lunes, octubre 27, 2008

El rostro macabro del Ejército de Colombia


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La historia que a continuación reproduzco, publicada ésta semana por la "Revista Semana" trajo a mi memoria los días oscuros en los que presté servicio militar. Mientras los medios entregados al régimen tiránico del narco paraco Alvaro Uribe Vélez se empeñan en lavar la cara sucia de sangre de los organismos del estado a raíz de los últimos escándalos que muy su pesar han salido a la luz pública, en páginas interiores y en letra pequeña se conoce el verdadero "heroismo" de éstas oscuras instituciones que desde hace años se dedican a asesinar estudiantes, líderes sociales, indígenas, periodistas o simplemente a quienes representan un cambio en la criminal dirigencia política liberal y conservadora que nos ha gobernado desde siempre.

Crímenes como los de Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Jaime Garzón y hasta de los propios prohombres de la élite política, como Alvaro Gómez, han sido cometidos por los organismos del estado. Eso sin contar con el exterminio de partidos de izquierda como la Unión Patriótica, crimen terrible a quien nadie parece importarle. Masacres históricas de campesinos y trabajadores también han sido cometidas por miembros del Ejército, la Policía o el DAS, desde tiempos inmemoriales, como la Masacre de las Bananeras en 1928, las horrorosas masacres de la época de la violencia de los años 40 y de la década del 50, la masacre de la Plaza de Bolívar en Bogotá el nueve de abril del 48, o las masacres de los últimos veinte años en los que los narcos se apoderaron del país, hasta llegar a los casos de ejecuciones extrajudiciales, descuartizamientos y falsos positivos de jóvenes de los últimos días. Mientras la prensa se empeña en mostrar la "cara heróica" de ésta instituciones, otra es la realidad.

Por alguna razón los colombianos ignoran que han sido éstas acciones delictivas de los organismos del estado, que desde siempre han estado al servicio de una reducida y corrupta élite política y económica y de los terratenientes, las que han originado las tres pesadillas que nos carcomen: guerrillas, paramilitarismo y narcotráfico. Los medios y la historia escrita por los "vencedores" han logrado su objetivo de eliminar cualquier inquietud crítica en la mayoría de los colombianos. Cuando surge algún personaje que dice éstas verdades a los colombianos y los ponen a reflexionar, simplemente son asesinados por éstos organismos de estado, como sucedió con Jaime Garzón.

Colombia es un país donde la doble moral de la sociedad, y en especial de la "alta" sociedad está a la orden del día. En el caso de Ejército de Colombia no tiene presentación alguna que los jóvenes de las familias adineradas del país paguen por la libreta militar, para no prestar servicio militar mientras los jóvenes de las familias mas pobres tengan que ir al ejército y convertirse en asesinos. SIN EMBARGO COMPRAR LA LIBRETA MILITAR SUPUESTAMENTE ES ALGO ILEGAL EN COLOMBIA.

Practicamente ninguno de los hijos de los políticos y reconocidos dirigenes nacionales ha prestado servicio militar: ni los hijos del narco paraco Alvaro Uribe Vélez, ni los hijos de César Gaviria, ni los hijos de Ernesto Samper, ni los hijos de Andrés Pastrana, ni los Santos, ni los hijos de los ministros, ni los hijos de los líderes de los "gremios", etc, etc. Es mas, ni Alvaro Uribe, ni César Gaviria, ni Ernesto Samper, ni Andrés Pastrana, ni Francisco Santos, ni el "ministro" de agricultura, el guevón e ignorante Andrés Felipe Arias, ni los líderes de los "gremios", ni un largo etcétera de personajes "guerreristas" prestaron servicio militar. ¿Porqué?. Perdón hay una excepción: Juan Manuel Santos, él si fue militar, prestó servicio en... la Armada, claro, los que salen como edecanes de las reinas y se la pasan viajando en barco. Que cómodo.

¿Porque esa gentuza no presta servicio militar? Porque pertenecen a la élite de nuestro país, a un grupo de familias que tiene en sus manos el control de los organismos del estado, que viven del estado, de nuestros impuestos, de la corrupción, del crimen. Porque sus empresas y bancos son subvencionados por el estado, las extravagantes ganancias que obtienen gracias a que evaden impuestos se las echan al bolsillo, mientras que las pérdidas las pagamos nosotros con nuestros impuestos.

