turbulencia, en la parte mas fuerte del viaje, el yajé me decía muchas cosas, me mostraba muchas cosas, aveces dolorosas, pero al final eran siempre buenas pues era la belleza de la vida, de la lucha espiritual constante por lograr lo que se sueña, estaba ante ese hecho extraordinario de ser parte del todo, de la creación, de compartir con la gente, de vivir, compartir con el otro como lo que somos: seres humanos llenos de luz, que llevamos dentro mundos maravilloso.


Todos somos iguales y todos tenemos magia, la vida es un proceso de descubrimiento de esa magia propia que poseemos. 

A mi lado pasaban muchas personas, sombras y manchas de colores me rozaban constantemente, eran los espíritus que iban y venían. Pasaban, se reían, jugaban conmigo. Los espíritus ancestrales son parecidos al Taita, todo el tiempo se están riendo, te observan y se ríen, les parece un juego. También veía animales fantásticos, que existieron hace miles de años, se acercaban, aveces me parecía que me miraban con curiosidad, otras veces sentía que se comunicaban entre ellos, con movimientos y sonidos, y simplemente me ignoraban. Al frente, un poco más abajo, había una gran fogata encendida, veía, a lo lejos, a los espiritus de los ancestros muiscas danzando, en pleno ritual, estaban reunidos, era la gente encantada. Uno de los mayores me hablaba, de pie frente a mí me explicaba cosas. Tenía el rostro pintado, un penacho de plumas multicolor que se perdía en la oscuridad. También escuchaba la voz del Taita, que estaba al lado, hablaba, decía cosas sabias, caminaba de un lado a otro batiendo el sonajero y soplando con gran intensidad, guiando el viaje, conduciendo la toma. En un momento vino a mí a soplarme, a apoyarme. Juan Carlos pasaba y me ofrecía agua, los espíritus pasaban a mi lado y me sacudían, el viaje estaba fuerte, yo sonreía y seguía, convocaba todas mis fuerzas para poder aprender más... se aprenden tantas cosas con el yajé, el conocimiento va y viene y se siente que no se puede retener.

Me decía cosas sencillas, elementales. La tierra está alborotada, la pachamama enfurece, quiere liberar energía para recobrar su equilibrio. La termodinámica explica de forma muy sencilla estos desequilibrios que están ocurriendo. El huracán Rita ataca con fuerza a Estados Unidos, de nuevo la naturaleza golpea queriendo dar una lección más al ser humano. En muchos lugares del planeta mucha gente se reúne a recibir el equinoccio y encontrarse con la naturaleza en todas sus dimensiones, a descargar una fuerte energía espiritual para ayudar a generar buena entropía, o, hablando en términos científicos, reducir el intercambio de entropía a cero. En el viaje sentía a mi lado la conciencia lejana de esas otras personas que en ese mismo momento compartían con la naturaleza en la plena dimensión en otros lugares del planeta. La entropía positiva no existe según las leyes de la termodinámica pero cuando suceden eventos sobrenaturales estas leyes se rompen, o por lo menos se acercan al estado ideal: el equilibrio, la entropía cero. La tierra, entonces, mediante estas descargas de energía quiere equilibrarse, el sobrecalentamiento terrestre ha alterado su equilibrio. La tierra es un organismo vivo, una entidad viva que funciona como un todo de extensos e infinitos vasos comunicantes que se equilibran unos a otros. La tierra pertenece a la realidad absoluta que nos rodea. Todos estamos inmersos en esta estructuras, complejas a primera vista, pero en realidad son bastante cercanas y elementales pues conviven con nosotros todo el tiempo.

Todo empezó a calmarse. El Taita seguía tocando y hablando, siempre diciendo cosas muy sabias, el hombre hablaba iluminado por la planta, aunque el taita siempre habla iluminado. También se reía. Luego entró a la casa, yo me quedé un rato sintiendo la noche, escuchando la música de la naturaleza, entendiendo lo que me quería decir, percibiendo su mensaje. Los demás empezaron a entrar. Me llamaron para la última parte de la celebración, la curación. La curación es una etapa muy intensa y a la chica le pegó fuerte. Cuando terminamos yo me recosté, a descansar, estaba agotado, siempre el cuerpo se sacude, se limpia plenamente, necesita reponerse para ponerse como nuevo.

Al día siguiente regresamos. Mientras los traía a Bogotá el Taita, con el nenito ya repuesto, Alfredo y Juan Carlos dormían. Yo estaba fuerte, conducía tranquilamente, sentía a plenitud la mañana en la sabana de Bogotá, sentía la energía, la mística, la identidad de ésta parte de la Nación Muisca, llena de magia, de una magia que está mas viva que nunca. La Nación Muisca permanece, se repone, se recupera.

Estos seis meses tuvieron cosas buenas y cosas malas, estoy vivo y eso hay que agradecerlo, y aprendí muchas cosas. Formamos parte de un todo vasto que nos supera con creces, eso hay que entenderlo. Hay que ver con sabiduría cosas como la muerte, sufrirla, comprender su dimensión, su significado, así sea doloroso. Vivir ese dolor. Y desde luego: entender esto que es la vida, esto de ser conciencia, entidad viva, ser humano, ser vivo, agradecer la maravilla de sentir sensaciones como el amor, entender lo que son los sentimientos negativos, saber manejarlos, diluirlos.

Hoy llegó el equinoccio de nuevo, hay que realizar un nuevo encuentro con la realidad mas trascendente, con la realidad en todas sus dimensiones, con la creación plena.


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Las pinturas son del pintor Carlos Jacanamijoy. Son imágenes de sus visiones vividas a través de la planta sagrada del Yagé.


martes, septiembre 20, 2005

CUMPLEAÑOS


Después de dos años regresé a Colombia. En aquellos días con la esperanza de los mejores tiempos que vendrían, con la alegría de haber descubierto el mundo, de haberme descubierto a mí mismo, con la felicidad de estar de nuevo en mi tierra, en mi ambiente, en mi atmósfera. Lizinha, con lágrimas en los ojos, me pedía que me quedara, que no me fuera, que nos casáramos para que yo pudiera legalizar mi situación, poder tener un mejor empleo y vivir juntos. Me despedí de ella con un dolor inmenso, pero la decisión estaba tomada, yo sentía una nostalgia tremenda de Colombia, de Bogotá, a pesar de que Rio de Janeiro es una ciudad maravillosa y allí la había pasado muy bien y había vivido cosas increíbles. Extrañaba los cerros bogotanos, mi gente, el acento de las bogotanas, a pesar de que las mujeres cariocas son las mas apasionadas del mundo. Extrañaba hasta el aguardiente, que antes de irme no lo soportaba. Algo me decía que mi camino aún no terminaba.

