martes, febrero 16, 2016

El cáncer: señal de que hay que cambiar de vida

Viene de: Curarse del cáncer con el Yagé

La enfermedad del cáncer: Algo no anda bien en la vida que llevamos


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Sexo, drogas, rock y mucho trabajo, la combinación perfecta, pero...


Yo se que mucha gente no lo ve de esta forma, pero mi experiencia hoy en día me obliga a decirlo: el cáncer es una señal de que algo no anda bien en la vida que uno lleva y de que hay que cambiar. Lo más difícil para mucha gente que enferma de cáncer es entender esto, muchos no lo admiten, no les parece importante, les molesta y deciden seguir con su vida de siempre porque consideran que con los tratamientos de la medicina occidental es más que suficiente. Son ellos los que en la mayoría de las veces no sobreviven a esta cruel enfermedad.

Tampoco para mí fue fácil entenderlo. Me llegó esta enfermedad en un momento importante de mi vida profesional, ganaba dinero, muchísimo, hacía lo que quería, tenía prestigio en mi trabajo, etc. Ese fue el problema: creer que las cosas iban bien porque lo que "supuestamente" va bien para esta sociedad funcionaba, pero no era así.


Antecedentes: una vida de estrés, excesos, tensiones y decepciones


En el año 2010 todo comenzó a cambiar en mi vida. Por un lado a nivel profesional no paraban de llegar los éxitos. Cambié de trabajo en busca de mejores ingresos y todo funcionó. Me hice reconocido como experto en mi área, análisis técnico de datos bursátiles.

Tengo un talento natural para los números que poco a poco me llevó a mejorar mis ingresos económicos y elevar mi nivel de vida. Me fui a trabajar a Estados Unidos aunque también pasaba temporadas en Europa. Eso implicó más responsabilidades, más tensiones, más horas de trabajo, menos horas de sueño, más estimulantes para aguantar las intensas jornadas de trabajo.

Los viajes continuos me llevaron a comer casi siempre fuera, en restaurantes, muchas veces comer cualquier cosa, tener un horario desordenado y estar todo el tiempo con afanes y estrés. La comida en restaurantes no es la mejor, todo lo contrario, lo peor que uno puede hacer es alimentarse en restaurantes, no importa que sean los mas caros, da lo mismo, la comida que ellos venden usualmente no es de la mejor calidad, pues, ¿donde está el negocio? La ley del capitalismo es comprar barato y vender caro. 

Fue en uno de esos viajes donde conocí a una chica que me hizo daño, se llamaba María, me enamoré de ella sin darme cuenta que era una persona mentirosa que se aprovechó de mi. Cuando supe la verdad de lo que ella hacía conmigo: mentirme, desarrollé un odio hacia ella y un resentimiento que llenaron mi interior de sentimientos oscuros. Eso me llevó a querer vengarme y lo hice.


La venganza: veneno en el corazón


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El odio no es una buena energía para el cuerpo 


Ella trabajaba en una reconocidísima ONG que recibía jugosas donaciones por causa del terremoto en Haití que sucedió en el 2010. En el corto tiempo que estuve con ella me enteré, por causalidad, de la forma en que en esa ONG se desviaba dinero y se robaba gran parte de las donaciones, que iba a parar a los bolsillos de directivos y técnicos.

Cuando me enteré de sus mentiras conmigo y de quién era ella busqué la forma de vengarme. Sabía que la forma de desquitarme tenía que ser por ese lado ya que estaba seguro que ella también estaba metida en el esos enredos de corrupción. A ella le gustaba el dinero, los buenos restaurantes, los viajes, la buena vida. Le importaba un pito que el dinero del cual disfrutaba no era para ella sino para la gente necesitada de Haití, en resumidas cuentas, a mi me parecía que ella era una desgraciada, una mierda de persona.

