viernes, septiembre 23, 2005

EQUINOCCIO: RELATO DE UNA TOMA DE YAGÉ

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Ayer 22 de septiembre comenzó el equinoccio, éste período de transformación, de transición que sufre la tierra durará unos días. 

En el hemisferio norte comienza el otoño, por eso lo llaman equinoccio de otoño, en el hemisferio sur comienza la primavera, por eso allí es el equinoccio de primavera. Nosotros, que estamos en la zona tórrida, en la mitad de la tierra, vivimos estos cambios de una forma diferente. A medida que nos acercamos a las fronteras de los trópicos estos cambios son mas perceptibles. Hay dos equinoccios al año: en marzo y en septiembre. La tierra tarda un año en darle la vuelta al sol, los equinoccios marcan este camino y lo divide en dos, entonces el camino que emprende la tierra en cada uno de estos trayectos es diferente y nos afecta, como a todos los seres vivos que habitamos éste planeta.


El equinoccio de marzo lo recibí en una celebración muy especial: los dioses pusieron en mi camino una invitación a tomar yagé. 

Fue un viernes. Ese día trabajé hasta tarde. Como a las ocho me llamaron para confirmar. Había pensado en invitar a Arianita, una compañera muy simpática, que tiene buena energía, ya le había hablado del asunto. Si ella tenía voluntad, pues había llegado el momento de que la plantita le llegara. Me dijo que no... le daba miedo. Bueno, ya llegará el momento. Desde días anteriores me dispuse para la toma, comí comidas ligeras, estuve tranquilo, me preparé física y espiritualmente. Afortunadamente esa semana en el trabajo todo estuvo muy bien, muy satisfactorio el laburo, como dicen en el sur del continente. Entonces todo bien.

La toma de yagé se iba a hacer en Guatavita.

Se realizaría en la casita de Jorge, el man que organizaba la celebración. La casita queda en la montaña Chibchacum, al lado de la Laguna Sagrada. La sabana de Bogotá es muy agradable, viajar por ella es muy fácil. El trayecto es muy tranquilo, además salir de la ciudad es refrescante para el cuerpo, para el espíritu. Mientras me dirigía allí pensaba en la toma, queria sincronizarme para este nuevo encuentro con la realidad total de la existencia, con las otras dimensiones energéticas, con la totalidad.

Llegué casi a la once. Ya iban a empezar, el Taita estaba descansando, cuidando a su pequeño hijo, un niñito, que estaba enfermito. Había sólo cinco personas. Las otras veces habían sido grupos de veinte, de cuarenta, bastante gente descargando energía, pero habían sido experiencias muy buenas. En realidad no esperaba que ésta toma fuera buena, a estas alturas espero que el yajé me siga enseñando de la forma que sea, así sea con dolor, el dolor ayuda a que uno se haga mas fuerte, aunque no es fácil, hay que saber sentirlo, entenderlo, manejarlo con serenidad, entregarse de verdad al viaje, abrir el entendimiento a la realidad absoluta donde somos energía en permanente intercambio con nuestro alrededor. El amor es una forma de energía, la más bella porque es la que se acerca al equilibrio perfecto, por eso el amor nos hace sentirnos vivos, nos regala la vida.

Conversamos un poco. Nos calentábamos alrededor de la fogata, hipnotizados, viendo el fuego. Eramos cuatro hombres y una chica, una peladita, jovencita. Uno de ellos era Juan Carlos, un man bien bacan que había conocido en las otras tomas. El otro se llamaba Alfredo, a quien no conocía, callado el hombre. Y estaba Jorge y estaba yo, y el Taita, claro. Como a las once y media entró Jorge a la casa, salío al rato y nos dijo que ya íbamos a empezar. Entramos. El Taita es un man bien bacan, muy simpatico, (todos los taitas que he conocido son manes bien simpaticos, bien bacanes) salío ya con su atuendo, su penacho de plumas multicolores, hermoso, y sus collares. Salió sonriente y nos saludó. Como ya nos conocíamos pues todo bien, me miraba y se reía pues ya había estado en otras tomas con él.

