lunes, abril 03, 2006

BIENVENIDA EN LA CANDELARIA ( II )

(Viene de: Bienvenida en La Candelaria I)

BIENVENIDO A LOS TREINTA


crisis treinta 30 años adultos rumba fiesta sexo barrio la candelaria bogota blog

Llegar a los treinta años y comienzan las crisis por hacerse mayor



Valentina llegó a las siete y media. Un fuerte abrazo, que duró varios minutos, fue la mejor bienvenida que pude recibir. En los momentos difíciles que viví en Europa ella siempre me alentaba recordándome que debía ser fuerte, que me esperaba mi tierra, mi ciudad, mis amigos, mi familia, que me esperaba un país que sin duda necesitaría gente preparada como yo.


Aunque estaba estudiando gracias a una beca, debí trabajar para sobrevivir y viví las dificultades propias de un inmigrante.

Hay que decir una cosa: ser inmigrante es algo muy hijueputa, y si se es colombiano el asunto es mas complicado. En los peores momentos las palabras de Valentina me sacaron del pozo profundo de la tristeza. El cariño y aliento detrás de esas palabras fueron lo más valioso para mí. Así, en la distancia, pude apreciar y sentir lo mejor de ella: su amistad. Eramos y somos amigos por encima de todo, la amistad es un vínculo que supera los frágiles y caprichosos vaivenes del deseo, del sexo, incluso del amor.

"¿Como agradecerte tu apoyo Valentina?... como no se hacerlo te traje esto..." y le entregué un pequeño regalito: unos pendientes que le compré a un egipcio. "Para que atraigas las buenas energías", le dije. Valentina recibió el regalito con alegría y con el clásico bogotano "¡Tan divino, gracias!", y me dio un beso en la mejilla. "Y me caen como anillo al dedo, mira, hoy no traje pendientes". Se los puso. Estábamos en una tienda que atiende un señor que cojea de forma impresionante. Representábamos la mas pura escena bogotana: tienda de barrio, bebiendo cerveza Aguila y escuchando vallenatos. Yo me sentía tan bien que hasta los vallenatos romanticones insoportables me parecían buenos.

Intercambiamos experiencias. Le conté con detalle mis amarguras, le conté de la holandesa que me rompió el corazón, de la saturación de libertinaje que llegué a sentir. 

"¡Como!... cuidado, te estás haciendo viejo", me dijo, "bienvenido a los treinta", me sonrió y brindamos. "Pues si estás saturado prepárate porque a los treinta ya no queda más que el sexo para comunicarse".

Ella me contó sus aventuras. Se metió con un man mitómano que le decía que era íntimo amigo de Julio Mario, de Carlos y Luis Carlos. El tipo le pidió una plata prestada y nunca más volvió a aparecer. Después de buscarlo y buscarlo por fin lo encontró y lo hizo detener. Valentina es abogada. El man era de buena familia, la mamá, avergonzada, le devolvió la plata. "Pero Vale, tu tan grande y cayendo en esas... no puede ser... ¿es que el man era buen polvo?". "Sí, caí... pues el man era buen polvo... pero no era sólo eso... simplemente me endulzó la oreja". Brindamos de nuevo por los engaños y desengaños de ésta puta vida.

"Ser adulto es muy difícil Vale, la vida es muy jodida, te llenas de deudas, de obligaciones, los bancos te exprimen, para sobrevivir en la sociedad algunas veces hay que volverse un ser ridículo, patético, hay que volverse un imbécil, hay que alinearse con el pensamiento vigente, con el pensamiento del sistema, de los que gobiernan el sistema. Cuando teníamos veinte años se nos perdonaba todo, la rebeldía, la necedad, el inconformismo, ahora no. No hay otra opción mas que ser una oveja mas del rebaño". "Fresco chino, no se ponga así, usted trabaje en lo que le gusta, gane plata y luego podrá hacer lo que quiera. A a los treinta uno tiene que admitir lo que negaba a los veinte: que la plata es mas influyente y necesaria de lo que uno cree. Lo importante es que usted no le venda el alma al dinero, eso lo hacen los verdaderos imbéciles". "Y entonces que somos nosotros, ¿unos falsos imbéciles?". "Nosotros somos como muchos que andan por ahí, sólo queremos disfrutar la vida en medio de tanta mierda". Valentina y su pragmatismo resolvían mi nihilismo y eran el mejor antídoto contra el existencialismo que había traído de Europa.

En ese momento llegó Juanita.

(Continúa en: Bienvenida a La Candelaria III)