Llegué. Muchas cosas eran diferentes y había un ambiente de gran tensión por los diálogos de paz con la guerrilla. El reencuentro con los amigos fue grato. La rumba bogotana me recibió con todo su frenesí, y yo que ya venía caliente de tanta rumba en Río pues me entregué a ella con todos los fierros. Las sorpresas vinieron poco a poco: de repente, para algunas de mis antiguas compañeras de universidad (para quienes antes yo era simplemente el mancito buena gente) me convertí en todo un héroe, en una celebridad: que venga baile samba, que cómo es por allá, que como son las garotas... en fin. Muchas se habían casado, unas felices otras no, otras se habían descasado, muchas con hijos, claro, otras ya estaban en la búsqueda del amante, otras en la búsqueda de marido, todas, eso sí, con buenos empleos y con plata. Y claro, ya me miraban con otros ojos, ay Dios, que por eso me metí en líos. Y mis amigos, pues quedaban unos cuantos que me atendieron bien, sobre todo el Juancho, con quien le dí duro a la rumba. Sin embargo aveces sentía que en Bogotá la gente vivía con miedo, yo de eso me había olvidado. De tanta rumba y tantas bienvenidas sólo sobrevivió una botella de aguardiente que guardé en el guardarropa de mi cuarto.

Mucha alegría es verdad, pero por dentro algo se removía. Lo sabía, era el motivo de mi huída: Carolina. El Juancho me contó que había tenido una hija, que ya tendría como año y medio, el papá era un hijueputa que yo detestaba porque me la había quitado (¡qué quitado!, me decia un primo, esa vieja se lo dió a ese man porque quiso, no sea guevón). En las noches me preguntaba como sería la nenita, si sería parecida a ella, las imaginaba a las dos caminando por los parques, a Carolina jugando con su hijita y se me aceleraba el corazón, el corazón que ella había apuñaleado y que con gran dificultad Lizinha había puesto a funcionar de nuevo. Y claro, pensaba en Lizinha, en las noches de pasión, en los amaneceres en Río, desnudos, agotados, en los viajes por el interior durante las fiestas juninhas, haciendo el amor entre el monte, en la aventura en el yate de su amiga mafiosilla, en el regalo que me dió la última noche que pasamos juntos. Algunas veces llamaba a Lizinha y ella lloraba, me pedía que regresara a Río, me decía que las noticias que llegaban allá de Colombia eran terribles, que me fuera a su lado, que me amaba. Yo no sabía cómo explicarle lo que sentía (yo en realidad no entendía muy bien lo que sentía), sólo atinaba a decirle que era la saudade de Colombia, de Bogotá, lo que me había hecho regresar, ella me decía que su saudade de mí era mayor que cualquier otra. Yo no podía hacerle entender algo que tampoco yo entendía. Cuando le mostré a mi primo las fotos de mi estancia en Río me decía que cómo fue que me regresé a éste matadero teniéndolo allá todo. Yo le intentaba explicar, aún así en las escasas veces que veía las noticias o escuchaba a la gente empezaba a entender lo que me quería decir.

Conseguí trabajo tiempo después, mis habilidades con los números me hacían la vida más agradable, me proporcionaban dinero y alivio, a pesar de que tenía que soportar un ambiente de trabajo tan insoportable como el que había vivido antes de irme. Pensaba en Carolina pero no la llamaba. En esos días yo vívía con mi padre, que aún no había muerto. Algunas veces salía de rumba con mis compañeros de trabajo pero me aburría mucho, salíamos a lugares donde ponían una música espantosa: salsa de petardos como Victor Manuel, Gilberto Santarrosa, Rey Ruiz, el Gallo de la salsa, Jerry Rivera, toda esa mierda... no lo soportaba... siempre me iba temprano, salía huyendo de esos lugares. Además de eso, pues mis compañeras eran terriblemente ignorantes, aburridas, sólo hablaban de Betty la Fea, una cosa de verdad lamentable. Algunas estaban buenas, y claro, pidiendo pista, usaban minifaldas cortas, profundos escotes, a ver quién les metía la mano, imagino, cosa que no era difícil porque en esa empresa reinaba un ambiente de promiscuidad enorme.

Yo, juicioso trabajando, lo único que hacía de vez en cuando, y a escondidas, era fumarme mis batericos y nada mas. Hasta que una noche recibí la llamada fatal. Era ella, Carolina. Quise dármelas de duro, pero por dentro sentía que se me derretía todo. Me temblaban las piernas. El nudo en la garganta a duras penas me dejaba responderle. Mejor, así no le demuestro nada, pensaba. Pegado al teléfono fui hacia el guardarropa y tomé la botella de aguardiente, la abrí y empecé a tomar. El guaro me dió fortaleza, me dió serenidad para no pelear, para evitar que los celos volvieran a salir a flote y para no ponerme a llorar. Mis enfermizos celos habían sido la causa de que se dañara la relación, librarme de ellos era una lucha constante en mi vida y casi lo había logrado. Al final, luego de casi cinco horas de conversación, con la botella vacía, quedamos de vernos al otro día en el Parque Nacional.

Todo ese día fue la tembladera total, no sabía si el guayabo era por el guaro o por haber hablado con ella y haber aceptado volverla a ver. Pero tan pronto dieron las cinco salí del trabajo como alma que lleva el diablo. Llegué un poco tarde, había un trancón del carajo en la séptima, todo el tiempo en el taxi viendo el reloj, con el alma que se me salía. Ella ya estaba ella allí. Caminamos un poco, hablamos un poco y no aguanté y le pedí que me mostrara una foto de la nenita. Era igualita a ella, bella la nenita, hay Dios. Fuímos a Barra Café, por la Javeriana. Hablamos frente a frente, al rato ya estábamos tomados de la mano, poco después nos estábamos besando y finalmente llorando, yo como un guevón, claro, llorando con más sentimiento que ella, preguntándole que porqúe había pasado todo así, y ella también llorando, cual telenovela venezolana. Nos fuímos a hacer el amor, cómo no, antes de irnos ella llamó al papá de la niña a pedirle que se quedara con ella. Me sentía raro, pasar de ser El Novio, a ser el mozo.