Contraté a un periodista, un chico joven con un buen currículum, y le di toda la información que tenía para que se dedicara a investigar. La vaina salió cara pues el chico tuvo que sobornar gente dentro de la ONG para que tuviera acceso a información confidencial. El hecho es que cinco meses después tenía una buena cantidad de documentos que demostraban lo que sucedía en la ONG y sobre todo que María, la chica mentirosa que me había hecho daño, estaba metida en el asunto.

Lo siguiente fue enviar esa documentación a los medios y en poco tiempo María estaba sin trabajo y con un buen lío a cuestas.  Fue una gran venganza, lo admito, ¡lo disfruté! Ella nunca supo cómo se destapó todo, pero yo obtuve lo que quería: ella me buscó buscando apoyo y yo pude mandarla al carajo con el dulce sabor de la venganza.


Año 2011, rumbo al abismo


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El infierno de Bottecelli: también pasé una temporada en el infierno 


Aunque en su momento disfruté haberme vengado de ella, eso sólo sirvió para que yo me desbocara en una vida de excesos y locura. Cada vez ganaba más dinero, cobraba fuertes comisiones por mi trabajo y me dediqué a una intensa vida social que se resumía en dormir poco, beber alcohol, comer fuera de casa y consumir drogas.

En medio de eso, en el 2011 conocí a otra chica de la que me enamoré perdidamente, ella era todo lo contrario a María, era la mujer ideal, culta, sensible, bella, espectacular. El único problema es que tenía novio y aunque tuvimos un intenso amor ya que había una gran atracción, ella decidió seguir con su novio.

El resultado: otra decepción amorosa que terminó por lanzarme definitivamente al infierno de los excesos. Gastaba dinero a chorros, no tenía medida de nada, comencé a creer que era el mejor en lo que hacía y no tuve medida ninguna de las cosas que hacía o en lo que me metía. Tuve relaciones simultáneas con varias chicas, en Estados Unidos y Europa y podía irme fácilmente un fin de semana a Alemania, a dedicarme al sexo con mi chica alemana, que volar a Los Ángeles o Seattle a desfasarme totalmente con mi chica americana. Me acostaba con cuanta chica podía, la mayoría de las veces tenía sexo sin protección, no me importaba nada.


Año 2012: Llega el cáncer y la bancarrota


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El cáncer: el bicho que todos llevamos dentro, 

está dormido hasta que algo lo hace despertar

Necronom IV, dibujo de H.R. Giger, el diseñador de Alien


Como no tenía medida de la decadencia de mi vida hice negocios con quien no debía, en especial con una firma bursátil en Colombia que le estaba robando a sus clientes. Yo, que me creía en la cima del mundo, que vivía del capitalismo a pesar de que odio profundamente a este modelo económico, y que lo controlaba todo, no me di cuenta que había otros más vivos que yo que me convencieron de trabajar con ellos y caí en la trampa.

De repente los negocios que llevaba con esa firma se volvieron raros y muy pronto  me di cuenta que esa gente estaba quedándose con la plata de los inversionistas. Las demandas de mis clientes no se hicieron esperar al tiempo que unos extraños dolores se hicieron sentir en mi cuerpo. Coincidió, además, que casi al mismo tiempo dos de las chicas con las que sostenía desaforadas relaciones sexuales quedaron embarazadas.

En menos de dos meses todo estaba consumado: tenía que hacer frente a demandas económicas que me estaban costando mucho dinero, mi patrimonio se reducía a una velocidad asombrosa, a nivel profesional mi prestigio se vino abajo, venían dos niños en camino a mi vida, ambos de madres diferentes y por quienes tan sólo sentía una tracción sexual que se iba apagando. Vivía un estrés, una tensión permanente, casi no dormía, para lograr responder con todas mis obligaciones y seguir llevando mi vida de excesos me la pasaba bebiendo bebidas energéticas como red Bull y otras que son un total veneno para cuerpo, me la pasaba pegado al celular. 

Entonces vino la estocada, a finales de esos dos meses el médico me informó que un cáncer se estaba desarrollando en mi cuerpo.