lunes, septiembre 03, 2007

SODA STEREO EN BOGOTA (I)

Hola Emanuel.


1986. Año de libertad.


Después de pasar dos años fuera de Bogotá volví a la casa de mis abuelos en el Barrio Ricaurte. "¡Se creció el chino!", dijo mi abuelo cuando me vió. Como no había tiempo para otra cosa mi madre me inscribió en un colegio privado, que en ese entonces era de mediopelo y ahora es de renombre, que queda en Chapinero.

Cuando se acabaron las vacaciones ella volvió al pueblo y yo me quedé con mis abuelos, casi en plena libertad. Al lado de la casa vivía Manolo, que era un poco mayor que yo. Lo conocía de antes, cuando éramos niños y en las vacaciones íbamos a jugar fútbol todos los días al Parque Montes. Su papá tenía un negocio de venta de discos en el Sanandresito de la 38. El padre, don Rodrigo, era en esencia un comerciante. En su larga y aventurera vida había hecho de todo y, sobre todo, vendido de todo. Compraba y vendía lo que fuera. Iba a los pueblos, a las ferias, a vender. Ahora estaba con la música. En esa época la música no venía aún en formato digital, como seguro la conocerás Emanuel, los discos compactos hasta ahora estaban llegando a Colombia y los compraba poca gente, porque eran muy caros. En esa época la música se escuchaba en acetatos y casetes.

Don Rodrigo no sólo estaba al tanto de lo mas popular de la música tropical, del vallenato, de la salsa y la música guapachosa del momento, que es lo que mas se escucha en Colombia. Estaba al tanto de todo, si llegaba alguien con un nombre raro, el man anotaba y buscaba el disco, desde carranga hasta heavy metal, pasando por el reggae. No era un erúdito, sólo alguien que le gustaba comprar y vender. Surtía negocios de música en los pueblos. Viajaba comerciando por toda Colombia, y también había estado fuera, en Venezuela, Panama y Perú. Gracias a Manolo y a su padre fue que en ese año de 1986 conocí a Soda Stereo.

Yo salía de la infancia y entraba a la adolescencia. 

Había estado viviendo dos años en un pueblo cercano y la movida de la vida bogotana me cogió por sorpresa. Además, en aquel entonces el Barrio Ricaurte era, mas que nunca, epicentro o lugar de paso obligado de todo cuanto entraba a la Bogotá cotidiana y a la Bogotá subterránea de esos años: música, ropa, tecnología, alimentos, bebidas, licores, electrodomésticos, tendencias populares y de la élite. Todo se conseguía allí.

En Sanandresito había de todo: desde falsos comerciantes, que se iniciaban en el negocio de lavar dólares de los narcos, contrabandistas sin escrúpulos amparados por la protección de cínicos políticos bogotanos como la familia Lleras, hasta comerciantes legendarios, recalcitrantes y muy astutos en el negocio de comprar allí y vender acá. La invasión del dinero del narco ya estaba en pleno curso. Don Rodrigo aguantó hasta que, diez años después, le dieron la visa para entrar a Estados Unidos, viajó y decidió quedarse allí a probar fortuna. Poco después se llevó a Manolo, a su esposa y al resto de su familia.

En aquellos tiempo todo pasaba por allí, por Sanandresito. 

Había muchísimo contrabando. Frente al negocio de música de Don Rodrigo había negocios de ropa y zapatos deportivos. Me encontré de repente con algo que no conocía, que había visto en los años de mi infancia pero que no entendía ni me importaba, y que ahora, ya adolescente, me impresionaba: la moda. Me dí cuenta de que algunos adolescentes se vestían de forma peculiar, con ropa de diversas y extrañas marcas: jeans Levis, tenis Reebok, Nike o Adidas, camisetas Ocean Pacific o de otras marcas desconocidas. Llevar ropa de esas marcas era la moda. Para mi mente adolescente, configurada en un ambiente rural en el cual llevar puestos unos tenis Croydon era, de verdad, una gran alegría, éste carnaval exhibicionismo trastornó para siempre la idea que yo tenía de la sociedad.

