martes, marzo 28, 2006

BIENVENIDA EN LA CANDELARIA ( I )

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BARRIO LA CANDELARIA

Fotografía tomada de: Bogotá nocturna


Viernes. Sonó el celular.


"Quiubo chino... ¿como así que llegó hace una semana?... ¿ya se pegó la rumba de bienvenida?"

Mi amiga Valentina.

"Hola Vale... no nada... me la he pasado buscando apartamento".
"¿Y ya encontró algo?... no me digas que vas a vivir otra vez en la 85, gwon.
"No, que va... voy a vivir cerca de tu casa, en Cedritos".
"¿De verdad?... bacanísimo... ¿y en donde?".
"Arriba del parque, a unas cuadras de tu casa".
"Mmmm.... bueno, hoy es viernes... ¿nos vamos de rumba?"
"Pues sí, ya es hora de la rumba de bienvenida."
"Juana me llamó, se va a pegar".
"¡Juanita!... uy, entonces la cosa se puso buena... otra vez rumba power, como en los viejos tiempos... ¿y como está ella?".
"Mas loca que nunca, terminó con el novio y está que se rumbea".
"Buenísimo, entonces tocará rumbiarse esta noche para que se le quite el despecho".
"¿Si?. ¿Se va a rumbiar a Juana?".
"Nos vamos a rumbiar los tres... como en los viejos tiempos".
"Ja, ja, ja, ja... claro, y usted feliz".
"Felices los tres, ¿o no?".
"Bueno chino, tengo mucho trabajo, yo salgo de aqui a las siete, ¿nos vemos a las siete y media?"
"Listo... encontrémonos cerca de tu oficina... en el corazon de la bohemia bogotana, frente a Escobar y Rosas... linda noche para un delicioso dry martini en Escobar y Rosas.".
"Ja, ja, ja, uy si parce, la bohemia bogotana... bien, nos vemos, no vaya a llegar tarde".
"Claro que no Vale"

Llegué a la avenida Jiménez con carrera cuarta mucho antes de las siete y media. 

Ni Valentina ni Juanita estaban por ahí. La calle se estaba empezando a llenar de gente. Después de estar dos años lejos de Bogotá, lejos de Colombia, observaba todo como si fuera la primera vez. Pasaban manes pidiendo plata, paila mi hermano, estoy pelado, buscando camello. Llegaban unas niñas hermosísimas, vestidas con poquísima ropa, mostrando el ombligo, los bellos cuerpos, arrogantes, mirando mal, haciendo gesto de fastidio, creidísimas... las bogotanas. Escuchar su acento era música para mis oídos. Volver a sentir su animosidad natural, su frialdad, su falsa indiferencia era sentir de nuevo la motivación para romper esa pared de hielo.


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LA CANDELARIA

FOTOGRAFIA TOMADA DE LA WIKIPEDIA


Sentía una agradable tensión. Pensaba en mis amigas, en tantas experiencias que habíamos vivido, tantas aventuras. ¿Cual había sido la mejor?... todas.

Tantas rumbas al máximo, descargando alegría, buena energía, sonriendo, bailando.

Bailando mucho, hablando de libros, de viajes, de vidas vividas o por vivir, de vidas soñadas, ellas hablando de manes, llenándolos de virtudes que luego ellos desmentían, siempre con la ilusión y el escepticismo del amor apasionado, desafiando, cómo no, ésta doble moral, los tres, cagados de la risa. Ellas dos, siempre de cacería, y yo, aguardando, también de cacería, observándolas, divertido.

Valentina, mi gran amiga, una mujer de verdad, sin miedo a la vida, sin miedo a los límites, una mujer inteligente, apasionada. Recordé su cuerpo firme y delicioso y me entró el calambre llanero. No, mejor no pensar en eso.

Siempre que terminábamos follando me sentía raro y me repetía a mí mismo "no va a volver a suceder... sólo somos amigos". 

Dejábamos de vernos un tiempo pero cuando volvíamos a encontrarnos y llegaba la rumba siguiente, en la intensidad de la noche, donde estuviéramos y con quien estuviéramos, terminábamos besándonos por gusto, por pasión, por placer, no sé. Y si yo no quería hacer nada me provocaba, empleando mis propias palabras: "y dónde está el fuego latino, la pasión bogotana, la candela colombiana" me decía, y me daba un beso con intensidad, mordiéndome los labios, y yo caía de nuevo.

Y Juanita... con ella nada, sólo besos, besos profundos cuando quería quitarse un man de encima, cuando nos besábamos los tres, cuando ellas querían jugar conmigo y yo con ellas, cuando enloquecían. 

Y después siempre la distancia, la indiferencia, el desafecto. Se iba en búsqueda de sus manes queridos, con buena pinta, estrato seis, exhibidores de erudición, de sofisticación, de comportamiento con estilo, de las falsedades que a ella le encantaban, porque le encantaban las falsedades bien presentadas, como decía. ¿Y yo, que estrato soy?. Yo no tengo estrato, soy estrato subterráneo, por eso ella conmigo nada. Y sin embargo siempre recordaba sus besos, su boca intensa, sus labios algo gruesos, bellos, enfebrecidos. Juanita, con su piel blanca, sus cejas negras, su cuerpo delgado, tallado, su avasallante inteligencia, su bella forma de hablar, su desparpajo, destellaba inteligencia y encanto donde estuviera, fascinante.

Pero esa noche era viernes y yo estaba de regreso y sabía que ellas dos querían verme, que yo quería verlas, que queríamos vernos los tres y volver a descargar como antes, volver a la rumba power.


(Continúa en: Bienvenida en La Candelaria II)