Tuve la mala suerte de conocer el macabro rostro de las instituciones del estado cuando presté servicio militar en el año 1993. Tuve que prestar servicio militar porque no tenía dinero para comprar la libreta. Fui remiso durante un año, es decir, quise evadir el servicio militar hasta que me detuvieron en una batida que hizo el ejército en el pueblito del magdalena medio donde vivía mi familia. Y allí presté el servicio, en un batallón ubicado en esa zona. Desde hacía años esa región estaba muy caliente por la llegada de los narcos y por la presencia de la guerrilla. Tanto policía como ejército estaban al servicio de los narcos, de los grandes narcos: Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo Escobar. En el año 1993 Pablo Escobar tenía en sus manos a toda Colombia. Mientras ponía bombas en Bogotá y Medellín, Escobar se escondía en el Magdalena Medio. Y el Ejército de Colombia lo cuidaba y defendía. Por eso nunca lo capturaron. Sería bueno que los colombianos se interesaran en el oscuro pasado de militares como el "general" retirado Camilo Ospina, o el actual "general" Mario Montoya o el actual "comandante" del ejército Fredy Padilla, para que se dieran cuenta hasta donde han llegado las garras de los narcos en éste país. Generales que, gracias a la complicidad de la narcoguerrilla, hoy aparecden ante los colombianos como "heroes de la patria". Eso sin contar una larga lista de generales retirados untados de narcotráfico, que se remonta hasta finales de los setenta, colmo, por ejemplo, el recientemente procesado Arias Cabrales.

Fui uno de esos soldados que tuvo que hacer inteligencia en esa región, el Magdalena Medio, la cual conocía muy bien, y colaborar para que mis compañeros, vestidos de civil, asesinaran a campesino y líderes sociales que denunciaban la complicidad entre las autoridades y los narcos. También para asesinar gente de la Unión Patriótica, porque los narcos y el Ejército querían limpiar esa región de todo lo que oliera a izquierda. Debo confesar que, como soy de familia liberal, en aquellos años poco me importaron esos crímenes contra la gente de la Unión Patriótica, mientras me dolieron mucho los asesinatos de gente liberal que denunciaba la permisividad de las autoridades con los narcos, entre ellos algunos conocidos de mi familia.

A los soldados nos tocaba callar y obedecer, so pena de aparecer "suicidados" o muertos en combates, como le ocurrió a unos cuantos compañeros que no resistían el cargo de conciencia y hablaban o hacían comentarios. Como soldado también presencié como Pablo Escobar se paseaba a sus anchas por esa región y repartía plata entre capitanes, tenientes y demás oficiales de los batallones de la región, y hasta a generales. Y a callar se dijo. Hoy en día temo por mi vida, pues muchos compañeros empezaron a aparecer muertos mucho después de prestar el servicio. Cuando hablo de que preste servicio militar evito comentar la brigada y el batallón al que pertenecí, porque se que me pueden "callar".

Nunca hablo de ésto, pero debo confesar que el haberme convertido en un asesino cuando presté servicio militar me ha causado grandes desequilibrios emocionales, depresiones, problemas de sueño y crisis que aún hoy en día debo luchar por superar gracias a terapias psicológicas y hasta con médicos tradicionales. Me duele en el alma todo lo que tuve que hacer y siempre me pregunto porqué Simón Gaviria, el hijo del "expresidente" César Gaviria, y quien era un joven como yo en aquellos años, no prestó servicio militar y pasó por las mismas que yo tuve que pasar. Lo mas denigrante es que hoy ese señor es Representante a la Cámara sin la menor verguenza.

Por eso me muero de la risa cuando conozco a algún uribista, que casi siempre reune el perfil: colombiano con libreta militar comprada. Siempre tan ignorantes, complacientes con la corrupción, con los políticos que le sirvieron a los narcos, como el exministro Carlos Holguín, o el mismo Fabio Valencia Cossio, que fue uno de los que llegó emparrandarse y tomar whisky con los narcoguerrilleros en la época de la zona de distensión del Cagúan. La lista de políticos que estuvieron al servicio de los narcos y que hoy son ministos del gobierno de Uribe seria muy larga.

