miércoles, marzo 15, 2006

LUNA LLENA EN BOGOTA


Caminar por las calles bogotanas, por la Séptima, pasar por el Parque Nacional. Caminar en Bogotá. Caminar por alguno de sus senderos, por algún camino oculto entre sus urapanes. Caminar con la vista puesta en sus cerros verdes orientales, detrás de los cuales surge la luna redonda, luna llena, luna de brujería, Luna Bogotana con su luz pálida radiante, a punto de explotar.

Hoy de nuevo hay luna llena en Bogotá. Que felicidad.

Caminar por las calles de Bogotá detrás de la luna llena como un animal. Detrás de esa luna bogotana que trae la locura, la poesía, la vesanía, las ganas de un guaro para calentar el cuerpo, de un baretico. Luna Bogotana que trae el deseo de un verso para susurrarlo al oído de alguna esquiva e indiferente bogotana, un verso musical que derrumbe su indiferencia. Un buen verso barato para una mueca de burla que esconde un poco de inquietud. Un verso para que un par de ojos, sin saberlo, vuelvan a brillar. Un verso, unas palabras musicales que, con la luz de la luna, ayuden a emborrachar.

Luna Bogotana que trae el murmullo de los versos de Silva, que le escribió mil veces, en la añeja Bogotá, a esa luna que lo enloqueció. Silva, que en las noches salía a contemplar la blanca y brillante luna llena bogotana, a recitarle, demente, con su mirada melancólica embriagada por el opio, nostálgico y feliz, versos como éste maravilloso Nocturno.


NOCTURNO III

Una noche
Una noche toda llena de perfumes,
de murmullos y de música de alas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y
húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida
toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de tus fibras se agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulos
os,
infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
Y tu sombra
fina y lánguida,
y mi somb
ra
por los rayos de la luna proyectadas
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
y eran una sola sombra larga
y eran una sola sombr
a larga
y eran una sola sombra larga.


Don Jose Asunción, te agradezco esa poesía que me trae el recuerdo de mi amada ciudad. Esa poesía que me pone a soñar. Esa poesía que me trae la esperanza y me dice que todo vuelve a empezar.