miércoles, abril 05, 2006

BIENVENIDA EN LA CANDELARIA ( III )

(Viene de: Bienvenida en La Candelaria II)


BIENVENIDO EL GUARO


Juanita llegó con una sonrisa que pocas veces le había visto. Yo, tan feliz por verla de nuevo, también sonreía. Me abrazó, me dió un beso cariñoso, me miró de arriba a abajo, sonrió, miró a Valentina y le dijo "es como el vino, mejora con el tiempo". Luego miró mi camiseta, siempre llevo alguna con la imagen de Bob Marley en muchas de sus facetas: pensando, cantando, bailando, sonriendo, dándole al porro o jugando fútbol. Ese día tenía una camiseta con la imagen que pongo abajo. "Bob Marley, profeta y poeta... si fuera bogotano sin duda sería hincha de Millonarios", dije. Juanita miró a Valentina y le dijo "Definitivamente sigue siendo el mismo". "No, ya le están dando duro los treinta", dijo Valentina. Juanita sonrió y me acarició la cabeza. Pidió una cerveza.


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EL PROFETA BOB MARLEY DANDOLE AL FUTBOL

"SI FUERA BOGOTANO SERIA HINCHA DE MILLONARIOS"


Nos quedamos en silencio y sonreimos. De nuevo estábamos los tres. Volvimos a un tema mil veces tratado: el dinero. No se porque siempre hablamos de lo mismo, siempre volvemos al mismo punto: como hacer lo que nos dé la gana sin un peso.

Nos hicimos amigos precisamente por eso, por una apuesta: a ver hasta donde podíamos viajar con poco dinero, con muy poco dinero. Por aquellos tiempos, siete años antes, yo era un avezado viajero de carretera, conocía muy bien las técnicas para echar dedo pero no había llegado tan lejos gracias a ese sistema, mi mayor proeza era haber hecho el trayecto San Agustín-Bogotá, en tres días.

Todo empezó en medio de una rumba a la que me había invitado Valentina. 

La fiesta estaba aburrida, el dueño de la casa me miraba mal y yo no quería tomar trago. Salimos a prendernos un baretico y Juanita nos acompañó. Cuando ellas dos se juntaban eran las mujeres mas poderosas del mundo. Les gustaba retar a cualquiera. Juanita, aburrida, se quejaba de que las fiestas de la burguesía eran el desfile y la exhibición de la vanidad y la estupidez humana. Valentina la secundaba en sus críticas. Yo, que ya empezaba a cultivar ese descreimiento que aumenta en mí cada día, les dije que ellas me parecían tan burguesas como los que estaban adentro. "¿Y usted no lo es?", me preguntaron, molestas. "No, yo soy un cínico", ellas sabían que yo le caía mal al dueño de la fiesta, que me consideraba un tipejo, por fumar marihuana. "Yo vine porque me invitaste Valentina". Les hice un recuento de mis proezas anti-burguesas, acciones estúpidas de las cuales en el pasado me sentí orgulloso, pues como cualquier ser humano, también fui imbécil en mi juventud, y como muchos de mi generación hoy en día rozo y casi hasta convivo con el estilo de vida burgués. Pero en esa época era joven, tenía 24 años, vivía obsesionado con la música rebelde de Bob Marley y creía que podría tener el mundo a mis pies.

El bareto las dejó locas. 

Volvimos a la fiesta, que seguía mas aburrida que antes. Les propuse el primer reto: a ver hagamos algo para despertar a esta gente. Valentina y Juanita se miraron. "¿Que se te ocurre?". Les propuse algo que ya había hecho antes y por lo cual me habían sacado de otra fiesta. "Besémonos los tres", les dije. Valentina y Juanita se miraron, serias. Pensé que no iban a ser capaces, no reunían el perfil: dos lindas estudiantes de derecho de la Javeriana metidas con un ingeniero de la Nacho. Para sopresa mía, las dos sonrieron. "¿Quien empieza?", dijo Juanita. "Ustedes dos", les respondí, "eso causa mas impacto, luego me besa Valentina, luego me besa Juanita y por último nos besamos los tres, con lengua, por supuesto". Y así fue. Media hora despues estábamos fuera de la fiesta, echados por la mamá del que la organizaba. Ellas cagadas de la risa.

Las llevé al bar que frecuentaba como un enfermizo: Congo. 

Pedí la canción que encendía mi espíritu por aquellos días: "Them belly full" de Bob Marley. Les hablé de esa composición del Profeta, que habla de levantarse contra los que se llenan la panza con el dinero del pueblo mentras la gente aguanta hambre. Les hablé de la primera época de Bob Marley, cuando incitaba a los jamaiquinos (isla de mayoría negra gobernada por blancos) a levantarse, a luchar por sus derechos, al desorden, a saquear y a incendiar. Ellas conocían poco de las canciones rebeldes del Profeta y quedaron encantadas. Aqui se las pongo, para que la escuchen y enciendan su cabeza:



THEM BELLY FULL

BOB MARLEY


Les propuse el siguiente reto: a ver que tan guerreras eran, a ver hasta donde podían llegar, hasta dónde se podían liberar del dinero y el bienestar. 

"Vayámonos, echando dedo, a conocer Macondo, a Aracataca, a ver el río de piedras blancas como huevos prehistóricos", les dije. En el fondo sabía que la cosa no podría salir mal ya que la forma mas fácil de asegurar el éxito cuando se viaja echando dedo es ir con una o dos niñas, si son lindas mejor, porque los camioneros jamás les dicen que no. Ellas aceptaron. Brindamos esa noche por el furuto aventurero que nos esperaba.

Y lo hicimos. Nos fuimos de viaje en esas vacaciones. Lo que era un viaje incipiente de algunos días terminó siendo una travesía de mas de un mes en la que recorrimos muchos lugares de la hermosa costa caribe de Colombia.

Ahora, en ese agosto del 2004, en esa tienda de la Candelaria brindábamos por ese recuerdo. Hacía frío. Entraba un viento helado. "Cómo pasa el tiempo, dijo Juanita". "Esto merece un brindis con algo mas fuerte, con un guaro", les dije. Extrañaba mucho el aguardiente, extrañaba tomarme un aguardiente en Bogotá. "¿Que dicen?", dijo Valentina, que miró con un gesto de desagrado. "Una mediecita, para el frío", le dije, sonriendo. "Si, tomemos aguardiente", dijo Juanita. "Recuerde Juana que a usted el aguardiente la patea". "Ah, que va", dijo Juanita. "Bueno, no olvide que se lo advertí".

Pedimos media de guaro. Serví el primer trago y brindamos por esta vida aventurera.


(Continúa en: Bienvenida en La Candelaria IV)