Sin embargo otros adolescentes no andaban en ese festín de marcas y apariencias. A muchos no les interesaba la moda sino la música. Y sobre todo un tipo de música, que era cada vez mas solicitada: el Rock en Español. Luego, a finales de ese año muchos adolescentes combinaban las dos vertientes: la forma de vestir y la reciente moda juvenil del rock en español.

Durante ese año estudié y cumplí en la medida que pude en el antro donde estaba, donde tuve unos pocos amigos, en especial uno: Cardozo, un man del que me hice amigo desde una vez que me lo encontré comprando un jueguito electrónico en Sanandresito y lo llevé a donde le vendían los mejores y mas baratos. El man era vago y de buena familia, era mayor que yo, ya casi coronaba los catorce años y su papá era médico.

Yo estudiaba y cumplia mis obligaciones, a medias, porque lo único que me interesaba era el fútbol y solo vivía para jugar fútbol. Quería que me dejaran entrenar en las vacaciones con un equipo en el parque Montes. Los sábados nos íbamos con Manolo a jugar fútbol y en la tarde atendíamos el negocio de su padre. Fue así que aprendí algo que me ha sido realmente útil en la vida: saber vender algo.

En esas estaba una tarde en que llega un man al negocio, un antiguo amigo de Manolo. Tenía un corte de cabello que ya había visto por ahí: con los pelos parados y gel. Llevaba un disco, que en aquellos tiempos era de acetato, no existían los DVD que acaso llegues a conocer Emanuel.

Nosotros estábamos atendiendo detrás del mostrador. El man llega, saluda, y le muestra el disco a Manolo.

- ¡Huy marica, lo consiguió!, dijo Manolo.
- Me lo trajeron de Perú, dijo el man, que se llamaba Leonardo y le decían Leo.
- ¡Mire, mire!, me dijo Manolo.
- ¿Y eso que es?, pregunté.
- ¿Que es?, ¡es lo que se está poniendo de moda, marica!.

Era el álbum "Nada Personal", de Soda Stereo.


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PORTADA DEL ALBUM

"NADA PERSONAL"

SODA STEREO (1985)


- Mire, ésta es la que ponen en Discovery: Nada Personal, dijo Leo.

Manolo puso la canción. Por primera vez en mi vida las ondas musicales del rock en español atravesaron mi entendimiento para dejar una imborrable marca generacional en mi memoria. Marca generacional que pertenece no sólo a los adolescentes bogotanos de los años ochenta, pertenece a los adolescentes latinoamericanos de aquella época, es decir, a los treintañeros que somos hoy en día. Aquí te la pongo, en una fantástica versión en vivo.



NADA PERSONAL (1986)

SODA STEREO



Estremecedor. Indescriptible para los adolescentes ochenteros que nos enloquecimos con ese ritmo. Hasta ese momento ese asunto de rock en español era algo lejano para mí. Hasta ese momento permanecía abrumado por la formación musical rockera que había recibido del dueño del único bar de rock del pueblo donde había vivido, un veterano hippie, antiguo pretendiente de mi madre, llamado Chucho. Hasta ese momento los ídolos inamovibles del rock fueron para mí los Rolling Stones, en materia rockera no dejaba de escuchar "Angie", y, por supuesto "Satisfaction".

Escuchar "Nada Personal" me causó un gran impacto. 

A través de ésta canción me enteré de la existencia de la movida rumbera adolescente bogotana, de las famosas "minitecas", que daban sus primeros pasos. Me enteré de la existencia de dos lugares, legendarios para mi generación: Discovery y la Non Plus Ultra. Y también de otros lugares de la movida rumbera mas adulta, como Keops Club, Stardust, Massai, el Goce Pagano o Quiebracanto. Y sobre todo de un fenómeno sociológico de amplios alcances: la aparición de "los gomelos", o la "gente bien de Bogotá", y de "los ñeros" cada uno con su estética, moda y forma de hablar. Discovery era la discoteca (o miniteca) de los gomelos y la Non Plus Ultra de los ñeros.