La verdad es que el embarazo había cambiado su cuerpo, que sin embargo seguía conservando su esplendor, aunque ya estaba un poco magullado. Sus senos estaban mas pequeños, pero su bello culo seguía tan contundente como siempre. Ella me puso contra la pared, me preguntó si las garotas lo hacían bien, yo le dije que sí, me preguntó que si mejor que ella (ella es una gran amante), bueno... si, le respondí. Ella se agachó, me bajó la cremallera del pantalón, me sacó la verga y empezó a chupármela de una forma que me hizo ver estrellas. Ella es una gran amante, de verdad. Hicimos el amor como antes, con intensidad, con la furia de antes, sin condón, claro, ella, como antes, teniendo muchos orgasmos, entre gemidos me pedía que me viniera dentro de ella, y yo después de hacerlo mucho tiempo y aguantar para que ella se viniera más veces, para que recordara, claro, pues me vine dentro de ella y de nuevo me sentí pleno. Y volvimos a estar juntos.

Al día siguiente conocí a la nenita. Cuando llegué a su apartamento Carolina me abrió la puerta. Al momentico apareció una muñequita de menos de metro y medio, caminando a saltitos, que se abrazó a la pierna de su madre. De verdad que la nenita era una muñequita. Algo dentro de mí se transformó, me sentí conmovido.

Mientras dormía a la niña, esa noche, me habló de una fulana que tenía un lío con ella, la fulana le había armado problema y al día siguiente tenían que rendirle un informe a un tal Ricardo, que era su jefe. Que el tal Ricardo era un man superpinta, supergrande que se había comido a todas las compañeras de trabajo, incluída la fulana, y que por eso la fulana creía que le iba a ir bien con el informe y que ella, Carolina, iba a quedar mal. Los celos me invadieron. Me temblaron las piernas, me imaginé lo peor. Muy decentemente, le pregunté si ella también había estado con el tipo. Desgraciadamente al hacerle la pregunta la voz me tembló. Carolina me miró y con cara de aburrida me dijo que si iba a empezar de nuevo con los celos. Yo intenté disimular una falsa sonrisa y le dije que no, que sólo quería enterarme si había pasado algo para saber a qué atenerme. Ella se molestó, me dijo que no. La miré a los ojos, como lo hice en el pasado, a ver si me estaba mintiendo y muchas sensaciones antiguas y olvidadas revivieron dentro de mí. Me sentí fatal. Por primera vez, después de tres años, volví a sentir los celos, un corrientazo me recorrió el cuerpo, un calor me subió a la cabeza y sentí que me pesaba, que se me caía. No puede ser, pensé, si esto de los celos lo había superado. Ni con Lizinha ni con ninguna de las parejas que tuve había sentido eso... ¿porque de nuevo?. Tomé aire y me dije a mi mismo: no, este es un nuevo comienzo, miré a la nenita que ya casi se dormía y me calmé.

Desde ese día todas las noches salía de trabajo y me iba corriendo a ver a Carolina y a jugar con Paula, la muñequita. Los domingos íbamos a cualquier parque, a Salitre Mágico, a Centro Chía, a donde la nenita pudiera jugar y estar con más amiguitos o conocer animalitos. A la nenita le encantaba montarse en el carro, cada vez que llegaba decía: "Bibi, caro, Bibi, caro". Me llamaba Bibi. Esos meses fuí muy feliz. ¿Y el papá de la niña?. El hijueputa se quedó frío cuando me vió en casa de Carolina, unos días después. Nunca le hablé a ese malparido. Carolina me contó que cuando ella le dijo que nosotros habíamos vuelto el man lloró. Como no soy un hijueputa, pues me dió lástima del man, pero como el man me había hecho sufrir al quitarme a Carolina, el pesar me duró poco y pensé: pues bien hecho, que sufra ese hijueputa. Desde luego que Paula, la muñequita, enloquecía cada vez que llegaba el papá, así que siempre evité cruzarme con el man porque me daban celos, no de Carolina, sino de la muñequita, me daba mas bien envidia de ver a la nenita sonriendo tanto cuando llegaba el papá y gritando "papa, papa".

Mi primo me decía que yo era un guevón, que cómo iba a volver con esa vieja que me había puesto los cuernos y tenido un hijo de otro... en fin... que no me confiara... que una vez que le ponen los cuernos a uno se los ponen muchas veces más... yo le intentaba explicar que no había podido olvidarla y que esta vez yo iba a hacer las cosas bien, que no la iba a celar, que iba a controlar mis celos enfermizos, que fueron los que empezaron a dañar la relación en el pasado y que por eso no tendríamos problemas. Debo decir que Carolina aún estaba buena (aún lo debe estar, claro) ella tiene un bello cuerpo, una piel morena aceitunada suavecita, hermosas y contundentes piernas, unos muslos increíbles, bien formados, y sobre todo un gran culo, bellísimo, delicioso, que claro, hace que todos los manes se la quieran comer y le echen los perros. Y ella, como toda mujer, por supuesto, le encanta sentirse alabada, admirada, piropeada, en fin. En esos días ella estaba haciendo un posgrado y yo la recogía, yo la veía salir con la pinta de ejecutiva buena, minifalda, blusa, y quedaba atontado, se veía muy bien.

A los cuatro meses empezaron los problemas. Carolina empezó a perderse los viernes, me decía que se reunía con los compañeros de trabajo. Yo ni quería conocerlos, pues siempre he sido muy asocial, además porque me imaginaba que eran unos tremendos guevones, claro, como mis compañeros de oficina. Un domingo fuimos a almorzar donde su mamá. Doña Clara, su mamá, vivía con su otra hija, Angela. Iba a ver a Angela después de mas de tres años. "Debe estar mas buena que antes", pensé. Al almuerzo también estaba invitado el novio de Angela, pues era dizque para celebrar que el tipo había pedido su mano (uau, que de buenas, recuerdo que pensé). Antes de llegar Carolina me contó que el novio de su hermana era Ricardo, su jefe. ¡Como!... dije, sorprendido. Pues sí, resulta que Carolina los había presentado y claro, el man le había echado el ojo a su hermana.

