viernes, enero 20, 2012

Actrices porno colombianas: de paseo por el Valle de San Fernando

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Esperanza Gómez

Actriz porno colombiana en la meca del cine porno, San Fernando Valley, en Los Angeles


El año pasado tuve que ir a Los Ángeles por razones de trabajo. Tenía que visitar a un cliente nuevo, un señor de origen mexicano que tenía un negocio de repuestos para carros y motos, próspero en el pasado, pero que se había venido a menos por la crisis económica en ese estado gringo. El señor estaba muy preocupado por la evolución de la economía de California, veía que su trabajo de toda la vida se podía perder y quería salvar cuanto antes lo que le quedaba. 

Me había invitado a ir allí para que le presentara una propuesta de inversión, nada fácil en aquellos meses en que la crisis galopaba con gran impulso. La cita no salió como lo esperaba, pues el hombre quería recuperar las pérdidas recientes en poco tiempo y eso, hoy en día, es imposible. Aún así me confió una suma importante. Después de tres días de reuniones y gestiones con el cliente quedé libre para hacer lo que quisiera durante un día. Luego tendría que volver a New York, cosa que me daba pereza, pues prefería retornar a Bogotá cuanto antes ya que Rocío estaba por Colombia en aquellos días.

Jamás había ido a Los Ángeles, la meca del cine. Sin embargo, no sentía ganas de visitar sus santuarios cinematográficos. Si acaso recorrer sus calles y reconocer en ellas los escenarios de unas cuantas novelas que había leído y que ocurrían allí, como las de Raymond Chandler, pero en especial las de James Ellroy. También quería pasarme por la mítica playa de Venice, donde Jim Morrison escribió las letras de sus mejores canciones.


Llamé a Roberto, un amigo que vive allí, a ver si nos veíamos para tomarnos algo. "Estoy viviendo por el Valle de San Francisco, donde hacen el cine porno", me dijo. "¿Va a ir a los estudios de la Universal?", me preguntó. "No, que va, me da pereza, voy a caminar por ahí, algo tranquilo, creo que iré por Sunset Boulevard o por el Barrio Chino", le dije.  "Veámonos a las cinco por acá y nos tomamos algo", me dijo.

Pasé el día caminando de un lado a otro. Los Ángeles es una ciudad grande. A pesar de mi mala actitud, de mi pesadumbre por tener que estar allí y no poder estar al lado de Rocío, pronto el paseo del Sunset Boulevard me hizo sentir bien. El recuerdo de aquella famosa película de Billy Wilder me trajo un buen karma, siempre me han gustado las películas de escritores. También la evocación mental de The Doors y Jim Morrison me hizo librarme de la sensación de superficialidad que ostenta esa ciudad, donde todo parece girar alrededor del cine y el star system. De lejos observé el mítico cartel que dice "Hollywood" y llegué a emocionarme.

"Everybody comes to Hollywood
They wanna make it in the neighborhood
They like the smell of it in Hollywood
How could it hurt you when it looks so good..."

La letra de la canción de Madonna se me vino a la cabeza. Sentí que las cenizas de mi espíritu rumbero amenazaban con despertarse. En ese momento pasé frente al Whisky A Go Go, el mítico club nocturno donde el grupo "The Doors" se lanzó a la fama. Me propuse pedirle a Roberto que me acompañara allí esa noche para tomarnos algo y escuchar al grupo de turno. Recordé la escena de la película de "The Doors" de Oliver Stone y me imaginé una rumba poderosa. "No, no puedo, mañana debo estar a las once en el aeropuerto", recordé.

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El bar Whisky A Go Go, donde Jim Morrison y The Doors saltaron a la fama


A las cinco estaba en San Fernando Valley con Roberto. Estábamos en un café que era igualito al que aparece en la primera escena, y también en la última, de la película Pulp Fiction de Quentin Tarantino. Comíamos la típica comida que podríamos estar degustando en un lugar como ese: hamburguesa con coca cola. Roberto me hablaba de su trabajo como ingeniero de una empresa de software. En ese momento mi amigo se quedó con la boca abierta y me señaló hacia la puerta, donde entraron dos mujeres, dos mujeronas, curvilíneas, con sendos tacones, pantalón ajustado, bien vestidas pero sobre todo bien provocativas. Una de ellas era igualita a Sofía Vergara, la actriz barranquillera. "¿Es la Toti?", le pregunté a Roberto. Recordé que Sofía Vergara trabajaba en Estados Unidos como actriz.

