lunes, diciembre 01, 2008

LA MASACRE DE LAS BANANERAS: HACE 80 AÑOS EL EJERCITO DE COLOMBIA YA ASESINABA COLOMBIANOS INOCENTES

El próximo 6 de diciembre se cumplen 80 años de la Masacre de las Bananeras, cometida por el Ejército de Colombia en la Plaza de Ciénaga, Magdalena. Hace 80 años nuestro "glorioso" Ejército ya asesinaba a su anchas, al servicio de las multinacionales y la élite gobernante. El 6 de diciembre de 1928 el Ejército Nacional de Colombia asesinó a un número indeterminado de trabajadores de la United Fruit Company que reclamaban mejoras en sus condiciones de trabajo, en las bananeras del Magdalena.

TRABAJADORES ASESINADOS POR LAS FUERZAS ARMADAS DE COLOMBIA
Líderes de la huelga de los trabajadores en las plantaciones bananeras.
De izquierda a derecha: Pedro M. del Río, Bernardino Guerrero,
Raúl Eduardo Mahecha, Nicanor Serrano y Erasmo Coronel.
Guerrero y Coronel fueron asesinados por el Ejército Nacional de Colombia.
La orden la dió el "General" Carlos Cortés Vargas
Tomado de: Wikipedia.

No fue la primera masacre desde que el Ejército de Colombia se reorganizó, después de la Guerra de los Mil Días a comienzos del siglo XX. El Ejército quedó conformado por los vencedores: conservadores y liberales "moderados". No fue la primera gran masacre pero si fue la primera que no quedó en el olvido, gracias a una figura que a sus 28 años ya se destacaba entre la decadente dirigencia de entonces: JORGE ELIECER GAITAN.

Fue Gaitán quien viajó hasta las bananeras del Magdalena, investigó y denunció ante el Senado de la República el crimen que habían cometido los militares contra colombianos indefensos. Fue el comienzo del fin de régimen consevador, que durante los primeros 30 años de gobierno en el siglo XX hizo lo suficiente para hacer de Colombia un país subdesarrollado, atrasado e injusto.

Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado veinte años después, el 9 de abril de 1948, por la policía secreta bajo el pacto acordado por el ex presidente Eduardo Santos, del Partido Liberal, y por Laureano Gómez, del Partido Conservador, secundados por los gamonales políticos de cada partido. Pacto concertado entre whiskies en la sala de un pretigioso club bogotano, en el cual le habían cerrado las puertas a Gaitán.

No olvidemos que ese mismo "Ejército Nacional de Colombia" asesinó a mas de tres mil personas en la Plaza de Bolívar de Bogotá el día del asesinato de Gaitán, el día del Bogotazo, el 9 de abril de 1948. Ese día la gente del pueblo, colombianos humildes llenos de rabia y frustación por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se sublevaron y marcharon hacia la Plaza de Bolívar, dispuestos a deponer al presidente Conservador Mariano Ospina Pérez. Soldados del las Fuerzas Armadas de Colombia dispararon ese día desde varios tanques y desde los edificios contra los sublevados, asesinando a más de tres mil personas, gente del pueblo.

En la Bogotá Subterránea queremos recordarle a los colombianos que su "Ejército Nacional" es una institución del crimen que desde hace mas de cien años se encarga de asesinar al pueblo y a todo aquel que represente un cambio en las élites que nos gobiernan, élites que llevan los apellidos que todos conocemos: Santos, Lleras, Turbay, Pastrana, Gómez, Uribe, Samper, etc.

Para infortunio de los asesinos la Masacre de las Bananeras fue inmortalizada en la obra cumbre de nuestra literatura: Cien Años de Soledad.

A continuación reproduzco el artículo acerca de éste hecho, publicado en la Wikipedia:


Masacre de las Bananeras
De Wikipedia, la enciclopedia libre

La Masacre de las Bananeras es un episodio ocurrido en la población colombiana de Ciénaga en 1928 cuando las fuerzas armadas de Colombia abrieron fuego contra un número indeterminado de manifestantes, trabajadores de la United Fruit Company.

La masacre de las bananeras es uno de los episodios más vergonzosos de la historia colombiana. Sucedió el 6 de diciembre de 1928, cuando el presidente Miguel Abadía Méndez ordeno dispararle a un número que es 1.000.453, en la plaza de Cienaga (Magdalena). Desde 1920, los sindicatos comenzaron a organizarse y a exigir un trato digno para sus trabajadores; por esta razón los treinta mil obreros de la empresa de obreros (United Fruit Company) entraron en huelga, pidiendo descanso dominical, mejor atención medica y mejor salario.