Aquí debo decir que Angela, la hermana de Carolina, era (es) una mamasita, una mujer superbuena, divina de verdad, con un tremendo cuerpo y una cara hermosísima (la cara de Angela era mas bella que la de Carolina) que en más de una vez me hizo pasar momentos incómodos ya que yo la había conocido cuando aún era una adolescente y su belleza despuntaba derrochante, excesiva, exagerada y yo, por más que lo intentaba, no podía ser indiferente a ella, que hasta me pasaban por la mente malos pensamientos cuando nos íbamos de paseo y la veía broncearse con unas diminutas tangas y observaba ese cuerpo fresco, sin mácula (o sin tanta mácula mejor), aún no tan mancillado por la pesada mano del hombre.

¡Puta mierda!, pensé. Ese hijueputa ya me cayó mal. Ese sentimiento lo alimentaba la duda de si también se habría comido a Carolina. Y también que el man era ya un veterano, en esa época tenía 36 años. Que hijueputa, pues Angela tenía 20.

Llegamos al almuerzo. El man, era bien acuerpado, más que yo, mas o menos alto, tenía una pinta medio militar. Pues resultó que el man estaba metido de profesional voluntario del ejército, o algo así, y que entrenaba con el ejército todos los fines de semana. Mejor dicho, el man ponía el culo por el ejército. Yo siempre he desconfiado de los militares, de la policía de toda esa gente que es bastante criminal. Y lo digo porque tengo un familiar en un alto rango en el ejército y por eso se que esa gente es de lo mas corrupto y sucio que hay.

De entrada nos caímos mal. Muy grande y todo el man pero sin duda era un guevón. Lo sabía. La que si estaba mas buena que nunca era Angela. Claro, se notaba que ese man se la comía que daba miedo, pero es que estaba rebuena: delgada pero con su cuerpo contundente, un culazo (como el de su hermana, marca de familia), un rostro angelical, unos senos hermosos, bien sostenidos, redonditos, del tamaño perfecto y un cabello increíble, que cada vez que se movía emanaba de él un olor a jardín.

En medio del almuerzo surgió el tema del momento: la guerrilla y los diálogos de paz que ya se había acabado. El man entonces empezó a hablar bellezas del ejército, que lo uno, que lo otro. Yo lo dejé hablar. Debo decir, también, que si hay una cosa que he intentado hacer bien es enterarme de lo que pasa, de la verdadera historia de Colombia, leo mucho, no quiero que me metan los dedos en la boca ni los noticieron ni los periódicos, he viajado por Colombia también, de aventura y de trabajo y conozco mucho, bueno, lo suficiente, además pues sé muchas cosas de las cuales me entero por medio de mi familiar militar. Así que sabía por dónde atacar.

Lo primero que le solté, cuando el tipo dejó de hablar, fue el tema de los paracos. El hombre saltó. Defendió la dignidad del ejército y dijo que al fin de cuentas los paracos habían surgido para enfrentar a la guerrilla. Yo le di la razón, por supuesto, le recordé que el ejército, en los ochentas, le cuidaba las fincas a los narcos, que si no se acordaba. El man saltó. Ya me estaba acusando de guerrillero. Luego le dije que no veía como podía admirar a un ejército que en cuarenta años no había podido coger a Tirofijo, que pasaban y pasaban generales y Tirofijo seguía ahí. ¿No será que no les conviene, le dije, porque esa gente del ejército están viviendo de la guerra, se están enriqueciendo de eso, de nuestros impuestos, que están acabando los hospitales y la gente se muere sin atención por darle la plata a esos manes?. ¿Que estaban mandando a la guerra la juventud colombiana más pobre, que no tenía la capacidad de comprar la libreta, como lo hacían los que tenían plata?. ¿Y muchos regresaban mutilados, locos, y todo a cambio de que?. Le pregunté que si no se había enterado que los diálogos de paz los habían terminado los banqueros cuando en la mesa de diálogo se propuso que les pusieran un impuesto, pues eso manes, los banqueros, siempre ganan. Le recordé que un general de la república tenía tremenda colección de autos, cual mafioso. Aquí el man saltó de verdad y empezó a hablar duro. Carolina dijo que mejor salíamos. Angela me miraba super mal. Que pena con Doña Clara, cómo se sintió de incómoda.

Por el camino Carolina estaba furiosa. Desde luego que yo había sido un poco bocón, pero bueno, no había dicho ninguna mentira. Carolina me dijo que ahora ese man iba a pensar que yo era de la guerrilla o algo así. La verdad me sentí mal por eso, pues aquí es peligroso decir lo que uno piensa, y si uno no está de acuerdo con lo que dicen los medios (que es lo que dice la gente), ya lo van acusando a uno de guerrillero o de terrorista. Y si uno le dice las verdades a los que apoyan a la guerrilla pues lo acusan de para, de ultraderechista o lo peor: de uribista. Soy anarquista, agnóstico y escéptico y no creo en nadie ni en nada, sólo en mi santa madre, que ya no está y en mi viejo, que también se fue. Por eso de esos temas de política ya no hablo.

Ese día discutimos duro. Y esa semana fue lo peor. No me contestaba al teléfono, vivía con el celular apagado. Iba a su casa y nunca estaba, no quería que la recogiera después de las clases del posgrado. En su casa me recibía Doña Clara con la nenita. Yo me ponía a jugar con la Paula, la muñequita, lo recuerdo muy bien, con una granja que le habían regalado. Jugaba a imitar el sonido de los caballos (cállo, decía la nenita, a media lengua), de las vacas, de los perros, y la nenita se reía y me pedía que lo hiciera de nuevo (má, Bibi, má, me decía). Empezamos a vivir al vaivén, unas veces bien, otras mal. Unas semanas después todo empeoró. Carolina se seguía perdiendo eventualmente. Yo empecé a sentirme mal de los nervios. No podía dormir. Aveces la llamaba en mitad de la noche, a ver si estaba e su casa a esa hora, y ella se ponía furiosa. Nos encontrábamos y ella estaba diferente. Otra vez esta mujer me empezó a joder por dentro, pensaba, mientras ella a mi lado permanecía indiferente, arrogante, en su mundo. Ni mierda, pensaba, yo ya he salido de ésta, no puedo caer en la misma.

Carolina siguió con sus perdidas misteriosas. Hasta que no aguanté más y llamé a un detective. El tipo me citó, me dijo que eso no se hablaba por teléfono. Luego de que salí del trabajo fuí su oficina. Era mala caroso, un man que se notaba se había bajado a unos cuantos. Era un militar retirado, o del Das, en fin, mala cosa. Gordo, de bigote, de mala apariencia. Me dijo que me cobraba un millón de pesos por una semana, pero eso sí, me mostraba videos y todo. Pero si sólo tiene que seguirla un viernes, le dije. Que no, que el tipo trabajaba toda la semana o no trabajaba. Entonces nada, paila. Mucho menos cuando ví las fotos del man con uniforme.