Hubo otra razón poderosa que hizo que ésta música me deslumbrara: cantaban en español. Rock en español contemporáneo. Las letras de las canciones de Soda Stereo, llenas de imágenes, inconexas muchas veces, me hablaban por primera vez en un lenguaje urbano y sofisticado, formando metáforas sugestivas, intensas algunas veces, relajantes otras.

Soda Stereo era el rock de la nueva generación. Mientras los treintones ochenteros se deleitaban con el merengue dominicano los adolescentes empezamos a escuchar Rock en Español. Pero eso fue un par de años después. En 1986 el Rock en Español y en especial Soda Stereo era un asunto de minorías, de melómanos y vanguardistas del nuevo espíritu latinoamericano: de gente subterránea de la Bogotá subterránea de aquellos años. El rock empezó a sonar con fuerza en español.

El rock hablaba en español y nos hablaba de la vida que vivíamos. Aquí te pongo este vídeo, donde puedes ver las pintas de los manes y hacerte una idea de la estética adolescente que surgía:


SOBREDOSIS DE TV

SODA STEREO



¿Que tal?. Para mí, y creo que para muchos de los adolescentes bogotanos de la época, fue deslumbrante. Cada vez que escucho esta canción me acuerdo de las gomelas ochenteras, y de entre todas una que vivía en nuestro barrio: Andrea, que enloqueció el corazón, la cabeza y el cuerpo de mi amigo Manolo, luego de Cardozo, luego de Leo y finalmente de mí. Ah que tiempos aquellos Emanuel.

Sin embargo, para Chucho, el veterano roquero, dueño del bar del pueblo, la música de Soda Stereo era un tema polémico:

- Se copian de "The Smiths" - decía, y me ponía canciones de ese grupo inglés - esto es lo under de Londres y Manchester - decía. Soda Stereo no le gustaba - son unos trolos - decía, y ponía música de un grupo llamado "Los Redonditos de Ricota" - este es el rock argentino - decía.

Yo escuchaba las canciones de "The Smiths" que me ponía Chucho, y me sonaban parecido, pero lejano. 

No entendía un carajo las letras y no me esforzaba por entenderlas, a pesar de los esfuerzos de Chucho, que con las canciones de los Rolling Stones me dio las primeras lecciones de inglés que recibí en mi vida. Simplemente prefería a Soda Stereo porque eran igual de sofisticados que "The Smiths" y además cantaban en español, cantaban en mi idioma. Ya no había que aprender inglés para entender el rock. Ademas, aunque tenían cierto aire a "The Smiths", ésta canción desmentía cualquier acusación de plagio:



EL TEMBLOR

SODA STEREO



Fantástico. Esto, para nosotros, sonaba a algo así como rock y música andina: simplemente rock latinoamericano. 

Música, desilución, amor y rebeldía: cóctel apetecible para el espíritu adolescente bogotano del 86, pues en aquellos tiempos, como ahora, la violencia era el pan de cada día de la brutal y despiadada realidad colombiana. Como ahora y como en el futuro que conozcas Emanuel.

Así, entre el fútbol y la música de Soda Stereo, me hice un adolescente. 

El Rock en Español era algo que en esos momentos empezaba como fenómeno generacional y que para Manolo, Cardozo, Leo y para mí se hizo realidad cuando supimos que Soda Stereo vendría, por primera vez a Colombia, a presentar su nuevo álbum, "Signos" y a tocar en Bogotá y Medellín, a finales de ese año, 1986.

(Continuará...)

Las otras entradas:

- Soda Stereo en Bogotá (II)

- Soda Stereo en Bogotá (III)