- No, es Esperanza Gómez, la actriz porno colombiana.

En ese momento no estaba al tanto de las novedades del porno colombiano, ni mucho menos de las actrices que han llegado a la meca del porno, en el Valle de San Francisco, pero al verla me pareció que Esperanza Gómez estaba muy buena y tuve muchas ganas de ver alguna de sus películas. Su amiga también estaba muy buena, pero ella la superaba. Las dos mujeres se sentaron y pidieron a la camarera.

- Vamos a pedirle un autógrafo - me dijo Roberto.
- No, yo no soy capaz, me da vergüenza - le dije.
- Yo si voy - dijo - es la primera vez que la tengo tan cerca y no está rodeada de esos manes con los que trabaja, que son un asco.

Roberto se puso de pie y se acercó a ella. Le dijo algo, ella sonrió. Estuvieron hablando un rato, en algún momento Roberto me señaló y ella miró hacia mí. Yo me puse nervioso, levanté la mano y saludé de lejos. Luego ella le firmó un autógrafo a mi amigo, que regresó a la mesa.

Roberto me contó todo lo que sabía de Esperanza Gómez, que había posado para la Play Boy, que había salido en Soho, que hacía unos meses era la bomba latina del porno, que las películas que hacía eran bastante buenas. "La nena es caliente como ella sola", me dijo, "es la number one, el top ahora mismo". Me sorprendí de lo desactualizado que me encontraba en ese tema, lo más reciente del porno colombiano que sabía era sobre las películas que Nacho Vidal había estado grabando en Colombia. "Invítela al Whisky A Go Go y nos pegamos una buena rumba, a lo colombiano", le dije. Roberto sonrió, estaba viviendo una nueva etapa de libertad, ya que se había separado hacía poco.

jueves, enero 19, 2012

Bogotá, el fin del mundo y la profecía Maya

 
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Ahora todos hablan del Chamán que impidió que lloviera durante la clausura del mundial y en la posesión del presidente Santos. 

El Chamán les cumplió, le pagaron una miseria, comparado con lo que roban los políticos, y ahora lo señalan como el malo de la película. Que descarados. Los funcionarios colombianos son unos pobres güevones.

El mundo avanza hacia el fin de una era. La crisis del capitalismo, que hace unos años era un sueño idiota de los perfectos idiotas latinoamericanos y del mundo, como diría Mario Vargas "Facha" Llosa, o Plinio Apuleyo Mendoza o todos esos pensadores fascistoides, es una realidad. El capitalismo tal como lo conocemos se desmorana, poco a poco la fiesta se le irá acabando a los banqueros, a los brookers, a toda esa partida de hampones. Y yo con ellos, pues trabajé en ese medio hasta el año pasado. Hasta que conocí a Rocío y me fui de bruces con ésta realidad: hice que muchos de esos sinvergüenzas ganaran dinero.

La crisis personal en la que caí no sólo fue a causa de que Rocío no quiso darme su amor, sino a causa de que estuve alimentando al monstruo mientras desde éste espacio, donde puedo ser yo, donde me puedo quitar la máscara social y ser lo que siempre he querido: un pirata subterráneo, denunciaba los crímenes de los banqueros, financieros y demás, o de delincuentes como Álvaro Uribe Vélez, el narco general Mario Montoya, Rito Alejo del Río, Jose Obdulio Gaviria y toda esa caterva de criminales que asesinaron y se enriquecieron a costa de muchas vidas de colombianos. De una u otra forma, gracias a Rocío, caí en cuenta de ésta triste ironía: estuve trabajando para el enemigo.