Decidí hacer yo mismo el seguimiento. De algo me iban a servir los dos años en el grupo de teatro de la facultad. Fui a una tienda de disfraces y compré una peluca afro y barba y bigotes falsos de esos que se pegan con un pegamento especial. Luego me compré una chaqueta bien boleta en San Andresito, para parecer costeño y unas gafas oscuras enormes, que estaban de moda.

Ese viernes pedí permiso y salí temprano del trabajo, al mediodía. Fuí corriendo a mi casa y me puse el disfraz. Llegué temprano a donde trabajaba Carolina y me puse a esperar en una cafetería que quedaba en frente. Cuadré con un taxista que me recomendaron para que me llevara a donde fuera, por si las moscas. Recuerdo que el man me cobró a 40 mil pesos la hora. El taxista era un señor mayor, cuando me vió disfrazado habrá pensado que estaba loco. De camino a donde trabajaba Carolina le dije que necesitaba seguir a alguien. El man de una la cogió y me preguntó que si iba a seguir a mi esposa, de una se pilló que era una vaina de cuernos. Esperé y esperé. Salieron los trabajadores de la fábrica, pero ella nada. La llamé. Me dijo que aún estaba en la oficina, que luego iba a verse con su amiga Ana. Yo no le dije nada, me despedí, amoroso. Esperé. No salía. ¿Y si era verdad?. Me empecé a sentir mal, otra vez víctima de los celos, disfrazado además, como un guevón... me estoy enfermando de nuevo, pensé. Pienso que fue en ese momento en que empecé a sentir de nuevo las ganas de irme otra vez de Colombia.

Ya era tarde, estaba oscuro, iban a ser como las siete. El tipo del taxi se acercó y me dijo que entonces qué. Yo de todos modos quería esperar, pues ella no salía. Al momento salió un carro, de marca, lujoso. Era el puto ese, Ricardo malparido (que agradezca que no recuerdo su apellido si no aquí en este blog lo aventaba a ese gran hijueputa) ... y ella al lado. Sentí algo horrible por dentro, como una debilidad, como si me derritiera por dentro con lava o algo caliente y radioactivo. Eso no se lo deseo a nadie, a nadie de verdad. Mierda. Me dieron ganas de llorar, de irme donde mi mamá... pero ella ya no estaba... pensé en ella, le pedí que me diera fortaleza en ese momento. El carro salió y se fue rápido. Fui corriendo a donde el taxista y empezamos a seguirlos. El corazón se me aceleró cuando me dí cuenta que el hijueputa no se dirigía al lugar donde vivía Carolina, cerca a la Nacional. El man cogió para Ciudad Salitre. Jueputa. Sígalos, sígalos, le decía al taxista, supernervioso. Tranquilo muchacho me decía el señor, intentando calmarme. Llegaron a un edificio. Hasta ese momento no había visto nada raro. Pero ahí vino lo peor: mientras el portero abría la puerta el hijueputa le acarició el cabello, el rostro. Yo, atrás de ellos, veía su contorno, los veía de espaldas. Y ella se dejaba acariciar, luego el man se acercó y le dió un beso en la mejilla. Jueputa, me sentía morir de verdad, que dolor. ¿Porque me hace eso?, pensaba.

Entraron. ¿Y ahora que?, me preguntó el taxista. Nada, a esperar. Le pedí al man que fuera a comprarme media de aguardiente. Mientras esperaba el trago me puse a llorar de rabia, no quería que el taxista me viera en esas. Pero claro, cuando llegó yo estaba en plena lloradera. El man se conmovió. También me había comprado una soda, para bajar el guaro. Me sirvió un trago y trató de consolarme, de darme consejos. Me dijo que no fuera a armar ningún escándalo en la calle, que eso era peor. Me dijo muchas cosas: usted esta joven, consígase otra, mujeres es lo que hay, mire que uno se casa y al rato ya quiere estar con otras, etc, etc. Yo me sentía super mal, triste, hecho mierda, sin ilusiones... otra vez tocando fondo, como tres años antes... no puede ser... Le conté al taxista un poco de mi historia, llorando, lloré tanto que hasta las lágrimas hicieron que se me despegara el bigote y la barba falsos. En medio de tantas palabras el taxista me dio un gran consejo: si quiere sentir alivio mijo, hágale lo mismo, y que ella se dé cuenta, páguele con la misma moneda, la venganza es es el mejor remedio, hágale lo mismo a esa hijueputa.

Ya llevaban como media hora cuando decidí llamarla. No contestó el teléfono. Deben estar tirando, pensé, el hijueputa ese se la está comiendo. Me dió asco de todo, del mundo, de la sociedad, de Colombia, de todo... me dieron ganas de sapearla con la hermana... pero no, eso era de perdedores...

Por fin salieron, como a las dos horas. Ahora los tenía de frente. Las luces del carro del hijueputa me iluminaban. Eran como las nueve de la noche. Yo tenía puesta la peluca, las gafas negras, un poco de bigote. Los miré de frente. Ella me miro, fugazmente... pero no me reconoció... increíble. Peor aún... puso su manos en la nuca del man, acariciándolo. Luego lo besó. Puñalada, tras puñalada, ya mi corazon estaba muerto pero esa puñalada lo acabó de matar. Ese día entró el mal en mí, entró el veneno en mi corazón. Hasta ese día fui un tipo noble, sincero con las mujeres. Decidí que iba a volverme un cafre, un hijueputa. Puta, ese día decidí corromper mi alma para no sufrir más.

Los seguimos. El taxista todo el tiempo me insistía en la venganza, pero también en que me alejara de ella, en que habían mujeres que valían la pena en este mundo. El tipo la dejó en su apartamento y se fué. Yo esperé a que ella entrara. El taxista se fué a comprarme otra media. Esperé un rato más. Cuando llegó con la botella la llamé. Amorosa, cuchicheando, me dijo que había estado con su amiga Ana y que acababa de llegar, rendida, que estaba esperando a que el papá de la niña llegara con la nenita. Yo le dije que no podía visitarla esa noche, que mis compañeros de trabajo me habían hecho una invitación. Quedamos de hablarnos al día siguiente, se despidió cariñosa, fiel. Le pagué al taxista. El man me preguntó que si me llevaba donde las chicas malas, que lo mejor para sacarse a una mujer es estar con muchas mujeres. Yo no quería nada de eso. Le pedí que me acompañara mientras me bebía la media de guaro. Mientras tomaba el taxista me siguió dando consejos, contándome cosas de su vida, de una historia parecida que él había vivido. Me acabé la media y compré otra.