Empezamos la ceremonia. 

Nos llamaron uno por uno. Me tocó el tercer turno. El yajé estaba bravo, más fuerte que la otra vez. El yajé me sabe como a un vino tinto fuerte, rancio, un poco avinagrado. El trago es fuerte, pega duro en el cuerpo, como cuando uno se toma un guaro bien bravo, que entra en reversa, como dicen. Este yajé se sentía fuerte, el viaje iba a ser duro. Nos quedamos un rato en el cuarto, respirando pausadamente, preparandonos para el viaje en silencio, esperando, meditando, conversando con la planta, con los dioses, con dios que es el Gran Espíritu.

Primero salió Alfredo. Esperé un momento y salí. Me acerqué a la fogata que estaba un poco alejada de la casa. La casa queda en una ladera, en un lugar bello, tranquilo. Alfredo estaba sentado al lado del fuego, que se apagaba. Me puse a encenderlo, a soplar, a acomodar leños. Alfredo sólo yage ayahuasca ceremonia toma equinoccio chaman toma jacanamijoy blog colombiamiraba. Yo sentía el yajé en mi panza encontrándose con mi cuerpo. Al momento Alfredo empezó a vomitar. Se alejó de la fogata. Llegó la chica, sonriendo. Yo ya empezaba a sentirme raro, ya se avecinaba la vomitada. La chica estaba tranquila. Me senté un rato, con la leve fogata que había encendido respirando pausamente y preparando el cuerpo. La chica me hablaba, me sonreía. Le pregunté si sentía algo, me dijo que nó. Conversamos un poco, a mi se me bajó un poco la maluquera. Me puse a ayudarle a encender la fogata. Soplé y sople y traje leños, intentando revivirla. Ella se sentó entonces, me miraba y sonreía. En ese momento me llegó la maluquera. Salí corriendo y vomité lejos, en medio de la oscuridad. Vomité fuerte, dolió un poco, de mi cuerpo salió todo. De una empezó el viaje, el yajé estaba fuerte. La voz de la creación se abrió ante mí y empecé a ver y escuchar a todos los seres, a ver las energías alrededor, mezclándose, confundiéndose. Muy bien, muy hemoso. La planta me hablaba, respondía mis preguntas, me llevaba por el conocimiento. Recibía mil sensaciones, una descarga fuerte ante la inmensidad de la naturaleza. Somos parte infima de ella, infima pero importante, porque los seres humanos, los animalitos, los árboles, las flores, todo, todas las entidades vivas somos iguales, interactuamos, todos somos importantes porque somos energía y la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Nosotros somos unos de los seres más frágiles de la naturaleza, pertenecemos a ese todo que se llama vida, la vida que llegó de otros planetas a este planeta hermoso que se llama tierra. Nuestra labor es poblar de vida éste y muchos planetas más, pero eso sucederá mas adelante, mucho mas adelante. Poblar de vida y de esa energía suprema que se llama amor El brillo de las estrellas es el brillo de la vida, en todas las estrellas late la vida, que tiene mil formas, que nosotros sólo podemos percibir parcialmente pues nuestro entendimiento es limitado.

El yagé limpia el cuerpo, es decir, uno vomita y caga. 