Para no inundar de madrazos éste blog, los cuales han aparecido con excesiva frecuencia en las últimas entradas, mejor reproduzco el artículo de la Revista Semana.

“Mi hermano fue un falso positivo”


“Buscaban personas que no fueran de la región para que no reclamaran”

El escalofriante testimonio de Luis Esteban Montes, un soldado que se enteró de que sus compañeros de pelotón mataron a un campesino cualquiera para hacerlo pasar por guerrillero. Pero la víctima resultó ser su propio hermano.

Sábado 25 Octubre 2008

Según el soldado Montes, un cabo y un capitán habrían planeado la muerte de su hermano porque necesitaban dar ‘bajas’ y así lograr un permiso para el día de la madre.
"Todo pasó el 30 de abril del año pasado. Yo estaba como soldado contraguerrilla en el Batallón de Infantería N.31 que opera en Córdoba. Mi compañía llevaba más de 15 días sin hacer mucho en un pueblito caluroso que se llama San Juan. No había operaciones ni patrullajes. Los soldados estábamos simplemente ahí, sin hacer nada. Pero el Día de la madre estaba cerca y los altos mandos empezaron a preocuparse porque no teníamos resultado para mostrar, ni méritos para que nos dieran los días y poder salir a visitar a las familias. Entonces se empezó a hablar de "legalizar" a alguien. Es decir, de matar a una persona para hacerla pasar por guerrillero y así ganarse el permiso para salir. No me sorprendió del todo, pues las 'legalizaciones' son un asunto cotidiano.
"Una noche, mientras yo hablaba con mi familia por teléfono, llegó mi cabo Jonathan Pineda y me dijo: "Guajiro, váyase para el cambuche que ya tenemos el 'man' al que le vamos a hacer la vuelta". Yo le pregunté que quién era, pero me mandó a callar y me advirtió que mi capitán Jairo Mauricio García había dado la orden de que no le habláramos para que no se diera cuenta de que lo iban a matar. Le pregunté: "¿De dónde es el 'man'?" y me dijo que de La Guajira. Siempre buscaban personas que fueran extrañas a la región para que ningún familiar los reclamara. De todas maneras yo tenía mucha curiosidad porque también soy de La Guajira. Entonces me salí del cambuche, prendí un cigarro y escuché que el hombre me pidió otro. No le alcancé a ver el rostro porque no había luz ni luna. Estaba lloviznando. Le regalé el cigarro y nos pusimos a charlar. Al poco tiempo me di cuenta de que era mi hermano, Leonardo Montes.

"Mi hermano se había ido de Maicao hacía mucho tiempo, cuando yo apenas era un pelao de 9 años. Por eso no lo reconocí. Pero cuando me dijo el nombre de mi papá, lo comprobé. Era mi hermano y era también al que habían elegido al azar para matarlo. No lo podía creer. Entonces me destapé. Le dije que yo era el 'niño', Luis Esteban, su hermano. Nos abrazamos y en medio de la emoción le advertí que lo iban a matar para hacerlo pasar por guerrillero. Le dije que se fuera, pero él no me creyó. Él se había hecho muy amigo de dos soldados de mi compañía que lo invitaron hasta el cambuche. Leonardo estaba seguro de que no le iban a hacer nada. Estaba engañado.

"Después de 20 minutos conversando con él afuera, me mandaron a llamar. Entonces me fui directo donde mi cabo Pineda y le dije: "Ustedes no pueden matar a ese hombre porque él es mi hermano". El cabo no me creyó y me dijo que mejor hablara con el capitán García, quien tampoco me creyó. Lo único que hizo fue insultarme. Le insistí. Le dije que le preguntara por el nombre de mi papá, de mis hermanos, de la familia, de la calle en Maicao donde habíamos nacido.