Llegué esa noche a mi casa. Mi papá ya estaba durmiendo, el viejo, con el televisor encendido. Lo apagué. El viejo abrió un ojo y tosió. La casa en silencio y oscura era lo más triste de éste mundo. Me encerré y lloré, hasta que me quedé dormido. Al día siguiente me desperté con un guayabo tremendo, cuando me desperté quise imaginar que todo había sido un sueño. Pero no, era la realidad. En el espejo del baño me veía con ese disfraz ridículo y me sentí peor. Ese día empecé a planear mi venganza. No me salió muy bien, pero esa es otra historia.

El hecho es que este año, 2005, pocos días antes de mi cumpleaños recibo una llamada. Es mi amigo Juancho, que me cuenta que lo llamó Carolina. ¿Quién?, le pregunto, extrañado. Si, Carolina. Yo con ella no me hablo desde hace como tres años, le digo. ¿Como?, me dice Juancho... si ella me llamó para invitarme a una fiesta sorpresa de cumpleaños que le está organizando. ¿Carolina?, le pregunto, la verdad que hace mucho que no hablo con ella. Pues que raro, me dice. Puta, nada, le digo, con ella no me hablo y paila, con ella nada de nada, lejos de mí.

Al día siguiente me llamó Carolina. Yo amable, pues que sorpresa volverte a escuchar, y ella, quetanto tiempo sin hablarnos, que cómo te fue por allá, y yo, pues bien, me especialicé y todo bien, y ella...¿y que, ahora con full trabajo?, y yo, pues sí, bueno, como tiene que ser... y la novia, me pregunta, y yo: pues bien (le mentí, luego pensé que el Juancho le habrá contado la verdad, que ahora no tengo novia), ella se quedó callada, ¿muy enamorado?, si claro, tu sabes que soy un enamorado... y ella, si claro, lo sé... ¿y la muñequita?, le pregunto... ¿mi princesa?... bien, linda, creciendo... muy inteligente... además es bien dominante con sus compañeritos de estudio... yo me quedo callado, recuerdo a Paula cuando me decía "Bibi, Bibi, caro...".

Ella me habla de su hermana, que ahora están peleando, que a su hermana se le metió en la cabeza que ella tiene algo con Ricardo, su esposo, que su hermana es una celosa obsesiva ... me quedo callado, me dieron ganas de decirle: pues bien hecho que se dió cuenta Angela, pero no le digo nada ... ella me dice que quién le manda a su hermana haberse casado con ese tipo tan perro, que ella le advirtió... yo empiezo a sentir naúseas... me hace la invitación a la fiesta, yo, muy decente, le agradezco y le digo que no, que ya no, que ya todo se acabó, que mejor dejar todo así, de lejos... al final ella me dice que yo cambié mucho, que lo que le hice le dió muy duro, que la decepcioné, que le dolió porque ella pensaba que yo era diferente a los demás hombres... pero que me había perdonado... yo le dije que sí, que lo que hice no estuvo bien, que qué cagada pero que el mundo me volvió así, la vida misma me corrompió... (claro, debí decirle, usted misma me corrompió, me jodió por dentro hijueputa, pero no, ¿para que eso?... ¿para que descargar esa energía negativa que luego se viene contra mi y me hace daño?) ... pero que estoy intentando volver a ser el de antes... ¿ya me olvidaste me dijo?... no, no te olvidé, pero todo ya quedó en el pasado, y ya.

Después de un rato nos despedimos, al final me dijo que lástima que no fuera porque ya tenía todo organizado... celebren sin mí, le dije.

No celebré el día de mi cumpleaños, no hice nada raro, creo que fui al cine. Este año cumplí 31, ya soy un adulto, ya dejé de ser un joven. Mi primo me llamó desde Estados Unidos, donde vive, a felicitarme. Nadie más me llamó, ni me felicitó. Unos días después Juancho llamó a disculparse, porque se le había olvidado mi cumpleaños, que me debía la invitación a celebrar, todo bien hermano, fresco, le dije... no le pregunté por la famosa fiesta. En el trabajo, como todos somos ya adultos, de mas de treinta, evitan celebrar el cumpleaños en forma pública y efusiva. Al día siguiente me felicitó Arianita, una compañera, y Sandra, una de las secretarias. Nadie más.

jueves, septiembre 15, 2005

EXORCISMO POR LA 13

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La chica era parecida a ella


Un difícil día de trabajo. Hay colegas que me quieren hacer responsable de sus fracasos ante el jefe. Vivir estas situaciones con gente de treinta años es lamentable, pues ya son adultos. La mejor forma de sacar la furia es recurrir a esa doble vida que todos llevamos. "Vamos a experimentar la noche del miércoles", pienso. Ya no estamos en los tiempos de la represión mockusiana donde Bogotá era obligada a asumir el mojigato rostro bajo el cual las autoridades pretendían esconder la pereza de la policía. Bogotá ahora se acerca un poco a lo que debe ser: un espacio de respeto por la libertad individual y el bien colectivo, un espacio para vivir intensamente, para vivir como uno quiera.

Decido ir a cine. Quiero estar solo. Francamente me da pereza llamar a alguna amiga, la rogadera pa que salgan, en fin. La nostalgia de mi adolescencia me invade cuando paso al lado del teatro Libertador, en la carrera 13 con calle 63, uno de los últimos dinosaurios del cine bogotano, que sucumbe ante el avance de la posmodernidad representada en los multiplex. Estan dando una película interesante: "El Ojo", cine de terror de Hong Kong. Entro al cine, el teatro es inmenso, para un apasionado del cine como yo, todo un deleite. Dos horas después salgo satisfecho. Ya ha caído la noche. Camino por la trece antes de regresar a casa. Pienso en mi doble vida, una vida alimenta a la otra, pero aún el demonio no ha salido, sigo con furia.

En una esquina una chica me entrega una tarjeta. La leo. Voy y saco algo de dinero. Leo la dirección de la tarjeta y me dirijo allí. No hay mucha gente en el bar. Un mesero me conduce a una mesa, me doy cuenta que el tipo no es de fiar. Me ofrece trago, pido una cerveza. Miro alrededor, no hay muchas chicas. Hay una sentada en la barra, otra en una mesa, frente a mí, fumando. No me atrae ninguna. El mesero me trae la cerveza, me pregunta si me llama una chica, no termino de responder cuando me trae a la chica que fuma frente a mí.