Cuando expulsé la mierda sentí mi cuerpo limpio, libre, liviano, eso es lo mejor del yajé, la limpieza es espiritual, pero también la limpieza es física. Tomé por segunda vez. Cada vez el viaje era mas fuerte. Lo maravilloso empezó cuando salió el Taita con su armónica a embrujar la noche, a hacer sonar ese sonido maravilloso en toda la montaña, a conversar con la creación en ese lenguaje sublime... el Taita salió y empezó a tocar y se expandió una luz opaca suave, que iluminó todo. Yo me acerqué a la casa. El Taita bailaba junto con Jorge y Juan Carlos, quienes también tocaban su armónica. Jorge es un tremendo músico, un talentoso tocado por la mano de dios. También la chica bailaba con ellos, llena de vida, sintiendo la maravilla de la creación, de estar vivo, podía distinguir sus sonrisas, sentir su alegría, bellísimo, buenísimo. Cuando llegué me recosté contra el muro de la casa, observando montaña abajo. Las luces multicolores aparecían y desaparecián, me rodeaban, sentía que todo a mi alrededor estaba en permanente transformación, en una dinámica intensa. Me comunicaba con la creación a través de mi canto de pájaro, como me dijo el Taita.

Recibía respuestas, sonrisas, saludos a través de miles de sensaciones en todo el cuerpo. El perro lobo de las otras veces apareció, vino un rato a mi lado. Es enorme, siempre se sienta a mi lado y me acompaña por un rato durante el viaje, yo le acaricio su pelo abundante, melenudo, aveces me dice cosas, me habla en su lenguaje pausadamente y luego se va. Escuchaba los sonidos, la conversación de todos los entes vivos, ruido que formaba una música maravillosa. Jorge, Juan carlos, la chica y el Taita bailaron durante mucho tiempo, yo los observé, los escuché, les agradecí su canto, su baile. El Taita bailaba y era un pájaro en vuelo, las plumas multicolores estaban encendidas de luces multicolores. El Taita era el pájaro multicolor de la selva.


Llegó la tercera toma. 

Cada uno se dispersó por la montaña a vomitar, menos el Taita, que permanecía en la casa cuidándonos, guiándonos con el canto de su armónica. Yo vomité rápido, estaba en pleno viaje. Al rato vomitaron los demás, podía escuchar con claridad los estertores de la vomitada de los demás, unos estertores fuertes que parecían rugidos de animales. Por más experiencia que uno tenga con el yajé siempre las vomitadas son bravas. Ya después de la segunda vomitada escuchar los ruidos que se producen causa risa, porque son ruidos profundos, que retumban, y luego el alivio se siente mayor.

De nuevo me recosté en la pared de la casa. Ellos volvieron a tocar, a unirse al Taita y a bailar. Yo recostado en la pared estaba en la turbulencia, en la parte mas fuerte del viaje, el yajé me decía muchas cosas, me mostraba muchas cosas, aveces dolorosas, pero al final eran siempre buenas pues era la belleza de la vida, de la lucha espiritual constante por lograr lo que se sueña, estaba ante ese hecho extraordinario de ser parte del todo, de la creación, de compartir con la gente, de vivir, compartir con el otro como lo que somos: seres humanos llenos de luz, que llevamos dentro mundos maravilloso.


Todos somos iguales y todos tenemos magia, la vida es un proceso de descubrimiento de esa magia propia que poseemos. 

A mi lado pasaban muchas personas, sombras y manchas de colores me rozaban constantemente, eran los espíritus que iban y venían. Pasaban, se reían, jugaban conmigo. Los espíritus ancestrales son parecidos al Taita, todo el tiempo se están riendo, te observan y se ríen, les parece un juego. También veía animales fantásticos, que existieron hace miles de años, se acercaban, aveces me parecía que me miraban con curiosidad, otras veces sentía que se comunicaban entre ellos, con movimientos y sonidos, y simplemente me ignoraban. Al frente, un poco más abajo, había una gran fogata encendida, veía, a lo lejos, a los espiritus de los ancestros muiscas danzando, en pleno ritual, estaban reunidos, era la gente encantada. Uno de los mayores me hablaba, de pie frente a mí me explicaba cosas. Tenía el rostro pintado, un penacho de plumas multicolor que se perdía en la oscuridad. También escuchaba la voz del Taita, que estaba al lado, hablaba, decía cosas sabias, caminaba de un lado a otro batiendo el sonajero y soplando con gran intensidad, guiando el viaje, conduciendo la toma. En un momento vino a mí a soplarme, a apoyarme. Juan Carlos pasaba y me ofrecía agua, los espíritus pasaban a mi lado y me sacudían, el viaje estaba fuerte, yo sonreía y seguía, convocaba todas mis fuerzas para poder aprender más... se aprenden tantas cosas con el yajé, el conocimiento va y viene y se siente que no se puede retener.