"A partir de ese momento todo fue un enredo. El capitán y yo discutimos varias horas y mi hermano lo escuchó todo. Al final, les dije que ya no me importaba si me creían o no, que ese hombre que iban a matar era mi hermano y primero tenían que matarme a mí. "Por qué no trae a un hermano suyo, capitán, o a su papá y así puede irse contento el Día de la madre. Pero con mi hermano no se pueden meter", le dije. Todos estaban muy alterados. No podían creer que la única persona que lograron conseguir para asesinar resultara ser el hermano de un soldado de su propio pelotón. El plan que tenían de buscar a alguien que no fuera de la zona, a alguien que no tuviera dolientes en el pueblo y que su muerte pasara inadvertida, se les había ido a la basura.

"Después de un rato, el Capitán me dijo: "A mí no me duele la mano pa matar a ese hijueputa". Tampoco era difícil encontrar quién lo hiciera porque cada compañía tiene sus dos o tres sicarios, que son siempre los que hacen esas vueltas y se ganan su millón de pesos.

"En un momento de descuido aproveché para decirle a mi hermano que se fuera corriendo, que saltara por unos alambres, que pasara la quebrada y se fuera para la casa porque lo iban a matar. Él decía que no se iba porque ahí sí era más fácil que lo asesinaran. Logramos salir un poco del cambuche, conseguimos una mototaxi y él se fue para el pueblo. Yo me quedé pero, obviamente, esa noche no pude dormir.

"Al otro día me di cuenta de que todo había cambiado para mí. Mis compañeros me odiaban. Entonces le pedí a un coronel que me trasladara porque yo no era capaz de patrullar con la misma gente. Además estaba muy débil, pues me había atacado con fuerza el paludismo. Ese mismo día me mandaron para una compañía diferente en Puerto Libertador, un pueblo cercano a San Juan. Allá me sentí más tranquilo. Al menos no tenía miedo de que me mataran. La idea de denunciar a mis compañeros se me pasó por la cabeza, pero finalmente no lo hice en ese momento. Ya había liberado a mi hermano, que era lo más importante, y quería evitarme problemas con mis superiores.

"Como al tercer día de estar en Puerto Libertador escuché que la compañía donde yo estaba antes había "dado una baja". Me entró la duda por mi hermano y le pregunté a un soldado si sabía quién era el muerto. Él me contestó que no, pero que un carro lo estaba recogiendo para llevarlo al cementerio.

"De inmediato me fui para donde una tía que vive en Puerto Libertador y le conté todo. Le pedí que me acompañara al cementerio. Cuando íbamos caminando hacia allá, pasó el carro con el muerto pero tenía la carpa abajo y no pudimos verle la cara. Cuando llegamos al lugar, el muerto ya estaba en el piso envuelto en un plástico blanco. Yo me tiré sobre él, rompí la bolsa y me di cuenta de que era mi hermano, Leonardo. El hueco ya estaba listo y dos soldados lo agarraron de los pies y de las manos y lo tiraron así, sin ataúd ni nada. Supuestamente, le encontraron una granada y un arma en las manos. Pero ya hay un testigo en el pueblo que dice que él le vendió esa pistola al Ejército y yo me acuerdo cómo, días antes al 30 de abril, dos soldados de mi pelotón la estaban limpiando con orina para borrarle las huellas.

"Después de ver todo esto llamé a mi familia en Maicao. Les conté todo y ellos vinieron por él hasta Córdoba para darle cristiana sepultura. Fue entonces cuando decidí demandar al Estado. Pero el mundo se me vino encima. Estoy en permanente estado de alerta porque pienso que me puede pasar algo. Me da miedo comer lo que me dan en el Ejército y aunque ya completé tres años en la institución y hoy estoy en el Batallón Juan del Corral, en Rionegro, Antioquia, la única función que puedo cumplir es recoger la basura de todos. No puedo ir a zonas de combate porque tengo medidas especiales de protección. Además, muchos me tienen la mala porque saben de la demanda y de mi historia. Yo espero que todo esto pase muy rápido. El caso lo tiene una fiscal de derechos humanos, quien está investigando a los siete militares implicados en mi caso. El día que se haga justicia veré qué otro rumbo le doy a mi futuro. Lo que pasó con mi hermano me cambió completamente la vida y creo que ya merezco un poco de tranquilidad".