Tiene buen cuerpo, un cuerpazo. 

Cero barriga, parece que hiciera abdominales. Nos presentamos. Es bogotana, habla muy bien. Esta mujer es diferente, pienso. Ella pide un trago. Mira hacia la pista de baile, donde una chica baila. Me dice que le encanta la rumba, que le gusta vivir cosas nuevas, conocer gente para tener algo que contar al día siguiente. Le cuento lo que hago, le hablo de mi pasión: los libros. Entonces hablamos de libros y de literatura. Me cuenta que esa tarde su amante, un hombre casado cuya esposa va a dar a luz, le ha leído un libro: "Satanás". Increíble, pienso. Me relata las historias, me habla del libro. Sus opiniones son fascinantes, revelan una gran sensibilidad, eso es lo maravilloso de la literatura. El mesero pasa y pasa a cada rato con una nueva cerveza y otro trago. Ella me cuenta que le gusta el mesero, que su esposa trabaja allí, en la portería (debe ser la que me entregó la tarjeta en la calle), y que aún así no los ha pillado cuando hacen sus cositas. Hablamos sobre Bogotá. Surge el tema del bogotazo... me gusta lo que dice: me habla de Gaitán... del Gaitán abogado.

Que mujer tan interesante, es realmente inteligente, sabe mucho. 

Me cuenta que le encanta ir a la Biblioteca Luis Angel Arango, a leer de todo, libros, periódicos del pasado, que le encanta el silencio de sus salas para leer. Llego a pensar que es una periodista o alguna escritora viviendo al límite. Sabe muchas cosas que a una mujer normal jamás inquietaría. No ve televisión. Cero telenovelas, que bueno. Me dice que le encanta ver Discovery channel. Me habla de un documental que vió el día anterior. El mesero pasa y pasa, ellos se miran, ella sonríe. Me empiezan a dar celos. El mesero, a cada momento que sirve el trago, pide la propina. Que fastidio, pienso. Y este man además se la come. Le hago un comentario sobre el mesero, ella me dice que las chicas le dicen "El Divino". Pienso: no me puedo dejar encarretar por esta mujer, pero es muy inteligente, fascinante. Tiene una sonrisa hermosa.

Se me acaba el dinero. No aguanto más y le pregunto que cuánto me cobra. 

A esta altura de la noche (ya son las 11) ya estoy seducido por completo, ya la deseo. Me dice que le caí bien, me pide 30. Para los demas es a 50. Listo. De verdad que la chica esta buena y ademas es inteligente e interesante, que seduccion tan poderosa. Vale la pena. Luego le pregunto si aceptaría que nos viéramos por fuera del bar. Me mira y me dice que si, que le caí bien. Que por fuera del bar no me cobra si pasamos buenos momentos. Quedamos en que voy a sacar mas dinero, lo hacemos y seguimos de rumba. Ya no pienso en el trabajo, en que al día siguiente debo madrugar, que es una cagada llegar con tufo a la oficina... en fin... se me olvida todo... ya el demonio está fuera. Más que la belleza es la inteligencia lo que me seduce, una mujer inteligente me produce un enorme deseo sexual, una mujer inteligente e interesante es lo mejor que puede ocurrir.

Saco mucho dinero y regreso. No te demoraste, me dice, sonriendo, hermosa. La miro de arriba a abajo, siento un profundo deseo. Pedimos ron, media botella, le doy el dinero de la habitación. Ella va, cuadra todo y regresa, me dice que debemos esperar porque las habitaciones estáncarrera 13 bogota prostibulos sexo putas prepagos blog bogota llenas. El mesero llega con el ron, finalmente me saca la propina, gracias a ella. Yo pregunto: ¿propina por que?. Pero bueno, ni modo, ella sonríe y listo. Hablamos de todo, de la música brasilera, del rock contemporáneo que es una mierda, de la dependencia cultural de este país con Estados Unidos: ella dice que todo lo que llega de alla aqui lo consumen sin pensar, que maravilla, pienso, que maravilla sus palabras, su pensamiento. Yo ya estoy hipnotizado por sus palabras, por su inteligencia.

Y hablamos de sexo. 

Tiene 22 años, hace tres meses que trabaja en los bares. Me dice que le encanta el sexo. Me pregunta sobre mis gustos, le digo que en cuestión de sexo no tengo límites, que puedo tirar por horas y horas sin parar, que me gusta hacer de todo. Ella sonríe. Le hago una confesión: nunca lo he hecho por atrás. Ella sonríe, me dice que le encanta, que gusta la mezcla de dolor y placer, me pone la mano en la pierna y aprieta fuerte. Le hablo de mi vida, ella me habla de la suya. En ese momento suena "Egoísmo". Que bella la música llanera. Ella me cuenta una historia hermosa, de cuando ella era niña y estaba en el jardín: a un amiguito suyo le encantaba la música llanera porque su padre era del llano, siempre que escucha esa canción se acuerda de su amiguito. Me dice que siempre fue muy precoz, que a los once años ya iba a los bares, su cuerpo ya se había desarrollado. Vive con su padre en el barrio Diana Turbay. Hablamos del barrio La Soledad, donde ella también vivió. Me dice que en el sur los domingos todo el mundo sale, las calles se llenan de gente, que en La Soledad no es así, todo es muy tranquilo. Luego me habla de Juanes, de su admiración por su música. Me cuenta que vio en la tele un concierto de Juanes en Japón, que la emocionó mucho ver a la gente japonesa disfrutando. Y claro, hablamos de la maravillosa música colombiana.