Me decía cosas sencillas, elementales. La tierra está alborotada, la pachamama enfurece, quiere liberar energía para recobrar su equilibrio. La termodinámica explica de forma muy sencilla estos desequilibrios que están ocurriendo. El huracán Rita ataca con fuerza a Estados Unidos, de nuevo la naturaleza golpea queriendo dar una lección más al ser humano. En muchos lugares del planeta mucha gente se reúne a recibir el equinoccio y encontrarse con la naturaleza en todas sus dimensiones, a descargar una fuerte energía espiritual para ayudar a generar buena entropía, o, hablando en términos científicos, reducir el intercambio de entropía a cero. En el viaje sentía a mi lado la conciencia lejana de esas otras personas que en ese mismo momento compartían con la naturaleza en la plena dimensión en otros lugares del planeta. La entropía positiva no existe según las leyes de la termodinámica pero cuando suceden eventos sobrenaturales estas leyes se rompen, o por lo menos se acercan al estado ideal: el equilibrio, la entropía cero. La tierra, entonces, mediante estas descargas de energía quiere equilibrarse, el sobrecalentamiento terrestre ha alterado su equilibrio. La tierra es un organismo vivo, una entidad viva que funciona como un todo de extensos e infinitos vasos comunicantes que se equilibran unos a otros. La tierra pertenece a la realidad absoluta que nos rodea. Todos estamos inmersos en esta estructuras, complejas a primera vista, pero en realidad son bastante cercanas y elementales pues conviven con nosotros todo el tiempo.

Todo empezó a calmarse. El Taita seguía tocando y hablando, siempre diciendo cosas muy sabias, el hombre hablaba iluminado por la planta, aunque el taita siempre habla iluminado. También se reía. Luego entró a la casa, yo me quedé un rato sintiendo la noche, escuchando la música de la naturaleza, entendiendo lo que me quería decir, percibiendo su mensaje. Los demás empezaron a entrar. Me llamaron para la última parte de la celebración, la curación. La curación es una etapa muy intensa y a la chica le pegó fuerte. Cuando terminamos yo me recosté, a descansar, estaba agotado, siempre el cuerpo se sacude, se limpia plenamente, necesita reponerse para ponerse como nuevo.

Al día siguiente regresamos. Mientras los traía a Bogotá el Taita, con el nenito ya repuesto, Alfredo y Juan Carlos dormían. Yo estaba fuerte, conducía tranquilamente, sentía a plenitud la mañana en la sabana de Bogotá, sentía la energía, la mística, la identidad de ésta parte de la Nación Muisca, llena de magia, de una magia que está mas viva que nunca. La Nación Muisca permanece, se repone, se recupera.

Estos seis meses tuvieron cosas buenas y cosas malas, estoy vivo y eso hay que agradecerlo, y aprendí muchas cosas. Formamos parte de un todo vasto que nos supera con creces, eso hay que entenderlo. Hay que ver con sabiduría cosas como la muerte, sufrirla, comprender su dimensión, su significado, así sea doloroso. Vivir ese dolor. Y desde luego: entender esto que es la vida, esto de ser conciencia, entidad viva, ser humano, ser vivo, agradecer la maravilla de sentir sensaciones como el amor, entender lo que son los sentimientos negativos, saber manejarlos, diluirlos.

Hoy llegó el equinoccio de nuevo, hay que realizar un nuevo encuentro con la realidad mas trascendente, con la realidad en todas sus dimensiones, con la creación plena.


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Las pinturas son del pintor Carlos Jacanamijoy. Son imágenes de sus visiones vividas a través de la planta sagrada del Yagé.