En la literatura, son dos las novelas donde este episodio histórico es estructural:Cien años de soledad, de Gabriel Garcia Marquez, y La casa grande, de Alvaro Cepeda Samudio.


Antecedentes

En el año 1926, La United Fruit Company llevaba 30 años operando en Colombia y explotaba a los trabajadores aprovechando la falta de legislación laboral en el país, mediante la utilización de un sistema de subcontratación que le permitía hacer caso omiso de las peticiones obreras. Los trabajadores habían intentado huelgas en años anteriores para mejorar sus condiciones que terminaron sin resultados positivos para los huelguistas. Tras la realización de esto hubo demasiadas víctimas en su mayoría hombres.


La huelga de trabajadores

En la tarde del 6 de diciembre de 1928, después de casi un mes de huelga de los diez mil trabajadores de la United Fruit Company, corrió el rumor de que el gobernador del Magdalena se entrevistaría con ellos en la estación del tren de Ciénaga. Era un alivio para los huelguistas, pues no habían recibido del gobierno conservador sino amenazas y ninguna respuesta positiva de la multinacional.

Desde el principio hubo brotes de violencia de todos los lados, los obreros, los agentes de la United y fuerzas armadas, pero no pasaban de escaramuzas aisladas. Por eso los huelguistas acudieron en masa a la estación de Ciénaga al encuentro con el primer funcionario gubernamental que se dignaba hablar con ellos.Como pasaban las horas y el funcionario no llegaba, los ánimos se fueron exacerbando, tanto entre los manifestantes como entre los soldados emplazados en el sitio.


La orden de disparar

En ese momento, las fuerzas armadas dieron la orden de desalojo en 5 minutos, que fue desobedecida por los trabajadores quienes enardecidos vociferaban abajos a la multinacional y al gobierno.

El General Cortés Vargas, quien fue el que dio la orden, argumentó posteriormente que lo había hecho, entre otros motivos, porque tenía información de que barcos estadounidenses estaban cerca a las costas colombianas listos a desembarcar tropas para defender al personal estadounidense y los intereses de la United Fruit Company, y que de no haber dado la orden Estados Unidos habría invadido tierras colombianas. Esta posición fue fuertemente criticada en el Senado, en especial por Jorge Eliécer Gaitán quién aseguraba que esas mismas balas debían haber sido utilizadas para detener al invasor extranjero.

El número de muertos no se ha determinado y sigue siendo motivo de debate. Según la versión oficial del gobierno colombiano del momento sólo fueron nueve. Otra versión es aquella contenida en los telegramas enviados el 7 de diciembre de 1928 por el consulado de Estados Unidos en Santa Marta a la Secretaría de Estado de Estados Unidos, donde inicialmente se informaba que fueron cerca de 50 los muertos. Más tarde en su comunicado del 29 de diciembre de 1928 indicó que fueron entre 500 y 600, además de la muerte de uno de los militares. Por último en su comunicado del 16 de enero de 1929 indicó que el número excedía los 1.000. Según el consulado, la fuente de dichas cifras fue el representante de la United Fruit Company en Bogotá. [1] Posteriormente diferentes versiones e investigaciones hechas por historiadores colombianos y extranjeros han hablado de otras cifras, de entre 60 y 75 muertos, como mínimo, o de alrededor de mil, como máximo.

Testigos han dicho que muchos cuerpos fueron llevados en trenes y arrojados al mar.


Fin de la huelga

Ante esta respuesta violenta, se produce la desbandada de los trabajadores y una rápida negociación, y como resultado de la misma aceptan recortar por mitad los salarios. La indignación obrera se estrelló contra una doble muralla que le impidió sacar frutos de la aciaga experiencia: de una parte, el temor anticomunista del gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930) que veía la revolución bolchevique a la vuelta de la esquina; y, su contraparte, la tozuda fe insurreccional heredada de las guerras civiles del siglo XIX y alimentada por las nuevas ideologías de izquierda. El resultado es que ni hubo la temida revolución, ni tampoco cuajó la ansiada insurrección. El aparente empate fue resuelto por un liberalismo reformista que tomó en sus manos el poder para intentar, sin mucho éxito, atemperar los espíritus e institucionalizar el conflicto laboral que era imposible soslayar.