A esa altura de la noche (ya son las dos) ya nos estamos terminando la botella. Me mira a los ojos y me dice que nunca estuvo con alguien tanto tiempo conversando a pesar de haber pagado la habitación. Me dice que vayamos al cuarto y luego nos vamos de rumba. Vamos. Entramos, el cuarto está en penumbras. El trago ha hecho efecto. Nos comemos uno a otro. Ella está supermojada, delicioso. Yo me la como a besos. Empezamos a tirar con deseo, con furia. Entro y salgo de ella, se siente suave, supermojado. Ella gime, el cuarto huele a sexo. Luego se da vuelta y me deja hacérselo por detrás. La verga entra con dificultad pero entra. Ella gime. Le encanta. Nunca lo había hecho así. Se siente más estrecho, quiero metérsela toda. Yo estoy muy exitado. Mientras la penetro por detrás le meto el dedo en la vagina húmeda. Se la meto toda, se siente delicioso. Cambiamos de posición, ella se hace arriba. De nuevo la penetro por la vagina, toco sus caderas, siento su piel caliente, su cuerpo intenso. Ella gime con fuerza. Golpean a la puerta. Ella grita que ya salimos. Luego, sentada arriba de mí, se pone mi verga en su culo. Vuelvo a entrar con dificultad, ella grita, gime. Se mueve, se la mete toda, grita. Se empieza a mover mas fuerte, gime y grita. Yo empujo con fuerza mientras tomo sus caderas, se la quiero meter toda, que delicia. Ella se mueve de arriba a abajo. Yo no aguanto, me corro, pero seguimos haciendolo. Ella se sacude, sube y baja, gime. Vuelven a golpear. Me salgo de ella. Nos miramos en la penumbra. Sonreímos.

Salimos de nuevo. Ambos sonreímos. El mesero nos mira con envidia, serio, ya no sonríe, no se vuelve a acercar a la mesa. Ella me dice que le pareció corto el tiempo, que quería seguir. Yo siento que lo que acabo de vivir es una alucinación. ¡¡¡¡¡Que polvazo!!!!! Hacía mucho tiempo no me echaba un polvo tan bueno. Seguimos conversando y terminamos la botella. Ya son las tres de la mañana. Salimos a buscar otro bar, ella me dice que le gusta uno que queda en Lourdes. Vamos pero está cerrado. Buscamos muchos lugares pero todo está cerrado. Vamos a un bar de antología: Púrpura... hace años que no voy allí... pero está cerrado. La ciudad está tranquila. De vez en cuando se cruza alguien pidiendo plata, yo me alejo, puede ser peligroso. La gente pide plata por nada. Finalmente ella decide comprar una hamburguesa. Ella quiere rumba, yo pienso que tal vez podamos ir a algún lado a pasar la noche. Pero ella no quiere, quiere rumba.

Entonces vamos hacia Las Cascadas, tal vez está abierto. 

Caminamos. Todo está muy tranquilo. Bogotá es increíble pienso, esta ciudad tiene una magia profunda. Llegamos al bar, esta abierto el bar de al lado, Linares. Entramos. El bar está lleno, la gente rumbea sin parar. Compramos cerveza y bailamos. Al lado una hermosa morena le baila a un chico que parece muy tímido. Ella le mueve el culo enfrente mientras él, hipnotizado, observa, pero no la toca. Luego el le baila a ella, ella le abre la bragueta y le mete la mano, el no se deja. En otra mesa hay muchos hombres y una chica deliciosa sentada, aburrida. En la pista hay tres hermosas niñas, niñas bien se nota, o de la Javeriana o de los Andes... se besan hacen el sandwich. Ella las observa, seducida, con certeza quiere estar allí, besándose con las tres chicas. Nos sentamos. Me dice que si puedo conseguir perico. Voy a la barra, le pregunto al mesero. El tipo bien amable, me vende una bolsita por tres mil pesos, que barato: BOGOTA ES UNA MARAVILLA, pienso. La gente rumbea con todo. Suena un reggeton. Una mujer que me ha visto comprar el perico se acerca. La mujer me baila, me pone el culo, esta buena. De nuevo siento mucho deseo. Me pide perico y cerveza, no puedo, le digo, Ella me espera. Regreso a la mesa. Ella toma una cerveza. Me dice que bailemos. Yo le enseño el perico. Ella abre los ojos, me besa, agradecida. Nos metemos un par de pases cada uno. El perico entra en mi cabeza, me despierta. Suena un tecno. Vamos a bailar. La locura, RUMBA CORRIDA EN BOGOTA, la gente baila en la pista llena. Llegan unos travestis. Se ven bien atractivos. Un grupo de hombres que están en una mesa los llaman. Suena el reggeton de Shakira, la gente enloquece, la pista se llena, todos bailan intensamente.

La morena ya no está con el chico tímido, ahora baila con otro hombre que la toma con fuerza por detrás. Llega un hombre medio musculoso, vestido con un esqueleto, a sacar a bailar a la chica que esta en la mesa con mucho hombres. Parece que le pide permiso a otro hombre, quecarrera 13 bogota sexo prostibulos putas prepagos blog bogota asiente. La chica se pone de pie y baila con el tipo del esqueleto. Ahora dos de las niñas bien se besan y se tocan apasionadas, exitadas. Yo observo a las mujeres de las otras mesas, bailan, se mueven sensualmente, me exitan mucho. Yo en mi mesa, abrazo a la chica. Ella, que todo el tiempo no ha dejado de mover la cadera al ritmo de la música, pone mi mano entre sus piernas. Yo le meto la mano entre el pantalón y le tomo la vagina, aún húmeda. Le meto el dedo, le masajeo el clítoris. Ella se retuerce. Me doy cuenta que mis manos huelen a su sexo, un olor intenso. Voy al baño, me lavo las manos pero el olor persiste, me gusta.

El tipo del esqueleto se va con la chica. Ya son las cinco y media de la mañana, yo entro a trabajar a las ocho. Hora de irme. Salimos. Ella quiere regresar al bar donde nos conocimos. Vamos. La luz del amanecer en Bogotá hace que todo adquiera un aire de irrealidad. Frente al bar nos despedimos. Quedamos de vernos el viernes siguiente. Ella, como escéptica, me despide. Demoro un rato en tomar un taxi. Estoy agotado, alucinado por lo vivido. En la mañana aún conservo el olor de su sexo en mis manos, de nada vale el jabón, el olor permanece. En la oficina huelo mis manos y me exito. Recuerdo cuando la penetré por detrás, por primera vez en mi vida lo hice así. Ella se llevó mi virginidad, eso lo podrá contar al día siguiente.

Tranquilo, voy y hablo con el Jefe. No estoy exaltado, ya el demonio de la furia ha salido, ella lo ha exorcizado. Le explico lo que los otros dos ineptos no pudieron hacer... el me apoya... ya le han contado la verdad de lo que que ha sucedido, se lo contó otro compañero, no los ineptos... mientras hablo con el Jefe todo el tiempo pienso en ella, lo escucho y pongo mi mano en la barbilla, siento el olor de su sexo. De nuevo estare volviendo por la trece, pienso.